Cuando el poeta crea en soledad
y mira ese barrunto opaco de la tarde,
su crepúsculo mismo
—boceto en ocres de derrota y lejanía—,
bloquea sus ventanas, bien herméticas,
para sufrir la noche que lo tumba de bruces,
lo acosa, lo lastima y lo conduce
hasta el frío portón de la alborada.
A la mañana,
camina hacia el empleo
con posta y con reserva de caballos;
y aun así, lo vence la fatiga,
la ilusión encrespada;
y entonces sueña vomitar algunas piedras,
para cambiar de hombre
y no ya de caballo.
miércoles, 20 de octubre de 2021
El viaje hacia la meta
¿De qué modo llegaste hasta esta posta,
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
martes, 19 de octubre de 2021
Morir todos los días
Es posible morir en este cuarto,
oculto el cielo en la costumbre,y oculta la vigilia
en la feroz oscuridad.
Morir cuando la sombra,
golpeando los sueños, los deshace,
los desangra,
para beberse sus esquirlas estalladas.
Cuando grita la voz
en sus vocablos más sonoros,
porque no finge ya el silencio
el nudo en la garganta.
Cuando los labios besan solo carne,
y la carne enrojece
de angustia inmaculada
en la boca anhelante.
Es posible morir todos los días
para beberse sus esquirlas estalladas.
Cuando grita la voz
en sus vocablos más sonoros,
porque no finge ya el silencio
el nudo en la garganta.
Cuando los labios besan solo carne,
y la carne enrojece
de angustia inmaculada
en la boca anhelante.
Es posible morir todos los días
en negra soledad,
por el hábito del naufragio
en el mar de la noche.
por el hábito del naufragio
en el mar de la noche.
domingo, 17 de octubre de 2021
Kavafis
Bebiste de la vida
sus líquidos amargos,
y dioses confundidos
despreciaron tus
besos.
Fiel mensajero de añoranzas,
buscando la belleza
en los tugurios,
en las antiguas
grecias
y en el amor
prohibido.
Ante el pórtico del
parnaso
no bajaban el puente
levadizo
sobre el canal de
hambrientas alimañas.
Fuegos de aceite recibías
desde las altas
torres.
Brujas con lenguas
afiladas
reían e intrigaban
entre dientes
sobre tu frágil apariencia.
Llovías abandono
en las tabernas;
y el mundo celebraba,
como paloma de
trágica caída,
que triste soledad te
amaneciera.
Hoy vuelas por los
aires de los siglos
con tu corazón griego,
fuerte y libre,
de taberna en taberna celestiales,
dichoso, como una muchacha
bailando un vals.
sábado, 16 de octubre de 2021
Poetas que me habitan
Cada poeta que amanezco
encarnizadamente me destruye, rehusando las imágenes logradas.
Las superpone, las permuta, las retoca
o les arranca sus colores que dice deslucidos,
y emergen mariposas del gusano.
Cada día el inédito poeta
amanece sin requerir a ningún dios
la identificación de lo inexacto.
viernes, 15 de octubre de 2021
Vasos comunicantes
A Roxane Aristy
Amo la hondura
de las verdades que revelas
en cada cláusula de tu abstracción,
en cada pensamiento que escarba el resoplar de mi toro,
en cada estrella que inventas boca arriba sobre la hierba.
Navegas el mar del lenguaje
como un tiburón en búsqueda de plactons,
como el marino que nació
en el barco de pesca de su abuelo,
como un alcatraz sincronizado para clavarse en el mar.
Y me excita apropiarme de tus versos de playa desierta,
de tu poema de rosa amanecida en la lluvia suave,
de tus esplendorosas luciérnagas
que alumbran el camino hacia mis ansias de crear.
jueves, 14 de octubre de 2021
Ensamble de las noches que parecen ser eternas
El ala del recuerdo se desplaza
sobre el aire caliente de la noche,
y lagrimean infinitos cantos
bajo las estrellas de aquellas madrugadas.
Siempre seremos jóvenes gracias a los recuerdos,
jóvenes pintarrajeados de rostros con arrugas,
de miradas perdidas en cuerpos femeninos,
de piernas pálidas.
Esto siempre será de esta manera,
pues no se cansan de enunciar los días
su proclama ardorosa con la eternidad,
su proclama de prescindencia
de tu debilitado músculo.
Hienas, buitres, caimanes, carniceros
rabiosos e insolentes,
encandilados por la carne,
arquetipos del diablo siempre visto,
bestias que razonan con diapasón,
todos se acercan a besar tu paso, tu despaso,
para acechar tu arrastre por la postrera sombra,
bajo los árboles de la resignación.
sobre el aire caliente de la noche,
y lagrimean infinitos cantos
bajo las estrellas de aquellas madrugadas.
Siempre seremos jóvenes gracias a los recuerdos,
jóvenes pintarrajeados de rostros con arrugas,
de miradas perdidas en cuerpos femeninos,
de piernas pálidas.
Esto siempre será de esta manera,
pues no se cansan de enunciar los días
su proclama ardorosa con la eternidad,
su proclama de prescindencia
de tu debilitado músculo.
Hienas, buitres, caimanes, carniceros
rabiosos e insolentes,
encandilados por la carne,
arquetipos del diablo siempre visto,
bestias que razonan con diapasón,
todos se acercan a besar tu paso, tu despaso,
para acechar tu arrastre por la postrera sombra,
bajo los árboles de la resignación.
domingo, 10 de octubre de 2021
Cuando la melancolía roe la pared del alma
Creo amarte bastante todavía,
aunque no puedo comprobarlo
en esta noche de indecisa luna,
hora larga que trae fatiga de los duendes,
punzantes colmillos de soledad,
una escena que crece con nostalgia,
y un corazón que ya no se estremece.
Veo que nuestra casa es un lugar
de conflictos, de incurias, todo el tiempo,
un dorado peldaño hacia el dolor
de los enamorados que no pierden la fe,
los que adoran a Dios en vano.
Creo que nuestra casa es un altar
donde luce la eucaristía de la sátira.
Un lugar donde ya no encuentro mi lugar.
Me hallo a gran distancia del puerto de partida,
y te sigo sonriendo como un tonto soldado
yéndose a morir en la guerra. Nada dices
de esas mañanas bellas
que tu pasión embalsamaba;
y nada repercute ya en mi canto:
ni siquiera los viejos pergaminos,
la pirámide fría en la intemperie,
los pájaros que enfilan
huyendo de este frío de mi alma.
Me hallo a mil años luz
de un beso tuyo como antes.
aunque no puedo comprobarlo
en esta noche de indecisa luna,
hora larga que trae fatiga de los duendes,
punzantes colmillos de soledad,
una escena que crece con nostalgia,
y un corazón que ya no se estremece.
Veo que nuestra casa es un lugar
de conflictos, de incurias, todo el tiempo,
un dorado peldaño hacia el dolor
de los enamorados que no pierden la fe,
los que adoran a Dios en vano.
Creo que nuestra casa es un altar
donde luce la eucaristía de la sátira.
Un lugar donde ya no encuentro mi lugar.
Me hallo a gran distancia del puerto de partida,
y te sigo sonriendo como un tonto soldado
yéndose a morir en la guerra. Nada dices
de esas mañanas bellas
que tu pasión embalsamaba;
y nada repercute ya en mi canto:
ni siquiera los viejos pergaminos,
la pirámide fría en la intemperie,
los pájaros que enfilan
huyendo de este frío de mi alma.
Me hallo a mil años luz
de un beso tuyo como antes.
viernes, 8 de octubre de 2021
Carta a mi hermano muerto
Irrevocablemente, sin apuros,
nos encontraremos unidos,
y seré yo quien te siga con toda
mi inexperiencia de cadáver,
de fantasma que lucha
por sus reliquias familiares,
inseguro de la inmortalidad,
pero dejando ya este cuerpo vano,
esta lengua callada en el instante,
este retrato de vampiro en el espejo,
jugando con el alma en la derrota,
llamando a gritos a lo que no responde.
Detrás de la existencia ya no existe la luna
ni este planeta. Solo seremos tú y yo
con nuestros viejos pergaminos
trazando las estelas,
defendiéndonos del silencio.
Cantando llegaré, te enseñaré a cantar,
sin errores en los compases,
con mi último rostro de estar vivo,
para que entiendas que no has perdido mucho
por morirte temprano,
que las flores son siempre flores,
y nada portentoso ha sucedido
desde tu ausencia:
siempre la misma forma de matarnos,
la misma manera de herirnos,
de emborracharnos,
de entender la razón de lo imposible.
Seremos dos hermanos
que recorren las viñas de los duendes,
un libre pasaje abrazados en la sombra
en surco de infinito,
dos hermanos que ya no existen
en la cotidianeidad de la luz,
en la espontaneidad de los volcanes,
donde tú ya no existes
en el pantalón corto azul y la camisa a cuadros,
y yo en este desnudo esfuerzo de mis sílabas.
Dos hermanos en pena con el adiós eterno,
aunque ya libres de nostalgias para siempre.
nos encontraremos unidos,
y seré yo quien te siga con toda
mi inexperiencia de cadáver,
de fantasma que lucha
por sus reliquias familiares,
inseguro de la inmortalidad,
pero dejando ya este cuerpo vano,
esta lengua callada en el instante,
este retrato de vampiro en el espejo,
jugando con el alma en la derrota,
llamando a gritos a lo que no responde.
Detrás de la existencia ya no existe la luna
ni este planeta. Solo seremos tú y yo
con nuestros viejos pergaminos
trazando las estelas,
defendiéndonos del silencio.
Cantando llegaré, te enseñaré a cantar,
sin errores en los compases,
con mi último rostro de estar vivo,
para que entiendas que no has perdido mucho
por morirte temprano,
que las flores son siempre flores,
y nada portentoso ha sucedido
desde tu ausencia:
siempre la misma forma de matarnos,
la misma manera de herirnos,
de emborracharnos,
de entender la razón de lo imposible.
Seremos dos hermanos
que recorren las viñas de los duendes,
un libre pasaje abrazados en la sombra
en surco de infinito,
dos hermanos que ya no existen
en la cotidianeidad de la luz,
en la espontaneidad de los volcanes,
donde tú ya no existes
en el pantalón corto azul y la camisa a cuadros,
y yo en este desnudo esfuerzo de mis sílabas.
Dos hermanos en pena con el adiós eterno,
aunque ya libres de nostalgias para siempre.
No te pido la casualidad de la esperanza
La vida es el vitral de la muda clepsidra,
una cumbre sin aire sobre el amor rendido,
es la visión del cielo en su conjura.
La vida es un laberinto en llamas,
la piel de los volcanes; y el destino,
la promesa de llagas, de huida a tiempo
donde no pueda ya incendiarnos.
Nos queda el mutuo desconsuelo,
y el adiós lacerándonos el alma.
Reclamo el último desierto de tu fe,
sin espejismos de la dicha,
aunque turbias las aguas del oasis,
aunque arenas quemantes el camino.
No pido lluvias
ni la casualidad de la esperanza,
sólo el pulso velado de tu brío,
y saber si percibes mis facciones —o el cenotafio—
para el día de mi muerte.
Yo también he retorcido el cuello del cisne
Detrás de mí, los cisnes, cuyos cuellos he retorcido,
sobre las aceras abandonadas
que guardan intactos mis primeros devaneos,
cantan hoy con cierta desenvoltura:
sonetos de todo tipo: académicos, blancos, polimétricos;
silvas, pareados, versos libres sin límites de tonos,
versículos, y poemas multimétricos (como el aquí expuesto).
Me acompaña el joven vecino que sitúa su existencia
en el fondo del vaso de vino o de cerveza o de lo que sea,
un hombre libre de la vejez, de la decadencia del espíritu,
una voluntad desarreglada que nutre mis palomas
para darle una cierta susurrante emoción a mis oídos.
Siempre repite: «qué pasa que los tímidos no escriben,
no pintan sus psiquismos, no sacan el sarro de sus talentos,
y no buscan calafatear las grietas de sus barcas voladoras».
Me parece que tiene razón y que debo enmendar mi sueño;
¡sí, lo voy a hacer!, anoto, mientras apaleo el teclado rebelde
con las repeticiones de grillo dentro de mi caótico cerebro.
Cuando terminamos de batirnos
y se fue para siempre hasta sus cosas,
me tendí a componer cada noche. Y sentí el arrullo de los cisnes
que levantaban jugando sus cuellos retorcidos,
y supe cuánto triunfo valió haber echado algo de lucha
sobre la negligencia y el desorden y la inelegancia.
sobre las aceras abandonadas
que guardan intactos mis primeros devaneos,
cantan hoy con cierta desenvoltura:
sonetos de todo tipo: académicos, blancos, polimétricos;
silvas, pareados, versos libres sin límites de tonos,
versículos, y poemas multimétricos (como el aquí expuesto).
Me acompaña el joven vecino que sitúa su existencia
en el fondo del vaso de vino o de cerveza o de lo que sea,
un hombre libre de la vejez, de la decadencia del espíritu,
una voluntad desarreglada que nutre mis palomas
para darle una cierta susurrante emoción a mis oídos.
Siempre repite: «qué pasa que los tímidos no escriben,
no pintan sus psiquismos, no sacan el sarro de sus talentos,
y no buscan calafatear las grietas de sus barcas voladoras».
Me parece que tiene razón y que debo enmendar mi sueño;
¡sí, lo voy a hacer!, anoto, mientras apaleo el teclado rebelde
con las repeticiones de grillo dentro de mi caótico cerebro.
Cuando terminamos de batirnos
y se fue para siempre hasta sus cosas,
me tendí a componer cada noche. Y sentí el arrullo de los cisnes
que levantaban jugando sus cuellos retorcidos,
y supe cuánto triunfo valió haber echado algo de lucha
sobre la negligencia y el desorden y la inelegancia.
jueves, 7 de octubre de 2021
Solución existencial
Me encuentro sumergido
en esta inmensidad,
como si a mi sentir
la tierra no existiera,
flotando en el vacío,
sin tiempo ya y sin dogmas,
empotrado en murallas
allá en el infinito,
con luces de los astros,
muy solo navegando
en la prisión inmensa,
mirando con terror
la gran profundidad,
exhalando silencios
entre saltos y tumbos
dentro de la dinámica,
yendo a ninguna parte
en la infinita noche
con negros pensamientos,
preguntando: ¿a qué estoy,
por qué estoy sumergido
en esta soledad?
Como un hilo de plata,
el arroyo sereno
tendido está en la loma
espejando la estrella.
en esta inmensidad,
como si a mi sentir
la tierra no existiera,
flotando en el vacío,
sin tiempo ya y sin dogmas,
empotrado en murallas
allá en el infinito,
con luces de los astros,
muy solo navegando
en la prisión inmensa,
mirando con terror
la gran profundidad,
exhalando silencios
entre saltos y tumbos
dentro de la dinámica,
yendo a ninguna parte
en la infinita noche
con negros pensamientos,
preguntando: ¿a qué estoy,
por qué estoy sumergido
en esta soledad?
Como un hilo de plata,
el arroyo sereno
tendido está en la loma
espejando la estrella.
La cebolla
La cáscara primera es sucia.
Luego aparecen, como
sentimientos superpuestos,
otras capas más limpias,
y otras que se ven casi transparentes.
Lagrimeamos sin cesar,
y abocados al proceso, sentimos
la oscura sensación de hallar
algo valioso tras la última capa.
Sin embargo,
nada encontramos,
ninguna perla,
nada.
Su tesoro,
su substancia,
su elemento fundamental
está en su cáscara.
Incontables cebollas
Luego aparecen, como
sentimientos superpuestos,
otras capas más limpias,
y otras que se ven casi transparentes.
Lagrimeamos sin cesar,
y abocados al proceso, sentimos
la oscura sensación de hallar
algo valioso tras la última capa.
Sin embargo,
nada encontramos,
ninguna perla,
nada.
Su tesoro,
su substancia,
su elemento fundamental
está en su cáscara.
Incontables cebollas
existen en el mundo.
No perdamos el tiempo
en buscar en el núcleo.
en buscar en el núcleo.
miércoles, 6 de octubre de 2021
Hoy sin ti
Rastreo las verdades
que tú deseas ignorar
en esta noche
infructuosa, sin rumbo,
donde recuerdo con suplicio
las adorables armas
de tu tímida seducción.
Alborozo de las nocturnas irrupciones,
congoja de palabras que hoy escribo:
remembranzas, ardores, entusiasmos.
Si supieras las calles
vacías que pueblan mis atajos;
cuántos pueblos dormidos,
mis lúdicos insomnios.
Hoy sé que está agotado
el sol de tu sonrisa
y la esperanza
de beber en tu vientre
la lluvia que te inunde.
Hoy sé que el tiempo del rufián robándote
tristeza y soledad ha sido superado.
Ni siquiera me queda
algún reparo a gritos que reclamar.
que tú deseas ignorar
en esta noche
infructuosa, sin rumbo,
donde recuerdo con suplicio
las adorables armas
de tu tímida seducción.
Alborozo de las nocturnas irrupciones,
congoja de palabras que hoy escribo:
remembranzas, ardores, entusiasmos.
Si supieras las calles
vacías que pueblan mis atajos;
cuántos pueblos dormidos,
mis lúdicos insomnios.
Hoy sé que está agotado
el sol de tu sonrisa
y la esperanza
de beber en tu vientre
la lluvia que te inunde.
Hoy sé que el tiempo del rufián robándote
tristeza y soledad ha sido superado.
Ni siquiera me queda
algún reparo a gritos que reclamar.
Te pregunto
¿Qué hiciste?
Paraste los relojes,
no dejas de apenar al perro que te espera,
enmudeciste la guitarra,
y los pájaros dan círculos mudos en el aire.
Uso ojeras debajo de tus almohadas,
me visto días con la misma ropa,
me doy faenas en mis horas de descanso,
y sigo tus programas de televisión.
¿No fuiste acaso mi domingo entero,
mi inmediación nocturna,
mi futuro inmutable,
mi corazón en paz?
martes, 5 de octubre de 2021
Cráneo 5
Algo inmemorial sé de ti
porque de tus cenizas soy un fénix, y hechos están mis huesos
de tu asombro,
de tu angustia,
de la risa y el llanto que inventaste,
de los conjuros de tus dioses
que siempre te han horrorizado.
Has creado la incógnita
de la vida en la tierra,
la divina estructura de los cielos,
la alegoría de los astros
con sus signos de vida y muerte y vida.
Has creado el pavor a los relámpagos.
En qué escondrijo de mi espíritu
no descansa tu amor por mí,
con su abrazo interminable en el tiempo,
con su misterio de alfas y omegas,
con su anhelo incesante de existir.
Buscándote
me busco en las cavernas
más allá de la piedra, el fuego, el frío,
más allá de neandertales y cromañones,
sonámbulo de las planicies,
impune violador de los vírgenes bosques,
señor de los crepúsculos intensos,
esclavo de los cataclismos,
triturador de carne cruda,
semental incansable. . .
Buscándote
me busco en la intemperie,
en la larga penuria en las escarchas.
Tras el cristal de mi memoria hermética
un cazador tozudo acecha
con su anhelo incesante de existirme.
domingo, 3 de octubre de 2021
Suprema conciencia
Aquellos muros martirizadores,
aparentemente insalvables en su época,
se encuentran hoy desmoronados;
y mi espíritu, libre en la vagancia,
recorre los lugares discurridos.
Redescubrir las frondas olvidadas
y caminar las huellas del ultraje,
siendo factible ahora
curiosear en cualesquiera
de los oscuros matorrales
que antes llamaban mi atención.
Hoy me atrevo a cazar
Indiferente a los magníficos señuelos,
preservando riquezas del entorno,
y por siempre siervo de la leyes
de los humanos albedríos.
De nuevo inmerso en anchuroso mundo,
puedo disfrutar de la lluvia dócil,
de la noche en larga vigilia,
del invierno sin nieve tras el ventanal,
y extraer de estos éxtasis pequeños
los afeites, las pócimas, los bálsamos,
para paliar los azotes de aquella tiranía.
viernes, 1 de octubre de 2021
Silencio del día y de la noche
Una cadena de silencios
brota y explota durante el día;
y por las noches,
los genuinos, los implacables,
los oscuros, los fríos,
suben por la terraza de tu casa,
como brutales gatos que se deslizan
buscando huecos
por donde penetrar hasta la carne;
y tú, como un soldado noble, te levantas,
respetando las reglas todos los días,
para sufrir la destrucción de la contienda
necesaria para el pequeño
avance a la victoria
que, ciertamente, sostiene la ilusión.
jueves, 30 de septiembre de 2021
Esta ciudad siempre fue nuestra
Hermosa en tu lujuria,
y tus pasos de eróticos tacones
y tu sonrisa pálida
y tu forma de echarte entre mis brazos,
ahora me devuelven tus ardores
en las calles oscuras y vacías.
Has regresado hoy a mí,
a mi memoria que esconde tus caricias,
historias de alboradas latiendo entre tus senos,
una canción testigo de múltiples orgasmos,
una mirada presagio de diluvio.
La soledad tendida en el recuerdo
deja su resplandor monótono,
y duerme con sus ropas de faena,
y mi cuerpo comprende el lenguaje de brillos
así como el silencio de tus ojos.
Mi cuerpo quiere ser de madrugada.
Cada vez más intensa,
como una explosión de luciérnagas felices,
entre el cielo abierto de par en par a tu ventana,
la ciudad abandona su rutina.
Sobre la sábana rugosa,
donde la noche aguarda
que te desnudes
y que estalle la luna en los cristales,
reconstruyo con tacto, piel y besos mi reino en ruina.
y tus pasos de eróticos tacones
y tu sonrisa pálida
y tu forma de echarte entre mis brazos,
ahora me devuelven tus ardores
en las calles oscuras y vacías.
Has regresado hoy a mí,
a mi memoria que esconde tus caricias,
historias de alboradas latiendo entre tus senos,
una canción testigo de múltiples orgasmos,
una mirada presagio de diluvio.
La soledad tendida en el recuerdo
deja su resplandor monótono,
y duerme con sus ropas de faena,
y mi cuerpo comprende el lenguaje de brillos
así como el silencio de tus ojos.
Mi cuerpo quiere ser de madrugada.
Cada vez más intensa,
como una explosión de luciérnagas felices,
entre el cielo abierto de par en par a tu ventana,
la ciudad abandona su rutina.
Sobre la sábana rugosa,
donde la noche aguarda
que te desnudes
y que estalle la luna en los cristales,
reconstruyo con tacto, piel y besos mi reino en ruina.
martes, 28 de septiembre de 2021
La parte que me pesa más de ti
En mis brazos y en algunas canciones retenidas
pesa tu mundo, su fatiga.
A veces quiero percibirme adiós, librarme en la ceguera
de un desierto, en la muda emanación de piedra.
Yo creí en los jamases daños,
la casa donde haríamos el aire,
el sonido de lluvia. Creí en los promontorios
donde enterraste el tiempo
para nacer cada mañana a mi costado.
La parte que me pesa más de ti
—la fatigada parte—
es ese ir-venir por la vida buscándote,
temiendo hallarte
yendo-viniendo por las noches huyéndome.
pesa tu mundo, su fatiga.
A veces quiero percibirme adiós, librarme en la ceguera
de un desierto, en la muda emanación de piedra.
Yo creí en los jamases daños,
la casa donde haríamos el aire,
el sonido de lluvia. Creí en los promontorios
donde enterraste el tiempo
para nacer cada mañana a mi costado.
La parte que me pesa más de ti
—la fatigada parte—
es ese ir-venir por la vida buscándote,
temiendo hallarte
yendo-viniendo por las noches huyéndome.
lunes, 27 de septiembre de 2021
El baile imposible
Luego de un baño confortante, con agua fría,
de afeitarme sonriente frente al espejo,
con mi salud perfecta y mi juventud plena,
me gustaría salir este sábado de noche
a buscar un lugar donde la gente esté bailando,
una pista de baile donde vea moverse con soltura
a las bellas mujeres con sus ropas ceñidas,
con polleras y blusas, con pantalones pescador,
con soleras de faldas amplias, y escotadas,
todas bailando al ritmo juguetón
de Rivers of Babylon.
Cuánto quisiera caminar por los extremos de la pista
buscando a la muchacha que deseare bailar conmigo,
encontrarla gracias a la ansiedad de su mirada,
y sacarla tomándola ya de la mano, viéndola sonreír,
contenta de participar ella también del alborozo,
agradecida de mi compañía, tal vez dispuesta
a imaginarme como novio y quizás más tarde a dejarse besar.
Pero todo esto me resulta ya imposible.
Solo puedo seguir acostado en mi vieja cama,
escribiendo en mi computadora portátil.
de afeitarme sonriente frente al espejo,
con mi salud perfecta y mi juventud plena,
me gustaría salir este sábado de noche
a buscar un lugar donde la gente esté bailando,
una pista de baile donde vea moverse con soltura
a las bellas mujeres con sus ropas ceñidas,
con polleras y blusas, con pantalones pescador,
con soleras de faldas amplias, y escotadas,
todas bailando al ritmo juguetón
de Rivers of Babylon.
Cuánto quisiera caminar por los extremos de la pista
buscando a la muchacha que deseare bailar conmigo,
encontrarla gracias a la ansiedad de su mirada,
y sacarla tomándola ya de la mano, viéndola sonreír,
contenta de participar ella también del alborozo,
agradecida de mi compañía, tal vez dispuesta
a imaginarme como novio y quizás más tarde a dejarse besar.
Pero todo esto me resulta ya imposible.
Solo puedo seguir acostado en mi vieja cama,
escribiendo en mi computadora portátil.
domingo, 26 de septiembre de 2021
La noche se desnuda ante mi alcance
sus timbres en el eco del barullo.
Es hora de cosecha de los dioses,
hora de saciedad celeste.
Ni el llanto ni la risa
ni la razón ni los instintos
logran besar el cuello de la luna, aunque
la noche se desnuda ante mi alcance.
La casa está sin luz. El cuarto,
en corro de sigilos.
El perro duerme en todos los rincones.
El guante de las cosas
cubre mis manos desgarradas
por miedo a desangrarse en la apatía.
La noche, en vano.
sábado, 25 de septiembre de 2021
Amor de carne y hueso
Entonces el verano estaba en la espiral de nuestras risas;
y eran los bosques de tus labios, para mi alma migrante,
nidos que pretendían reponer las aves
traviesas de mi juventud.
Me sentía seguro al caminar la cuerda floja,
de vencer el trapecio de la muerte, de herir mi soledad,
trasponiendo los vértigos
donde luchaba por vencer mi hombría inútil.
Hace años que cae mi mirada
sobre tu pecho, sobre tus piernas rectas,
sobre tu manera de caminar
que alborota el supermercado.
Pero recién ahora veo
mis convicciones que nacieron
del oculto misterio
de una pasión de sangre de incandescente carne y hueso.
y eran los bosques de tus labios, para mi alma migrante,
nidos que pretendían reponer las aves
traviesas de mi juventud.
Me sentía seguro al caminar la cuerda floja,
de vencer el trapecio de la muerte, de herir mi soledad,
trasponiendo los vértigos
donde luchaba por vencer mi hombría inútil.
Hace años que cae mi mirada
sobre tu pecho, sobre tus piernas rectas,
sobre tu manera de caminar
que alborota el supermercado.
Pero recién ahora veo
mis convicciones que nacieron
del oculto misterio
de una pasión de sangre de incandescente carne y hueso.
viernes, 17 de septiembre de 2021
Nuestras cadenas
No te pido que arrastres conmigo mis cadenas,
ni te ruego ayuda para estibarlas.
¿Qué ganaría yo, ocioso y saludable,
andando sin esfuerzo por las sendas del alma?
¿Y qué serías tú si yo recompensase
tamaña cortesía cargando tus cadenas?
Marchemos juntos, si así lo deseas,
hombro a hombro, secándonos nuestros sudores,
sin súplicas, hollando las angustias,
cayendo y levantándonos sin lágrimas,
al paso de las fieras pesadillas,
al ritmo de la luna silenciosa,
a veces abatidos,
a veces riendo en el repliegue.
Cantando la canción de los utópicos,
conservando la piel acechante del tigre,
empapados de lluvia fría,
como en aquella tempestad violenta
que nos dejó calados
sin dioses en la gruta compartida.
Discretamente encadenados
amémonos en este vasto mundo.
jueves, 16 de septiembre de 2021
Ella está cantando en la cocina
Solos en la cocina,
ella entre platos y cubiertos y detergente;
yo, con mi fiel corazón preguntándose:
¿cuándo descansará?
Su delantal celeste,
su perpetua sonrisa, su cabello rebelde,
y el labial rojo inmaculado
aún del trabajo, ¡qué bella imagen!
Yo no sé, pero la oigo,
al recuerdo de nuestra convivencia,
tararear nuestra vieja balada
ella entre platos y cubiertos y detergente;
yo, con mi fiel corazón preguntándose:
¿cuándo descansará?
Su delantal celeste,
su perpetua sonrisa, su cabello rebelde,
y el labial rojo inmaculado
aún del trabajo, ¡qué bella imagen!
Yo no sé, pero la oigo,
al recuerdo de nuestra convivencia,
tararear nuestra vieja balada
de los primeros meses de pasión.
Creo percibir en el arco iris de su canto
el instante absoluto, la intensa realidad,
colores vivos de nuestra historia
Creo percibir en el arco iris de su canto
el instante absoluto, la intensa realidad,
colores vivos de nuestra historia
que me empujan a versear:
«quiero encerrarla eternamente
en algunas palabras donde somos
sencillamente de verdad».
«quiero encerrarla eternamente
en algunas palabras donde somos
sencillamente de verdad».
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