martes, 28 de julio de 2015

En este otoño que creo amarte todavía





En este otoño, que creo amarte todavía,
te obsequio esta canción desventurada
y el próximo paisaje de la lluvia.

Te obsequio mi caricia que desea
conmover nuestros géneros,
hacerle compañía a los clamores húmedos de las ranas,
al roce lujurioso de los lirios, a los olores apiñados de la aurora.

Te obsequio mi recuerdo persistente sobre tu antigua entrega,
sobre la estatua sonriente y satisfecha
que erigiste en aquella penumbra de la tarde,
sobre esta atmósfera en ruina hacia el invierno.

De todo lo que parte hacia el destino y nos hace sufrir
nada más compasivo que la noche,
nada tan tenue, tan invencible,
nada como su ofrenda de astros.

Mírala, cómo se parece a un espectáculo de fuegos
artificiales que agonizan lentamente;
cómo, a una lluvia de nostalgias sin refugios
que nos empapa a ambos minuciosa y distante.

Para siempre tendrás esas noches conmigo,
esas lluvias que te han besado toda,que te han bañado de manos,
que seguirán cayendo hasta en mi ausencia
con su periódico te quiero.


domingo, 26 de julio de 2015

Derivaciones de una mala noche


Esta melancolía, estas enormes piedras
que me crecieron como jorobas en la noche,
que cargo a duras penas sobre mi hombre,
desde donde el aplastamiento 
desciende y destroza mis ímpetus,
haciendo de este día un día inapreciable,
demacrado y con mucha carencia de frutos,

que arroja mi entusiasmo 
por las alcantarillas de la imaginación,
y reduce aún más mi fragmentado palpitar
en la médula del agotamiento.

Esta languidez de mi soledad,
que hoy es una lombriz trozo de mi destino,
que pervive en la oscuridad de mis entrañas,
parásita prendida a la pared de mi conciencia. . . ,

no chupa sin embargo mi esperanza
de morir por exceso de éxtasis y sangre.


viernes, 17 de julio de 2015

Federico García Lorca




I.- Al poeta en su gloria eterna

Esta noche, alma en pena,
aúllas con el aullido
de las balas asesinas,
sin mortaja y sin destino.

Regresas de los celestes
aposentos del olimpo,
como pluma desprendida
de pájaros peregrinos.

Al frío de la intemperie
y a la luna de testigo,
para cantar tus endechas
como un gitano legítimo.

En tus pérgolas morunas,
es culpa de aquel martirio
que los jazmines se duerman
eternos como el olvido.

Ah, poeta de los valles,
verdes valles granadinos:
es tu sudario la gloria
por los siglos de los siglos.



II.- A España en su eterna infamia

Pero..., ¿qué has hecho, España, con tu estirpe,
en noche de mayor melancolía,
de cantes jondos tristes, de poesía,
clavando sin piedad su corazón?

¿Cómo has hecho? y ¡cuán rápido lo hiciste!
La musa hacía rato que lloraba
sobre el cuerpo arrojado que sangraba
con la boca entreabierta en roja flor.

En qué descuido, España, te perdiste.
Las bestias embistieron los poblados,
destruyeron los códices sagrados,
desprovistos de humana compasión.

Hondas señales truncas para siempre.
Sones de viejos patios de Granada,
donde una voz exhuma emocionada
romances de pasión y eternidad.

Andalucía sufre con el mundo,
¡ay!, madre negligente, haber perdido
al hidalgo poeta, al investido,
al único aristócrata español.