domingo, 29 de enero de 2017

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Chofer de un autobús destartalado

Él nunca le pondrá cadencia
a su marcha en el ruido de la calle.
Día a día practica la liturgia
del caos, de los tumbos, de la exacerbación,
dentro de su pequeña libertad.

jueves, 19 de enero de 2017

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La calle de mi niño

El niño
se desplaza por una calle rutinaria.
El ladrido de perros tras las verjas,
por suerte, no interrumpen
la placidez de su paseo.

Camina como si nunca
fuese a conocer las calles oscuras,
las calles implacables
infestadas de prostitutas y borrachos,
las calles mías.

La risa pelirroja también se encuentra ahí,
a media cuadra de la bocacalle,
sobre la misma calle,
para insistir
en la coloración de los sucesos.

No intuye el niño que la calle
dejará de ser suya para ser sólo mía;
no sabe que las cosas
fijas en sus lugares: el asfalto,
los cables atestados, las verjas
y los perros ladrando exactamente igual,
las iría grabando 
irrevocablemente
en mi memoria, 
paseo tras paseo.


domingo, 8 de enero de 2017

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Hundidos en la noche 


Un viento inoportuno ha apagado la tea
dejando a oscuras el camino.

Aunque acogidos en la noche repentina,
el mal presagio que despierta con la sombra
cierne amenaza de maldad sobre nosotros.

—¡Una cueva! Busquemos una gruta,
el regazo de las piedras.

—¿Una cueva en las sombras? ¿Otra noche
en medio de la noche? ¡No!

—¡Las ramas de algún árbol! El susurro
de sus hojas espantará nuestro temor.

—Siempre se filtra el hambre entre sus ramas
donde acechan los pájaros carnívoros.
¡Definitivamente, no!

—¡Por Dios! Entonces, ¿qué sugieres?

—Que esperemos el alba, aquí, sin movernos,
soportando el temblor hasta que llegue,
victoriosos del miedo y de la sombra.