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sábado, 25 de mayo de 2024

Romance de la luna en mis ojos

Enredada en el silencio
de la noche adormecida,
pena mi visión estéril
en la inquietante vigilia.

Escudo que siempre alumbra
con desolada caricia, 
la luna cae en la sombra
con redonda melodía.

En la noche de cerrojos
y de un dios que recrimina,
me revela el parpadeo
de su mirada tranquila. 

Ya renuncié a la esperanza 
en la tierra prometida.
Triste llora mi guitarra 
en el ocaso del día.

Allá en los campos alumbra 
los trigos que se acarician,
mientras los vientos se ondulan
para peinar las espigas.

La luna hiere mis ojos
con su mirada infinita.
Girando eterna retorna
para dolerme la vida.

domingo, 16 de octubre de 2022

Oda a la poesía

Oh, aromas de las brisas de los versos,
que en largas noches cálidas de estío,
con leves soplos llegan susurrando,
cuando el cuerpo rendido
siente el grosero acoso
de insectos agresivos
de los hostiles climas.

Fugaces paroxismos
y vivaces relámpagos que encienden
la honda oscuridad del infinito;
y en búsqueda obstinada,
con cánticos divinos
acrecen la esperanza,
cuando en el cielo los adversos signos
de la órbita abismal raudas escapan.

Ay, silencios y gritos,
que en largas soledades
desmayan doloridos
en infames tormentos,
en pérfidos martirios;
y atizan el quebranto
eterno allá en los limbos,
saturando de nieblas
vitales pasadizos
del alma que atesora eternidad.

Las musas con sus liras y sus bríos
pregonan la victoria,
aplauden la dación y el sacrificio,
y auguran la derrota contundente
sobre el caos del corazón sufrido.

Los versos son las armas,
las lanzas, los martillos,
el hierro artesanal
que crea los resquicios
a dioses y demonios;
y llega hasta los cirios
de ínclitos altares,
allí donde el camino
se promete anhelado y transitable.

Oh, espíritu encendido.
Oh, garfios poderosos
de metálicos trinos,
que arrancan los estratos putrefactos
de pechos corrompidos
de cansados poetas,
y dejan peregrinos
los viejos corazones
que se hallaban cautivos.

Oh, fuerza adormecida:
crisol de lo vivido,
energía y vigor
que en acordes amigos
regalan a los días
los misterios y símbolos,
la luz de las estrellas,
los célebres vestigios,
el canto de las aves,
los dones narrativos,
la efímera belleza de las flores
que en métrica y rocío
nos libran de las nubes tormentosas,
y expone ante los ojos con sus signos,
en grata compañía de los dioses,
el límpido cristal de los olimpos.

viernes, 19 de agosto de 2022

Esclavo y liberto

Claro que puedo yo
cortarte las cadenas
y lavarte las llagas
provocadas por ellas.

Pero ha brotado en mí
una duda temprana
en cuanto a la actitud
de tu persona esclava:

¿acaso no estaré
buscando liberar
a quien en el futuro
me querrá encadenar?

domingo, 3 de abril de 2016

Frío





¿Frío? Sí, mucho frío,
poeta, en las entrañas.

La arrogancia de antaño
su brío derrochaba;
hoy, aludes humildes
la tienen sepultada.

Los gestos se han rendido
en la sonrisa muerta,
acalambrados, duros,
en congelada mueca.

Como frutos carnales
maduran en el hielo,
la languidez del alma,
la soledad, el miedo.

¿Frío? Sí, más que nunca,
poeta, compañero.

jueves, 17 de enero de 2013

En la mesa de naipes


Amistosamente están
dispuestos para alegrarse,
mas con ellos se instaló
frente a la mesa de naipes
un demonio que codicia
súbitas enemistades.
Trae una siniestra sed
de sangre, de amiga sangre,
porque la suerte celebre
su luctuoso desenlace.

Cuanto más amigos sean,
apetece el cuerpo exánime,
el festín de los leones,
de las hienas expectantes.
Y cuando el juego se embroma
y el corazón fuerte late,
resuenan las dentelladas
rítmicas e incontrolables.
¡No se ha visto jamás
un demonio más infame!

Cuando el amigo más débil
de espíritu, en el combate
no resigna su jactancia,
pierde apostura y empaque,
y renuncia a la amistad
ante las burlas constantes,
ante el sentirse ofendido
por sarcasmos detestables.
¡Fatal predestinación
hace su ingreso triunfante!

En la mesa, la embriaguez
el espíritu deshace
y arma el pérfido demonio
un gran tumulto en la calle.
Todo apunta a la sandez
de que una voz disonante
ha colmado la paciencia
con ironías infames.
¡Y amigablemente están
decididos a matarse!


viernes, 27 de febrero de 2009

Tiempo exacto del amor carnal



Rodaron por tus laderas
los empeños del instinto,
pero negaba la luna
su claridad al camino;
y ese súbito recato
ante el deseo prendido,
nos redimió de un encuentro
brusco, carnal y vacío.

Si hubiesen iluminado
las estrellas, tras los vidrios,
más allá tus ropas íntimas
y aquí tu cuerpo cetrino,
arrepentida y callada,
después de muerto el hechizo,
te estarías preguntando:
"Y en el amor, ¿cuándo vivo?"

Mientras yo recordaría
de las flores, que los ciclos
saben del momento exacto
en que llaman los pistilos.
Por ello, cual mariposa
con aleteos pasivos
soñaré mientras espero
la explosión de tu libido.



lunes, 30 de junio de 2008

Romance de la noche de luna



Era una noche de luna
en la casa solariega.
La brisa rozaba el cuerpo
de la tendida doncella,
sobre desnudos contornos
evocando una gacela,
entre el aroma de lirios
de la ardiente primavera,
mientras la luz irrumpía
sobre las sábanas, lenta.

El mocetón que dormía
a unos metros de la pieza,
en una hamaca de hilo
y bajo el manto de estrellas,
despierta por el cantar
de un pájaro que gorjea;
y al ver la danza del mundo
girar en viril cadencia,
con lascivo atrevimiento
a la ventana se acerca.

Con cautela y mucho miedo
en la oscuridad observa,
y de a poco se acostumbran
sus ojos a la silueta.
La luna también miraba
aquella desnuda gema,
que al moverse a cada tanto
hacía estallar las venas,
pues daba vida a la diosa
engañosamente muerta.

Era mármol que latía
aquella imagen argenta;
y al recibir con suspiros
el sí de la noche eterna,
su corazón se dilata,
su pensamiento se tensa,
y decide a sangre y fuego
adentrarse en la refriega,
donde demonios y ángeles
se declararon en guerra.

Con voluntad temeraria
y con alma marinera,
esclavo de la ilusión
de aquel canto de sirena,
quiere para él el reinado
sobre las blancas arenas.
No existe acto en el mundo
que el alma humana estremezca
ni otra razón que acredite
nuestra mísera existencia.

Otra y otra vez la mira,
y en eso siente que ella,
respondiendo a sus latidos,
entregaba sus cadenas
al aire de la lujuria,
cual Venus que se confiesa
con el lenguaje del gesto.
Con el corazón sin rienda
mira el vientre que se ondula,
cómo se mueven las piernas,

y cómo el cuerpo se extiende
con auras de una tigresa,
emanando los efluvios
que clamaban en la espera
y ofreciéndose al pecado.
Ya sin dudas (su alma atenta),
llenándose de coraje
a instancias de aquella venia,
con incertidumbre intacta,
hasta la cama se llega.

Al ver que en el amplio lecho
le aguardaba la tibieza
del sitio que le ofrecían,
al desplegar de las velas
se dispone a navegar.
Fue noche de dicha entera,
gloriosa para el recuerdo
cuando halló que la Nereida,
todo el tiempo de su duda
estuvo ardiente y alerta.