domingo, 7 de marzo de 2010

¿Para qué quieres tú la eternidad?



I
En territorio de los sueños,
las ofrendas de tu rutina
se arropan en las nubes de la calma.
Todo es cálido y perfecto en ese mundo,
río sin mar y brisa en dulce remolino
dentro de tu memoria libre.

Surcan tus aves los cielos más profundos
con sus alas en bucles,
hojas de ingravidez en el aire infinito,
celeste lluvia de recuerdos
purgando las ruindades cotidianas.

Vives tu eternidad.

II
¿Y si el agua dejase de verterse en tu piel,
si la brisa cesara su murmullo,
si las horas no te pertenecieran,
las estaciones,
la muerte en el umbral del tiempo
apremiándote en tu alegría de vivir?

¡No! Despierta, despierta
a los plenos matices de la rosa
entregada al jardín del día,
hasta el renacimiento del crepúsculo,
donde tu corazón se hiera al rojo vivo;
y en sangre apasionada,
la vida se distancie de nosotros,
amargamente,
como un buque llorado desde el puerto.

No sólo en ti la noche se derrama,
también mis ojos sufren su negrura inmortal.

sábado, 6 de marzo de 2010

Mientras duermes





Te has dormido, justo
cuando la noche empieza a llenarse de tactos,
el cielo está en su día libre, y llueves
a cántaros desnuda en mi memoria
sobre mi cuerpo suspendido en la vigilia.

Es una lástima perder así

una emoción que pudo quedarse en el recuerdo,
y estoy insomne
y solo
y amanece.


viernes, 22 de enero de 2010

El amarillo en la sangre



Yo caminaba con los sueños más miserables de la tierra,
cercado por el total amarillo,
enceguecido por fotografías de mujeres desnudas
pegadas con gomas de mascar sobre mi frente,
y la canción: Ya falta poco, como el himno de mi alegría.

Jamás pensé que el amarillo de los trigales
pudiera percutir tan odioso en las paredes.
Jamás se me ocurrió que el viento del mundo
querría detenerse a dormitar en los rincones indignos,
renunciando a las praderas y a los pájaros.

Yo nunca había visto un desierto tan óxido en mi vida,
más herrumbroso y solitario que un cementerio de automóvíles,
más lleno de buitres y alimañas que el Sahara,
ni he visto tanta sed buscando dioses en el limo,
ni tanta tonalidad de amarillos bajo el cielo,
ni tanta perplejidad nocturna,
ni tanta ausencia de risa espontánea.

Todos mis ideales fueron bloqueados por los muros,
y la imaginación embestía contra el sórdido amarillo,
sangraba en amarillo;
y sólo algunas tardes, bajaba sobre los ojos ávidos
el ocre del crepúsculo,
trayendo la certeza de otros colores insondables.

Sólo gracias a que vertí toda mi angustia en la cautela,
gracias a que extraje del mismo vacío la gama del futuro,
gracias a la arena donde deambuló el espíritu,
pude conocer las alternativas de todos los desiertos
y encontrar las constelaciones de este oasis donde hoy vivo.