domingo, 26 de marzo de 2017

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Inventario de ansias y zozobras

Te gusta el blues con saxo
y el invierno que te hace más uno, más paciente en tu esperanza
y la lluvia de cualquier naturaleza
y una noche larga sin mosquitos, con vino, leyendo
y las palabras que vuelan y se cruzan como pájaros de la mañana
y los pájaros que pernoctan de a miles en los árboles
y tu casa familiar donde te dejan solo cuando más lo necesitas
y el bullicio silencioso del amanecer
y el mate
y el pan caliente
y la mujer
y el amor
y la poesía.

viernes, 24 de marzo de 2017

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Propiedad privada

Está bien que dudes, que temas;
pero, así y todo, entra si lo deseas. Es tu riesgo.
No te quedes con las ganas.
Mis ojos estarán en cualesquiera
de los árboles a este lado del alambre.
Observarán tus pasos, estudiarán tus intenciones.
Es probable que te deje caminar
todo el bosque, todo el prado
sin hacerte daño alguno.
Puedes disfrutar del río,
de la calma en la arena de su ribera,
del canto del pájaro campana
y de la sombrilla de colores
con que te cubrirán las mariposas;
mas, ay, si intentas apropiarte de sus noches,
porque hasta ahí ya no responde mi cortesía. 

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Creando dioses

No soy la rectitud del árbol milenario,
ni la industriosa abeja soy, ni el virus último,
mutante de otras formas de odiar el alma humana,
ni el protozoo soy, ninguna célula.

La sangre del ancestro surca tenaz el río de la muerte,
sustenta la memoria colectiva,
perdura con razón salvaje en el hombre moderno,
con ímpetu galopa por los páramos
herida de inclemencias.

La voz atávica se enrosca en las entrañas,
deambula por la calles vacías de este siglo,
en silencio de miedos primitivos
y guturales ecos de la carne,
con los gritos de padres sementales
en grutas con olor en las axilas.

No soy la cara repleta de alegrías,
paseando sus duras cicatrices
de antiguo hombre infortunado,
dos mil años después que sangrara la herida.
No soy el cíclico concierto de reforma perpetua.

El cielo es el mismo, la aurora y el crepúsculo,
la bruma de las horas, el color de la espera,
del consuelo, del crédito futuro de la raza.
El sueño es el mismo
en las mil constelaciones de la noche,
en el amor salvaje y anhelada ternura,
en la siembra y colecta de los dioses,
en los ojos y pasmo,
frutos del anhelo de tiempos infinitos.

Sólo la aguja soy que pincha el globo del misterio,
buscando recoser su angustia en el otoño
y apaciguar a los heraldos de la muerte,
creando dioses (sobre todo, esto), creando dioses,
tantos como sea posible complacer,
y hora tras hora pretendiendo
detener con sus manos la hojarasca.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Extraño tus ojos que ardían bajo los efectos de mi amor



Eran como pétalos que se doblaban lánguidamente sobre su núcleo de miel,
como dos luciérnagas en la sombra del jardín derramando luces calladas.
Sin embargo, hoy veo que ya entonces, esbozabas con dulce afectación
un alma dura, otro frío corazón que a aquel reemplazaría

Ay, amor, mi gozoso paroxismo de tantas albas lujuriosas:
yo sigo separando la parte más humana de ti, sigo viendo el rostro puro
que existe aún detrás de esa fisonomía innoble
que hoy me expresa su despego .
Desanimado, serpenteo hacia tu antiguo lado amoroso,
elijo sólo admitir aquella realidad donde ensalzabas mis orgasmos más grises,
donde saltabas sobre mí como una mascota agradecida.

Abandonado hoy de aquellos ritos, escojo estar con mi perfil nostálgico.
Decido advertir que permaneciendo a mi lado no estás,
que ya no te percibo en la risa,
en esos labios que temblaban como la caja añeja de un violín.

Aunque reconozco que sigo esperanzado amándote,
pues espero crédulamente recuperar tu envés.

martes, 21 de marzo de 2017

Rastro del tiempo sobre el alma


Mucho antes de morirse
era un hombre contento con la vida:
subía las escaleras de dos en dos,
su hambre era de cristal, y navegaba mares
que yo desconocía. Acompañarlo en su ostentoso navío
provocaba en mí la emoción de los grandes navegantes.

Aquél día, un dolor de muelas
lo tubo doblado toda la noche, y me pedía a gritos
que no me durmiera, que lo observara sufrir,
como compensación por mi buena salud
(ya que no podía yo sufrir con él).

Hoy que vuelvo tantos años atrás
quisiera haberle dicho:
“qué feo es este dormitorio antiguo,
con su techo excesivamente alto
que sólo facilita la proliferación de arañas”.
No sé qué me hubiera respondido. Tal vez,
una penosa risa lo hubiese distraído
en medio de su agobio.    

martes, 14 de marzo de 2017

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Primer vuelo

Eres libre en espíritu, tu mano
consigue desatarte la atadura
para saltar desde imponente altura
como un pichón robustecido y sano.

Y caes con las alas desplegadas
a la duda y al miedo del abismo,
y pesaroso ves que el atavismo
te exige discernir las coordenadas.

Mientras desciendes de la fría cumbre,
tu instinto, que es timón e incertidumbre,
la infalibilidad del vuelo invoca.

Pues cuánto teme tu razón perderte
al percibir la cara de la muerte
en la visión de la punzante roca.

jueves, 2 de marzo de 2017

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Posverso 
                                                                    "Para el lector es más importante la emoción que la verdad del verso".

Solías sacrificarte en la soledad de tus frustraciones
por lograr un poema completo en las altas horas de la noche,
bebiendo café tras café mientras giraba tu mente sobre las rimas;
pero ahora ya no eres uno de esos principiantes tozudos,
aunque has pasado por encima de íntimos cadáveres.

Ahora sales a caminar por el cielo de las metáforas cuando quieres;
y como esos aviones que escriben letras de nubes,
dejas colgados en el aire los secretos de tus sentimientos,
sin importarte que los lean todos los que levantan la vista.
Sin importarte que descubran tu canción de pájaro literato.

Sabes que a nadie incumbirá tus viejas desazones,
aunque les digas que continúan arrastrándose por tu sueño
y destrozando tu cansado corazón que apenas late
como las antenas de una cucaracha pisoteada.
¡Cuántas cosas que ya no son tuyas siguen acompañándote!

Pero la cosa sucedió de este modo: cuando creíste encontrar
el buque insignia de tu vida y la musa faro de tus fantasías,
has vuelto al rincón de la madrugada una y otra vez,
pues décadas después te dicen que la pasión por navegar
de ninguna manera es (como tampoco será) enteramente tuya.

Y así, ahora estás sentado frente al ordenador
con las ventanas del escritorio neuróticamente cerradas 
a causa de los aullidos lascivos de los gatos en los tejados,
sufriendo el verso que anhela nacer del pensamiento,
mientras bebes las tres últimas latas de cerveza de la nevera.