domingo, 28 de septiembre de 2008

Agonía del rosal




No existe premura en la agonía
del rosal que ofrece,
asfixiado, débil,
en el gris otoño sus mustios colores.

Hace interminable su martirio
de morir a solas,
tapera de pájaros e insectos,
bajo las granates dagas del crepúsculo.

Ninguna deidad se descubre
resuelta a extinguir la indigna hermosura,
un soplo celeste que arrebate
los ocres colgajos.

Sólo la silente infinitud
—eterna clepsidra—,
abre a cada gota de vencido pétalo
sus labios terrosos. 





domingo, 14 de septiembre de 2008

La tarea de cada día



Me esmero en ser un hombre renacido,
aspirando la sal amanecida
de las voces tozudas de la vida
para brindarle al alma su latido.

Mas el fuerte caudal me arroja herido
en desconsuelo mudo, pues soy ida
de una barca flotando corroída
hacia el mar infalible del olvido.

Cada noche, hiriéndome el espejo,
redescubro en mi rostro el cruel esquema
de un rictus fragmentado en mil razones;

y reinicio en el puzzle del reflejo,
tras arduas horas de labor extrema,
el rearme tenaz de mis facciones.

martes, 9 de septiembre de 2008

Los besos-pájaros



Por la calle de tierra
sus ojos —fuegos pardos—,
su timidez enorme,
venían sobre el polvo levitando.

El rubor la escaldaba
entre suspiros castos.
Al pasar ante mí, sonriente,
miles de besos-pájaros
volaban de su boca.
Yo pretendí atraparlos
en una bocacalle.
Como húmedos peces me esquivaron
y a todos los perdí.
Escapó, rumbo al campo,
al mar de la espesura,
al viento la pollera, ambas manos
prendiéndose del bies,
lanzándome en el rostro, a cada tanto,
la risa a carcajadas,
mientras sus rotos labios
cedían a la fuga
de los últimos besos-pájaros.