jueves, 17 de septiembre de 2020

Francisco de Aldana

He sufrido de ti, señor de Aldana,
de tu gran árbol, otra rama opuesta,
a pesar de su sombra sin respuesta
por su fugacidad y meta vana,
a pesar del hostil conocimiento
que marchita la flor de la existencia. . . :
la impotente penuria de la ciencia
en la silla curul del escarmiento.

Más allá de la búsqueda y sus daños,
sostengo sin los místicos engaños,
como virtud, la vanidad humana,
cuando alimenta en mi leal memoria
el rito que conduce a la victoria
del hombre sano: su soberbia sana. 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Soledad de la sangre

En soledad tremenda, temerario y hambriento de coraje,
batiendo rumbos de orilla en orilla a lo largo del río,
por los senderos de la caza, demonios y depredadores,
a pie, descalzo, con sus propias armas, ajeno a los sistemas,
donde murmura el cielo a mil kilómetros del mar,
a doce mil kilómetros del mundo, contra la piel de luna derretida,
su voz de culantrillos, su verbo acústico y sonoro,
debajo de sus uñas, sobre los tallos duros de sus dedos…,
late en la tarde milenaria su sangre india en la cañada.

Solo con sus ojos de puma, con el agua y la abeja,
reconoce su voz de sonidos monteses, de sombra en la hondura del bosque;
recuerda un jazmín en la frente oscura, en el cabello oscuro.
Un lirio besa el agua en el remanso, en la espera infinita
donde el grito es memoria y es sombra de los siglos,
y el aire carga agónico sus pájaros migrantes, y el árbol llora
sus cruces deshojadas, la silenciosa resonancia de las piedras.

Solo y sin prisa, sin glorias de batallas, sin almanaque,
con la sola voz de la sangre que lo guía en la selva.

Y luego ya no está presente: se ha vuelto un canto en mi memoria,
un hombre antiguo de corazón deshabitado en el poso del día,
en la quietud sacramental de las orquídeas.

sábado, 5 de septiembre de 2020

El Sistema

Cada día te envía más señales
de su insensible desafecto:
te excluyó del rango en la bolsa de trabajo,
no te permite acceder a los créditos,
te hace sentir un extranjero en tu propio país,
no quiere renovarte la licencia de conducir,
con piedad te sonríe cuando observas a una mujer hermosa,
no te deja hablar en las reuniones sociales,
te prohibió terminantemente el alcohol y el tabaco,
ya no te quiere ver andando por las calles:
te regaló un hermoso sofá frente al televisor.

Poesía ausente

Siembra y cosecha de tu tiempo,
lozanas briznas que prorrumpen
de los parajes misteriosos y fecundos
de tu imaginación.

Oh, mágico sendero
—pasión de humanizados dioses—:
te esquiva ahora como una luciérnaga
que se aleja en cabriolas,
sin dejarte trasplantar en su fértil tierra
el árbol de hojas lúcidas
que ha hecho crear tu obstinación.

Anhelas la piedad
de sus soplos alentadores,
savia que aviva el espejismo azul
y la frondosidad de la quimera.

Cuánta razón tuvo tu espíritu
—a pesar de su serena sangría—
para seguirla
a través del vasto horizonte de los sueños.

Y cuánta más tendrá
cuando otra vez despiertes.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Fuerzas interiores

Débilmente tu desazón amarras
apuntalando a puño tu existencia,
en reñidos combates de conciencia;
y con demonios fieros te desgarras
soportando el lenguaje irresponsable,
el humor inestable,
la falta de respeto,
la charla sin objeto,
el insomnio que el quebranto produce,
y que solo conduce
a la vigilia torpe y displicente
y a los ojos cansados de la mente.

Luchando con firmeza y esperanza
preparas tus pertrechos:
yelmo, coraza, escudo, lanza;
y ante los inminentes hechos,
arremetes en lucha carnicera
contra destino y suerte,
con sangre de pasión sincera,
el límite entre vida y muerte.

martes, 1 de septiembre de 2020

El paraíso perdido



Han regresado los verdaderos dioses
a implicarse de nuevo en mi destino
(hecho que me hace muy feliz),
con sus pasiones desenfrenadas,
con sus arrebatos de ira,
con sus antojos olímpicos
que casi siempre desembocan
en raptos de diosas con dueños.

Hoy, mi lamentable rutina se viste de infinito,
y se eleva hasta el cielorraso,
a la altura del ventilador de techo,
del mundo microbiano,
del acecho de las arañas,
aguardando la luz de la revelación.

Me despojo de toda fe prefabricada,
del crucifijo de mi madre
(«No lograrás la salvación, mi niño,
si sigues desafiando las celestes leyes,
si te niegas a seguir practicando la genuflexión»).

Luego del año treinta y tres
(aunque, históricamente, no se puede afirmar
que Jesús muriera a los treinta y tres),
y de Martín Lutero estableciendo el Cisma
por culpa de las inmorales indulgencias,
y de Lucrecia Borgia cometiendo sus santos crímenes
(por citar solo dos ejemplos),
prefiero regresar al paganismo,
volverme griego.

Volvieron los demonios-dioses
en mi inconsciencia sus razones a inyectar,
y se oye el canto del poeta
que suena como Píndaro en sus versos exaltados,
como Sófocles en su Edipo Rey,
como Safo en sus versos lujuriosos,
como ese cielo de emoción irrepetible,
de sabiduría divina,
de verdades eternas,
que nos llega de Homero.

Sin duda alguna y con mucho dolor
hemos perdido para siempre
aquellas bacanales del espíritu.

El tiempo de los besos no ha cesado

A Techi 


Es la mujer que amo y hoy evoco
y ennoblece mi espíritu.
Las dos palomas de sus pies cautivan
mientras vuelan hacia mis labios
con disimulo de su vanidad.
Largo tiempo de mi edad adulta
ha sido poetizar y recorrer con ella
las planicies del corazón,
y ha sido echarme con esquizofrenia
en los barrancos de su instinto.

He atrapado con sólo amarla
su voluntad —su predisposición
para empaparse conmigo bajo la lluvia—;
y en la penumbra de los años,
sigue brindándome incansable
los tibios labios ebrios de su total amor.

Es ideal su risa para el acicate
de este poema de amor que no muere;
y lamento no haberla conocido
en nuestra adolescencia,
donde la hubiese divinizado
con más intensa convicción de un juramento,
y la hubiera convertido en un cuerpo
exquisitamente desnudo.

El otro día me afligí
desconsoladamente,
con rabia, con egoísmo, con vacío existencial,
cuando soñé que la perdí.
En la impaciente madrugada,
con el pensamiento empapado,
la recuperé lentamente de mi pesadilla,
librándola de mis falsas cadenas.

A pesar de que el tiempo todo lo borra
con su difusa barredera,
van cayendo con el viento de otoño los recuerdos;
mientras, tomado de su mano,
camino por la senda donde es verdad la vida.

viernes, 28 de agosto de 2020

Mutación

Sube las escaleras sin cansarse;
y siempre que le dices:
«¡párate!», él se para;
le dices: «bueno, ¡basta!»,
y él deja de entablar conversación.

Tu cerebro, algún día,
será implantado en él.
Entonces cumplirás
tus propias órdenes.

domingo, 23 de agosto de 2020

La lumbre débil

En la fogata del recuerdo
sigue ardiendo hasta hoy la pasión que ennoblece,
y minuto a minuto va devorando el tiempo
su pálido fulgor.
Como en la cárcel,
saltea el muro débil de tu pecho
el eco de su palpitar.

Para el deleite del olvido,
en vano intentas lanzar nuevas miradas
hacia aquella cima de luz
y de aires puros de la vida.

¡Ay, intocable altura!
Hoy has perdido
la paz del solitario
que casi siempre te habitaba.
¡Sube, espíritu mío! ¡Hazte fuerte
como el brazo del antiguo remero!

No dejes que en la noche,
en la penumbra triste,
el viento del desánimo
azote con su vil extremaunción
la moribunda llama de la altura.

jueves, 20 de agosto de 2020

Desde mi angustia existencial

Cuando el futuro
se arroja sobre mi frágil conciencia
y me asedia en el lecho, después de medianoche,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.

(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).

Cuando la vida suelta sus amarras
—y me muestra ya el mar
del infinito que se mece—,
sé que emprendo una torpe fuga:
la singladura hacia el naufragio.

sábado, 15 de agosto de 2020

Aves sublimes

Mediante la poesía llegar a lo desconocido. (Arthur Rimbaud) 


Agoto mucho tiempo de mi vida
escribiendo poemas
que nunca logro concluir,
curioseando por lugares misteriosos
donde me ofrecen tragos seductores de silencio
y me indican que puedo suspender mi tarea
cuando quisiese,
que puedo trasnochar inmune
a los sentimientos de culpa.

Cuando busco volver de mi aventura,
a nadie le molesta mi regreso
a esta porción de mi existencia
donde constato que nada más necesito
para seguir discurriendo los versos
que van agotando mi vida.

Al acostarme se cierran mis párpados
por vencerme cansancio y embriaguez;
los seres de los lugares desconocidos
(genuinos duendes de la poesía)
se muestran sobre mi mesa de luz,
y en mi entresueño declaman emocionantes versos
que salen uno tras otro volando al infinito
como sublimes aves en eterna emigración.

domingo, 9 de agosto de 2020

El viaje hacia la meta

¿De qué modo llegaste hasta esta posta,
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?

El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.

Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras, 
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.

Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.

No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.

jueves, 6 de agosto de 2020

Nuestro amado cadáver

Casi todas las noches errábamos por los suburbios
recorriendo barrios, cuadra tras cuadra:
viejos enjutos con cigarros en sus sillas de mimbre,
furiosos perros para un inminente ataque,
ansiosas chicas de bellas sonrisas, con guiños,
encantadores cuerpos exhibiéndose sobre las veredas.
El mundo cooperaba para que los paseos fuesen
carentes de peligros y gratos de emoción.
Las noches eran libres. Las estrellas se reflejaban
en las piedras tranquilas de la calle. El basalto negruzco.
(¡Qué libres éramos sobre esas piedras!)
Entonces, un mal día, la señora Conciencia se anunció:
la formalidad había llegado —aunque seguíamos juntándonos
los más amigos, y por las noches a cada tanto nos reuníamos
para jugar al póker o a los dados, beber unas cervezas y reír.
Luego, el juego definitivamente terminó.
Cada quien con su vida nos fuimos a formar parejas,
llegaron los retoños y más impenetrable se volvió el mundo.
Nuestros destinos no podían ya cruzarse, y el resplandor
del verano se hizo tenue como nuestra pasión apaciguada.
Nos quedamos muy solos, sin amigos.
No obstante, todo el tiempo, pegaron vuelo las palabras,
insistiendo las alas en encender las sílabas, los verbos.
A dos cuadras, la iglesia; a media, el almacén.
El gallo de la madrugada. El caco audaz
que nos dejó petrificados mientras le robaba al vecino.
Nunca cesaron de afirmarse en la memoria los recuerdos.
Abandonamos aquél mundo donde vivimos todo su presente.
Hoy poseemos otro, de algún modo quizás más apacible,
con menos desencantos de languidez existencial,
pero hay algo irreemplazable que dejamos allá a lo lejos:
nuestro amado cadáver que nos negamos a enterrar.

martes, 4 de agosto de 2020

Hombres sin destino

Estuve en un lugar
donde el orgullo y la pasión
eran considerados repugnantes gusanos del espíritu;
y por ende, querido o no,
picoteados por los cuervos blancos
que devoraban la imaginación día tras día.

Los pasos que se daban
parecían interminables círculos de noria
que desnudaban todo tipo de locura
y hacían refunfuñar a las almas rotas
—aún siguen dándose hoy en el recuerdo;
aún persiste el ánimo de huir,
aunque muy pocos lo han logrado.

Sitio ideal
para la conciencia acallada, para los tristes
que buscan los paseos solitarios
al aire libre, la lectura de la Biblia,
el soliloquio;
para los que resisten la lluvia en la memoria:
la añoranza,
los planes sin futuro.

lunes, 27 de julio de 2020

Cuarentena


¿Qué haces con tu tiempo todo el tiempo?
¿Qué haces en la casa todo el tiempo,
con la guitarra, con el celular,
con los libros desempolvados,
frente al televisor,
acostado, parado, sentado tecleando,
yéndote al baño, a la cocina,
discutiendo por nimiedades,
sin pensar el pasado ni el futuro, inmune a la melancolía,
cruzando de este mundo a otro mundo,
del abismo a las nubes,
de la probidad a la infamia,
del entusiasmo a la carencia de propósitos?

¿Qué sufres en tus sueños? 
¿Qué le ha pasado a tu pasión?
¿Qué aventuras sonoras has enmudecido?
¿De dónde te ha llegado el afán del sabueso
para el rastreo de tu nombre,
para  asumir los rostros de tus máscaras?

Sé que te encuentras páramo abatido
descubriendo alegrías viejas debajo de tus expresiones,
alegrías ajenas a tu espejo,
dichas-ríos llevando lo que eras
y hoy ejercen pesada impavidez;
costumbre que calienta, mañana tras mañana,
la cocina a gas para el mate,
apaga el aire frío y el ventilador
y abre las ventanas para los rayos del sol sobre tu cama.

¡A girar por la casa. Vamos, vamos!,
a dar vueltas y vueltas por el patio,
a existir solo a cada tanto callado en las palabras,
siguiendo la intuición (filosa idea que corta el sí mismo),
entre trampas tendidas a lo ya asimilado,
extinguiendo esperanzas de encontrar
la paciencia infinita,
el danzante cuello del cisne,
ese cuerpo de sombra que asoma en la memoria
y que intencionalmente recuerda el fin de nuestra suerte.

Si fuera un hombre libre, les ahorraría la carga
de seguir monitoreando mi ostracismo;
y sin mucho pensarlo, sin cuestionar a qué juego jugamos,
ensalzaría a esos héroes que luchan en medio de cadáveres.

sábado, 25 de julio de 2020

Confrontación con el tiempo

En solitario
(como equivale hacerlo un hombre),
afronto la embestida de las horas,
el gusano que acecha
(quizá en el barro, de momento,
y no en la sangre, todavía)
como el buitre en el páramo.

Sufro la mala compañía del silencio,
la blanca oscuridad de cada aurora
en esta senda enmarañada,
en este caminar 
sobre la espalda desnuda del destino,
en este duro beso de la madrugada.

Apremiado por ver llegar
la tea de los juegos
que iniciará la justa olímpica,
acallo el ansia de correr la maratón
sabiendo que los dioses
untaron mi carril de aceite. 


miércoles, 22 de julio de 2020

El recolector de latas vacías de cerveza

Hoy tuve un encuentro con Juan, el recolector de latas
vacías de cerveza, en la villa miseria donde vive.
Fui invitado por él luego de mi insistente curiosidad
por conocerlo, estando una madrugada en el centro de la ciudad,
donde él se había arrastrado toda la noche recolectando
y yo me encontraba curioseando a pie con mi amada Marion.
Tomamos el mate de la misma bombilla (le gustó mi gesto:
el no sentir asco de sus dientes amarillos –le faltaban dos).
Él se mostró afable, con sueños de grandeza todavía
y la esperanza de saltar al polo opuesto de su realidad
y abandonar la soledad absoluta de los desheredados.
«No quiero ser rico, pero quiero vivir bien», filosofó.
Luego expuso que 75 latas vacías de cerveza pesan un kilo
y que su importe alcanza para una lata de sardina.
Su mujer lo abandonó porque en medio de tanta miseria
y vino barato era imposible mantener el fuego de la pasión.
De vez en cuando, ella venía a reclamar la manutención
para los dos hijos que trajeron al mundo. Vociferaba
cuando el pobre Juan no lograba juntar la mensualidad:
«Irás a la cárcel si vuelves a decirme que no tienes la cuota».
«Es así --le dije--: hoy en día los jueces protegen a los niños,
muy presionados por la sociedad. Temen aceptar coimas».

Aprendí a hablar su lengua, sus giros idiomáticos, sus ambiguas
expresiones, su necesidad de mancillar la opulencia, de odiar a los ricos.
Me enseñó la anarquía, la lucha contra los dueños del poder,
a saber llevar los andrajos y los panfletos izquierdistas
para extorsionar al gobierno y mamar a cada par de meses
de la teta del capitalismo salvaje (siempre reacio a la generosidad
social: «¡que trabajen, carajo, esta manga de haraganes!»).
Cuando me preguntó que hacía yo en la vida, concretamente,
y le respondí que era poeta, que escribía versos, que buscaba
la verdad y la belleza con el espíritu predispuesto a la emoción,
se le iluminó el rostro y la mirada. «¡Eres un poeta!», exclamó,
y empezó a reír con desembozo, con ganas, con ánimo renovado.
Estoy seguro de haber leído con nitidez el mensaje que trasmitía
aquella mirada ya acuosa por la revelación de compararme.
Trataba de esconder su alegría. No quería decírmelo, pero
su miraba lo decía: «Este pobre hombre, este muerto de hambre
es más digno de compasión que yo». Evidentemente, Juan
consideraba mi vida más miserable que la suya. Blandía su jactancia.

martes, 21 de julio de 2020

Recuerdo de un amor que fue muriendo

Del corazón profundo del pasado
exhuma, a veces, cierto edén de flores
la memoria, y se impregna de colores
en un difuso círculo cerrado.

Vivo el aroma y el aliento amado,
las pupilas de azules resplandores,
las caricias, los labios tentadores
en mi deseo trunco, derrotado.

Y en la metamorfosis de los años,
son sus brazos abiertos hoy, extraños
símbolos de mi dicha y mis enojos.

Sé que es muy tarde y sé que me arrepiento
de haber dilapidado aquel momento.
También, que me resigno a los despojos.



domingo, 19 de julio de 2020

Las ventanas cerradas

Cerrarás tus ventanas, tu congoja,
tu mente, bebedor del río seco,
estoico árbol de perdidas hojas
meciéndose en el mudo acatamiento.

Hastiado de la brisa del silencio,
espuma negra de insistentes olas,
áridas nubes, noche sin sosiego,
te pierdes en el sol de cada aurora.

El humo del tabaco en la mazmorra
busca su esfera, su profundo cielo,
en el constante silbo de sus orlas,
en la repetición del pensamiento.

Cerrarás tus ventanas hoy, recluso,
para dormir sin rejas y sin muros.

viernes, 17 de julio de 2020

Anónimo de la noche infinita

¿Qué soy aquí en este sombrío cuarto?:
¿una sombra que yace en el futuro
en un soneto lánguido e impuro
con el hastío inmóvil de un lagarto?

¿Por qué persiste el alma en su negrura
con miserable luz? ¿Por qué las rosas
ruegan eternidad sobre las losas
mientras resignan tinte y hermosura?

En estas horas de combate pierdo
la memoria y me pierdo sin espada
hacia la paz de alguna madrugada.

Y es tan duro el dolor que no recuerdo
si estoy herido y sangro con derroche,
si existe amanecer para esta noche.






miércoles, 15 de julio de 2020

Efímeras coronas

Tras acoso de meses en disputa,
sobre la tierra húmeda de horrores
y la sangre del bárbaro guerrero,
el soberbio señor feudal disfruta
entre los ebrios gritos vencedores
con dulce vino y carne de cordero.
En el trono del castillo, alborozado,
besa la gloria del reino conquistado.

La última batalla, encarnizada,
ciega en odio ancestral y en ciega ira,
fue grande en impiedad y desatino.
Hades, el dios de risa congelada,
espera con paciencia al que suspira
envuelto ya en los brazos del destino.
Los otros que escaparon de la muerte
esperan maniatados otra suerte.

Inmersos en orgiásticos festejos,
resuenan las canciones, los bullicios
y danzas de frenéticas mujeres.
Retirados, los niños y los viejos,
aplauden los desbordes y los vicios
mientras, Ares, impúdico requiere
las enemigas hembras y los siervos,
cadáveres al hambre de los cuervos.

Abatidos los cuerpos, y agotado
por la orgía y el sueño ya cumplido
mira el señor feudal en tanto dice:
«Tras lucha cruel hemos triunfado,
aunque pronto caerán en el olvido
renombre y gloria que mi Dios bendice.
¿En cuánto tiempo algún otro señor
vendrá a hurtarme el cetro triunfador?»


martes, 14 de julio de 2020

Calma peligrosa

En singladura, la pasión herida
se oscurece de inútiles tormentos,
en el confín doloroso del alma,
mientras se parte el cofre del recuerdo.

Avergonzado de perder la brújula
y la emoción, confundido el aliento,
soporto el duro cruce de los mares
con la esperanza de avistar tu puerto.

Y sufro el frío y callo tu abandono, 
la angustia de encontrarme mar adentro
en noche extrema de rugientes olas.

En soledad, donde afirmo mi apego
a la cadencia antigua de tu danza,
clamo tu amor en el sombrío piélago.



lunes, 13 de julio de 2020

Acaso la nada

Acaso en el inicio de tu meta
tus ímpetus le dieron al destino
un rumbo cierto, un lúcido camino
que conduce al laurel del buen poeta.

Acaso en la avidez de hallar el canto
que registra verdades de la vida
notaras que, además de la partida,
es la quimérica canción tu espanto.

Presumes en tu nítida conciencia
haber hecho lo digno, lo correcto,
y maldices la infamia del trayecto,
pues la gloria alejó de tu existencia.

Noche tras noche, sobre tu almohada,
esbozas la canción desesperada.

viernes, 10 de julio de 2020

Razonando sobre el instinto


Para encontrar la voz del mudo instinto
uno debe encontrarse al borde de la suerte
y usar potentes microscopios
de la imaginación,
liberar las compuertas del desorden mental,
de las palabras que hacen enrojecer los labios
y ejercen el dominio sobre el ansioso espíritu.

No dejar que la muerte, ni la vejez, ni el llanto,
ni el recuerdo nostálgico de un deslumbrante amor,
formen parte primera de la génesis.
No imaginar el mueble donde guardan
los rudimentos de la disciplina.
Nunca envalentonarse como héroes,
y nunca maltratar al propio ser.

Para encontrar la senda a la cascada
los pasos deben ser elevados, danzantes,
como en un éxodo hacia el aire húmedo de la belleza,
hacia el agua que caerá sobre la piel desnuda
y enfocará la brisa hacia el torso mojado,
alejado lo más que se pueda de la melancolía,
del pánico bastardo ante la luz real.

Y seguir las huellas de los sedientos.


miércoles, 8 de julio de 2020

Vacilación en el eje del silencio

Poeta: tarde o temprano, más allá de tu muerte física, 
serás silencio eterno.

No sé si deba mantener
en lo alto el puño de poetizar
ante el acoso paulatino del adiós
en su sentencia inapelable de callarme.

O si soltar los cancerberos
atados a los muros de mi espíritu,
a que me coman los nonatos poemas
en una forma noble de suicidio.

O si arrancarme los colgajos de la ruina
con los dientes de la palabra inútil,
y la boca esputando
los versos fáciles.

No sé si deba
seguir buscando las metáforas ocultas,
o de antemano hincarme ya
ante la indefectible victoria del silencio.