domingo, 4 de diciembre de 2022

La canción de los abismos


Durable temblor de mi azul arteria,
retumbo, lamento de cerrado abismo;
con las alas rotas
hiendes cada noche mi avidez nocturna.

Escucho tu voz remota y herida,
sin nombre, sin nubes, sin eco en el aire.

Una vida entera tajando, invisible,
con gritos de ahogo, duros, persistentes.

Plácido puñal en mi rebelde entraña.
Doloroso sueño, los días sin ti.



Hastío


A veces el hastío determina,
como la muda espada del guerrero,
su golpe terminante, el más certero,
y en aislada quietud nos peregrina.

Otras, nos clava en cruz, y nos desclava
envuelto en pena y en la noche oscura,
manando nuestro ánimo atadura
como la voz de una mujer esclava.

En general, adopta una manera
agresiva de sogas y cuchillos,
de lanza en ristre o de puñal en mano.

Mas sería peor si cruel te hiriera, 
cual hiere la monodia de los grillos
en el silencio el desvelar humano.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Chasco de la casualidad


Había deambulado solo aquella noche,
singlando mar afuera
en búsqueda de islas con tesoros.

Llegué a un bar atestado
donde me aposté en una esquina
para lentamente beber mi manija de chopp.
Veía rostros bellos en la barra,
garbosas féminas con las piernas cruzadas.

Una de ellas
giraba su cabeza hacia allá y hacia acá;
parecía abarcar todo el salón
mientras tomaba a sorbos lentos su champaña.
Se visibilizó para mis ojos,
se hizo mi centro de atracción.
Y toda ella era refulgencia:
su mirada, su sonrisa, sus gestos,
y solo se borraba a cada tanto
por el humo, el gentío, las luces de colores.

Su sonrisa buscaba aquí y allá.
Hermoso rictus sobre el gel de la lujuria,
grandes senos hirientes y recónditos,
voluminosa cabellera que reía lánguida,
boca toda brillosa y húmeda
y ofreciéndose a la casualidad
de algún destino.

De pronto, la mirada
se proyectó provocativa
muy muy cerca. . . ,
muy muy cerca de mi anhelo,
para perderse luego
por el humo, el gentío, las luces de colores.


lunes, 14 de noviembre de 2022

La belleza demoniaca

La belleza del lodo y de la muerte,
de la traición artera y de la intriga,
del que, una vez perdida toda suerte,
reta al arma enemiga.

En mera conjunción de los colores
y en la seda real con que se enviste,
cuando trasmite amores y dolores,
la belleza no existe.

Pero, sí, ella emerge cuando apaña
el súcubo doblez de las serpientes,
y con matices ígneos engaña
los ojos inocentes.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Búsqueda


Dijo Kabir: «es la búsqueda lo esencial.
Soy esclavo de la esencia de la búsqueda».

Tratando de atrapar mis versos,
en la prolongada lucha
recibí una herida,
una herida para siempre,
pues mis versos son humos,
y mis anhelos mis manos.

Seguir tratando, quizá,
parecería una obsesión;
pero, así como comprendo
lo imposible,
en que es posible
sigo con terquedad creyendo.

Reclamo a mi vida, entonces,
tiempo para seguir buscando.



Decepción

Cuando quise buscarme a mí mismo,
en infinitos caminos me perdí.

Siempre supe que había nacido,
ciertamente,
para nunca encontrarme,
pero jamás para perderme.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Tarea de la ingrata prolijidad

El jardinero abriga la paciencia
de aguardar sigilosamente el brote;
y la lucha frontal contra el azote
del tiempo, su labor convierte en ciencia.

Con ímpetu recoge la palabra
del verde, su matiz en la penumbra;
y con ella su percepción alumbra,
y tras las hojas su quimera labra.

En el albor, su espíritu contiene
los gravitantes pétalos del día,
el pulso del pigmento en sus colores.

Y en la luz del crepúsculo, retiene
la muda brillantez: melancolía
del alma sucumbiendo a sus rigores.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Testimonio

En aquella futura vida,
en la cual seguirán
sosteniéndose las pasiones,
estaré ya dormido
profundamente bajo tierra,
y no alcanzaré a divisar
los nuevos sembradíos
que reverdecerán la tierra.

Para vosotros, hombres del futuro,
dejo aquí la constancia
de mi existencia efímera
y de mi saludo afectuoso.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Cuando muere el dolor

Cuando muere el dolor,
la estrella que estuvo temblando absurda
en la desolada geometría del espacio
sacude conmocionada
su insoportable hastío
y danza ante el universo entero
la serenidad de mi alma.

Cuando muere el dolor...
¡de nuevo existen las estrellas!

El jardín

Ya no sé
si es más real
aquel jardín florecido
o éste, abandonado.

Interrogante

Para morir
haber vivido.
¿Habré vivido
para morir?

Testigos

Detrás de mí
vendrán los otros,
los que confirmarán
que estuve aquí.

Cuarenta años

Ahora soy el tiempo de un verano casi ido,
un mediodía que se aleja de su aurora.
Calcinado deshojo las hojas de mi vida.
Voy matándome irremediablemente para vivir.

domingo, 16 de octubre de 2022

Oda a la poesía

Oh, aromas de las brisas de los versos,
que en largas noches cálidas de estío,
con leves soplos llegan susurrando,
cuando el cuerpo rendido
siente el grosero acoso
de insectos agresivos
de los hostiles climas.

Fugaces paroxismos
y vivaces relámpagos que encienden
la honda oscuridad del infinito;
y en búsqueda obstinada,
con cánticos divinos
acrecen la esperanza,
cuando en el cielo los adversos signos
de la órbita abismal raudas escapan.

Ay, silencios y gritos,
que en largas soledades
desmayan doloridos
en infames tormentos,
en pérfidos martirios;
y atizan el quebranto
eterno allá en los limbos,
saturando de nieblas
vitales pasadizos
del alma que atesora eternidad.

Las musas con sus liras y sus bríos
pregonan la victoria,
aplauden la dación y el sacrificio,
y auguran la derrota contundente
sobre el caos del corazón sufrido.

Los versos son las armas,
las lanzas, los martillos,
el hierro artesanal
que crea los resquicios
a dioses y demonios;
y llega hasta los cirios
de ínclitos altares,
allí donde el camino
se promete anhelado y transitable.

Oh, espíritu encendido.
Oh, garfios poderosos
de metálicos trinos,
que arrancan los estratos putrefactos
de pechos corrompidos
de cansados poetas,
y dejan peregrinos
los viejos corazones
que se hallaban cautivos.

Oh, fuerza adormecida:
crisol de lo vivido,
energía y vigor
que en acordes amigos
regalan a los días
los misterios y símbolos,
la luz de las estrellas,
los célebres vestigios,
el canto de las aves,
los dones narrativos,
la efímera belleza de las flores
que en métrica y rocío
nos libran de las nubes tormentosas,
y expone ante los ojos con sus signos,
en grata compañía de los dioses,
el límpido cristal de los olimpos.

sábado, 15 de octubre de 2022

Incertidumbre

Quiero encontrar
en esta siesta adormecida,
sentado a la sombra oscura
de un árbol de mango enorme y floreciente,
un descanso justo para observar
el vuelo lánguido y errante
de las engreídas musas.

Quiero saber
qué harán sin mí,
sin mi materia,
sin mi sangre.

lunes, 10 de octubre de 2022

La batalla de la noche

Es demora la noche y recién nace,
como el sendero injusto hasta el olvido,
por donde ingreso sin vituallas suficientes
hasta mi mesa de trabajo,
en soledad,
a martillar sobre la sombra.

Inflama su color,
como los hornos de las fundiciones,
me quema en el semblante,
en el cerebro, en la memoria,
y me quema sobre mis brazos,
sobre mis dedos,
sobre el dolor,
como infinita lucha por refrescar el hierro,
por darle forma,
y siempre contra la fatiga,
el miedo, el agobio, el hastío,
por detrás de mi máscara.

domingo, 9 de octubre de 2022

Pérdida de tu recuerdo


Yerro definitivamente desligado
de las calles que hoy transita tu existencia,
quizá reconocido en tus trajines
como un rostro distante en el iris de un miope
o en el resabio exiguo de los besos.

Tal vez me esbozas, todavía,
—como homenaje compasivo a mi pasión intensa—,
ansioso en las butacas de tus bares,
en los cuartos de hoteles ya sin nombre,
o en esas sábanas perdiendo
su tinte en tu memoria.

Me duele ese recuerdo que agoniza,
más que el amor perdido.

sábado, 8 de octubre de 2022

Para cantar has callado todo el tiempo



La condena y el gris silencio
—velámenes de tu fracaso—,
te dieron esta larga calle pedregosa.

Si escuchas las cadenas de tu voz,
acaso tintineen todavía,
en un idioma de primates,
tus vocales cosidas a sus óxidos,
palabras inconexas de submundos,
canciones guturales de lluvias inclementes,
arritmias
que te buscaban a ti mismo.

Acaso traes
de las noches su herrumbre:
el hastío, la saciedad
de las inmundas ratas
—bucólica del cuervo—,
los soeces cerrojos de la risa;
y en el alba, un inútil despertar
por los calambres del encierro.

Reconstruyes los lejanos ladridos,
revuelves tus heridas
y hechas espuma por el ánimo.
Has vivido sin piel muchos inviernos,
sin comprender lo que perdías:
el horizonte prominente
y tu amor por la búsqueda.

Pero ya entonces, y aún más ahora
te importa la emoción del caminante
—siendo claro que el sueño no existe todavía—,
porque los golpes y la indigna humillación,
el quiste de los sucios sentimientos,
te dieron esta insólita manera acompasada
de evocación y alivio.

viernes, 7 de octubre de 2022

La ceguera de la luz del día

(Yo la miro -esplendente, ella-
cayendo en láminas de vidrio
entre las ramas ocres.)

¿Cómo puede la luz del día
que está ahí, meridiana en sus matices,
iluminar la risa
de la joven que pasa ensimismada,
ajena a los curiosos, como quien viene
de una alcoba de amor inagotable?

¿Cómo puede
tanta luz
esfumarse de languidez
-foto antigua-,
y enceguecer el alma
ante tantos tesoros en detalles
de nuestra vida cotidiana:
mirar con absorción las nubes
desde un autobús atestado,
devolverle su cielo a un pequeño
en brazos de su madre
que sin razón aparente nos sonríe,
visitar el cementerio
donde está enterrado nuestro padre
para decirle que sentimos mucho
los silencios desgraciados
en tantas ocasiones perdidas?

¿Cómo puede
tanta luz no mostrarme
que cada instante es una hoja
cayendo en esa misma luz,
donde no existe chance alguna
de retener la gradación
que sucumbe en la sombra de los árboles?

lunes, 3 de octubre de 2022

Porfía necesaria



Anhelo recrear tus calles
con lúdicos grafitis
cuando desuelan soledades en tus plazas.

Dibujarte en la nieve, como a la luna
las hebras del ciprés cayéndose en el aire,
y reescribir tu historia con mis códigos:
páginas de embriaguez, visión de sitios claros,
los jardines del tiempo y sus latidos,
todo lo que haya sido real y duradero.

Diseccionar tus ratos,
cuando hacías del tiempo una hondura infinita;
y de la lluvia, incógnita y certeza;
y del cielo, celeste y fugitivo.

Y empuñar tu destino, su aventura
de sueños mitológicos,
donde logre ser mártir de tus nocturnas glorias,
dejándome morir en el altar
de tu pirámide, inmolado.

No sé si pueda abrir nuestro futuro,
pero puedo nutrir esa complicidad
por la que nunca más debiéramos
evitar lo que ansíe suceder.



domingo, 2 de octubre de 2022

Sepulcro en la noche

Así como una mandolina busca
el beso dócil
de la canción exacta;
la tarde,
sobre mis ojos pájaros,
la beldad del crepúsculo;
y el verde,
en el azul turquí,
el negro de la sombra.

Llovizna sobre el patio
mutismo de muralla y bicicleta.

Susurran los ramajes, susurran
voces de albergue,
voces por la demora de las aves.

La casa está enlutando sus visillos.
Espero que el deleite de la brisa
y las luciérnagas
y los dioses jocundos
me acerquen los puñales de los besos
y la dulce agonía
y la gloriosa muerte hasta mañana.

sábado, 1 de octubre de 2022

El músico


Oigo los tímidos acordes,
en áspera armonía combinados,
ascender y bajar en compases hirientes.

Noto los dedos duros, malheridos
sobre la cuerda indócil,
vertiendo progresiones imprecisas.

Tenaz, el alma,
lanzándose frenética en su fe,
desde la cima con la guitarra pronta,

surca al final —balada en mi menor—,
la consonancia del heroico vuelo
en el olvido azul del gris aprendizaje.



viernes, 30 de septiembre de 2022

Es imposible amar la lluvia de este día

En el momento de mayor ceguera,
de suspendida ensoñación,
llegó la lluvia con pinceladas libres,
barnizando los árboles, las alas de los pájaros.

Su voz aturde —eterno duende—,
punza el aroma a mundo antiguo,
agobia la eufonía de entrañables anécdotas,
galopes de nostalgia que transitan
los prados infantiles.

Corpúsculos de acero caen
sobre el tendido césped del espíritu,
sobre la rosa cardinal del alma.

Ya no alcanza su hechizo
ante la vil tarea de espantarme
las moscas de la herida.

Eco hostil de la angustia,
néctar tardío,
lienzo inservible a la mirada lívida.

Ha llegado la lluvia con sus diosas alegres,
pero no logran arrancarme
de mi sed harapienta 
en este escaso fluir de mis nacientes.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Tránsito



Como todos nosotros,
segundo por segundo,
ella también está cayendo
en el abismo irrevocable de su tiempo.

La gravidez del vientre
en el incómodo sofá,
la lánguida mirada
soñando su maternidad.

En el hijo que espera,
así mismo, el gusano de las horas
va irrumpiendo en el lodo 
de su engendrada finitud.


viernes, 23 de septiembre de 2022

Puta soledad

Si mucho padecí ante el vacío
de la noche la puta soledad,
y azorado escuché en la inmensidad
del alma su pavor, su acento frío;

si la mudez de la infinita nada
en el hondo desánimo detiene
su aroma sostenido, que contiene
sólo angustia y razón encadenada...,

me arrancaré la insoportable piel
para abrazar, sangriento y sentenciado,
al destino con carne ya desnuda,

para beber mi amarga y propia hiel,
y hundir todo mi sueño domeñado
en la indolencia de su alcoba muda.