jueves, 18 de julio de 2013

Amor y deseo



Los amantes persisten, más allá del deseo,
en la búsqueda del amor,
creyendo que el amor pudiera ser
la consecuencia del deseo,
como si al apagar el fuego de la carne,
de sus cenizas últimas surgiese
otro fuego más vivo, como un fénix de lumbre,
para que con sus alas los cubriese
y vivieran por siempre felices y acunados.

Pero intuyen las brasas del deseo
y la desnuda piel sobre la piel del otro
que la luz del amor es propia
aunque nazca también
inusitadamente del deseo.


sábado, 13 de julio de 2013

Que no llegue todavía




Su sombra te acaricia, le niegas tu mirada.
Esta noche, te acecha con hambre de infinito
por tus ensueños malgastados en el mundo,
con el mensaje dulce de su canción perversa.

jueves, 20 de junio de 2013

El último canto




Persigo confundirme con los anélidos del cielo,
retorcerme en el lodo de las nubes, en la voraz espera,
beber la lluvia de los dioses
que hace siglos no cae
sobre nosotros,
deglutir una estrella oscura que gira en vano,
el excremento de un avión de caza
con la lista de todos sus cadáveres,
perforar el ozono con mi hambre maldita,
asumirme asesino de mí mismo
para volarme el alma inútil.

No más ofrenda a los misterios, no más suplicio;
tan sólo apologías del fracaso,
la vanagloria de los dioses
y la infidelidad a los jazmines.
Nunca más la apetencia de dicha del baboso.
Aplaudiré la ruina de mi templo romántico.

Será mi canto último
la melodía ronca que arranque
afrodisíacos en el surco, blasfemias en el sueño,
escupitajos a la inspiración encorsetada,
desprecio al ritmo acentual de la metáfora.

No tengo nada que perder;
ya libre de mis alas
me adaptaré como gusano de los cielos.


martes, 11 de junio de 2013

Amiga mía



El diálogo es dilatado como la pupila iluminada del Infante. 
                                                                           (E. R. Aristy)



Amiga mía,
las notas de palomas mensajeras conducen nuestro aire,
y el aire se desmiga en lluvia,
sosegados torrentes para mis oídos.
Por favor, nunca hablemos del invierno,
de aquellos tropezones de los ojos en los pardos colores de la vida,
siempre seamos libres de crepúsculos estériles,
de inabordables sombras vivenciales.
Que la ilusión navegue todavía
como una balsa de ultramar de la rutina, repleta de abalorios
para tus sueños consentidos, por esperar mis noches,
las confesiones de mis noches, mis ambiciosos pensamientos.

A veces me traicionan las palabras, y esa infame simpleza
pretende revelar el vivo sentimiento detrás de tu mesura,
las alas de tu espíritu, los rostros de tu historia,
los latidos sangrantes de tu infinitud.
Entonces me estremezco vergonzoso ante tu voz que no responde,
y busco estar tan solo como el alma del hombre,
con el rumbo perdido de mis tristes palomas,
rota la ruta de nuestros audaces ímpetus.

Cuántas gracias surcaron otras nubes:
chispas, gracejos, ocurrencias, en tiempos de mi inexistencia,
mientras almacenabas los temblores para mi arrebato
de hombre enmascarando su génesis primate.
Qué posible sería la fiesta de la plática contigo
sin los ecos de cláxones de tus lejanas vías,
ahora que no existen cautelas para el miedo
de arrancarnos las infantes palabras.