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viernes, 14 de junio de 2024

El silencio de los inconclusos



La locura del verso, cuando en la tarde,
junto al ahogo del crepúsculo, 
se apandillan los pájaros deformes;
y a través de la mano del poeta 
se insinúa el esmalte de las alas,
las plumas recompuestas 
que apaciguan heridas de la sombra...,
en plena noche acude la emoción.

Las diosas que de entre el misterio surgen 
se deleitan con líricas criaturas 
glorificadas en sus brazos,
y en feliz embriaguez 
ungen la frente de los elegidos.
Virus azul hacia el contagio, 
fiebre que alumbra todo espíritu.
¡La enfermedad divina del talento!

Mientras arde en silencio un hombre 
en su oscura labor, tallando en la madera 
candente de las horas, 
con el leño incendiándole las alas,
los vocablos tozudos, las afonías últimas,
su rostro aprisionado en el carbón.

jueves, 18 de abril de 2024

El pájaro que nunca vio la luz

Eres pájaro tonto. 
No sabes emprender el vuelo
(sólo tristes corridas, 
duras elevaciones casi a ras del suelo).
Nunca has surcado el aire como vuelan las palomas
enfrentadas al halcón peregrino, como cazan las águilas reales.
Frente a la belleza del vértigo, tu alma de pájaro arrogante 
está desalentada y agoniza y araña 
detrás de la quimera. Deberías arrancarte la venda.

Eres pájaro imbécil. 
Jamás luce la luna en tus bosquejos, 
ni vuelan mariposas en tu numen.
Tus manos se han entumecido 
en los inviernos de la estrella.
Detrás de tus paredes hay demonios 
que esperan la irrupción de tu silencio.
Vives en la catástrofe del grito, 
en el tiempo obligado
a seguir la sequía de los páramos, 
la oscuridad de los relámpagos,
aquella eternidad encarcelada, 
tus sueños bajo máscaras.

Aunque veo que tienes la edad de los valientes, 
de los que han sepultado su inocencia, 
recomponiendo penas 
que ya no influyen para nada
en tu memoria llena de parásitos; 
aunque el tigre de Borges te ha comido la vista, 
te extrajo ambos ojos y hoy, apoyado en tu bastón, 
bajas por la escalera de la noche, 
del otro lado de la noche: la ceguera psíquica..., 
sabes que estás perdido 
en los amables gestos de la ruina.

Tus voces siempre cierran la boca de tu espíritu, 
ya que el recuerdo de aquellas cadenas 
daña tu innoble corazón.
Sólo te resta enterrar tu amargura, 
los días desolados,
y sufrir la agonía sideral 
de los mortales que se aferran 
a tumbas criogenizadas.

Ves partir hacia el infinito 
debajo de las nubes las pandillas de pájaros 
a punto de encontrar la absolución.
Vas sobrellevando tu vida, 
ignorando que es tarde en el abismo,
oscuramente tarde. 

Con tiempo justo para la partida,
voy cantando en tenor la última canción, 
con buena melodía y con sarcasmo:
«¡Buenas noches , amigo!
¡Buenos deseos a tu terca vida!»


miércoles, 8 de noviembre de 2023

El cuadro de la flor que cae


Las flores últimas del mirto caen en furiosos latidos de la tarde.
Mi mente, donde llueven los espejos de mi rostro,
retienen degolladas gotas que sangran como aterrados crepúsculos,
y riegan los antiguos alelíes de mi infancia 
en mi prisión del tiempo.

Tengo sombra de bosques en mi entraña,
una caída aparatosa en mi semblante,
una ración de hambre de las horas,
y unas manos que escriben lluvias en mis insomnios últimos.

Así se bate mi alambrada, 
embestida por monstruos que me invento,
mientras amo de espaldas sobre la vida entera,
para esperarme libre
asesinado por el polvo.



martes, 7 de noviembre de 2023

Sumario de lo hecho

  

Quisiera perpetuar el letargo del aire que aspiran mis pulmones
como parálisis del sueño o mordedura de serpiente;
así este tiempo último, de buenas fuerzas todavía,
valdrá para destruir aquellas dudas apremiantes de lo hecho.

Este montón de antiguos acordes sofocados del recuerdo
saldrán en reflexiones íntegras, quizás un tanto crudas,
de la mente que lucha palmo a palmo en su bosque invernal,
por el sereno aliento que reclaman las simbólicas hojas amarillas.

La fecunda insistencia de la aurora en todas mis infieles junglas
me traerá la soga inspiradora que me rescate del pantano;
y, entonces, sol y brisa, solamente, como domados dioses,
serán testigos de aquella alegría lenta que devuelve la paz en el reposo.

Salvaguardadas una vez las lluvias, mientras retornan a sus cielos,
ardiente todavía el corazón en su partida, sacando las anécdotas ocultas,
hablaré de las horas encendidas, de ese rojo imposible de la rosa,
como el vuelo de un pájaro que busca su merecido éxtasis final.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Apostasía



Retazo de animal prehistórico:
¿pretendes que el mundo se vuelva tu bosque encantado?
Aunque eres un felino, una serpiente astuta,
dinámico y artero, persistente en la lucha por vivir;
en las tinieblas, al menor aullido,
te apresuras en encender fogatas frente a tu gruta.

Tus refinados alimentos te llevaron
a la débil quijada que no puede
ya destrozar la carne a dentelladas,
y tiemblas de orfandad cuando extravías tu cuchillo.

Hoy cantas, vociferas, desafiante, orgulloso
de tu intelecto mísero,
mientras tu gran problema se enraíza
muy lejos de los cánticos y altares:
no tienes ya deidades que adorar,
ni tanto vértigo para el agnóstico derroche.

lunes, 1 de mayo de 2023

Represa del gran demonio

Soy el demonio que puede provocar la gran catástrofe.
¡Aguantadme la risa que no consigo contener!
Suponed mi figura rojiza y fulgurante
bajando con las aguas en brutal destrucción.

Aunque se me ha otorgado poder discrecional
por parte de los cojonudos dioses, no abriré las compuertas,
no dejaré a las aguas arrasar los poblados.
Yo soy el buen demonio para el hombre gregario,
y debo como tal encauzar los caudales.

No es bueno para nadie que torrentes anárquicos,
cual vómitos de dioses destructivos,
empujen los navíos de la muerte,
y asalten, cual piratas execrables,
vidas y haciendas de los valles bajos.

No es bueno para nadie que negras turbulencias
precipiten los ánimos de los sobrevivientes;
y es menos bueno aún envenenar las almas
de tristes habitantes confundidos
que siguen adorando un solo Dios
por miedo a la vehemencia de los cielos.

Como tantos otros demonios, amo
yo también a los hombres, y deseo
cuidar de sus cosechas;
y gozoso, dejar que las muchachas
se reconozcan en la carne;
y dejar que el anciano se sirva de su cántaro,
para el sacro brebaje de los ritos
en las praderas ancestrales.

Agradables murmullos
del curso heroicamente controlado
llevarán en las noches las tranquilas corrientes
dominadas por mi gran voluntad.

Así pues, hombres de dudosa fe:
ofrendadme vuestras doncellas núbiles,
tenedme como único demonio, y jamás olvidéis
que un enojo causado por vuestra traición
abrirá la fisura y romperá el gran muro.

Hombres que vivís en los valles:
jamás provoquéis mi arrebato.

Y, por las dudas, como a Dios, ¡adoradme!
Ja ja ja

lunes, 24 de abril de 2023

El glóbulo perdido


En tus entrañas, mundo mío,
desorientado anduve por tus ríos de sangre,
nadando con aprieto las espesas corrientes,
tímido, siempre temeroso de enfrentarme a los virus de la angustia.

Cuánto quería yo volverme tamborillero de mi infancia
y luego monaguillo, recolector de canastillas, hijo de todas las iglesias,
y luego hijo de papá, con anteojos, risa dorada, modales afectados,
y luego el chico alegre confesándole al tiempo: «cuando grande seré aviador»,
y luego rápido a crecer porque el orgasmo rastreaba ya su término primario.

Úlcera me causaban las calles donde yerra la miseria,
me derramé sobre las casas cerradas por el gran dictador,
y en sus nocturnas plazas vacías me iba a orinar canciones
con la incontinencia del joven rebelde que adora la libertad.
—¡Salud! —me decía un mendigo que huía del frío por toda la eternidad,
y los cuervos con sus roncas siringes cantaban sus preludios de muerte.

Mi ataúd era espuma de las noches, donde hermosas rameras
desinhibidamente fornicaban en lento amanecer.

¡Qué delirio de azul inmensidad me sostenía!
Rico en agobios suspiraba por cornisas de altas azoteas
esperando mensajes de palomas, noticias de otras guerras,
invitación al odio donde gastar mi tedio matando grillos de canciones átonas.

Ahora soy el glóbulo perdido de este cuerpo atomizado,
el hematoma atroz, la purulencia fétida, la bacinica de las monjas azules,
hermanas de la caridad que adoran con candor mi agonía.
Soy la célula cambiaria, el detritus que resbala
por las alcantarillas de mi digestión hasta el pozo ciego cada día.

domingo, 2 de abril de 2023

La irrupción impertinente del canto de los grillos



Me detengo a oír un estrepitoso coro de grillos
tratando de ajustar el tono de su bulla. Pero oír su tono
de empalago es insoportable. No deseo participar
de esta monodia auditiva. ¡Cállense ya, apaguen
ese traqueteo, esa desilusión armónica!

Después de la llegada del silencio,
en el oído sigue retumbando esa forma primitiva de intentar el canto,
esa aún victoria de la cadencia, esa lucha tediosa por el ritmo.

Y la mente sufre la callada repentina de los grillos
pues volverán para practicar con la animosidad de mi madre
en su máquina a pedal, acompañando el repiqueteo de la lluvia.
Me espera una noche espesa como los pétalos de los pimpollos,
y voy a mirar en el silencio la señal de arranque, el primer trueno.

Me han dicho que el humo del cigarro puede traerme la paz,
pero ya no concibo envenenar mis pulmones, ni siquiera pasivamente.
Tal vez las ganas de comer un pedazo de pan con queso
acompañado de un buen vino
no sea mala idea, mientras espero la irrupción insoportable,
impertinente, del canto primitivo de los grillos.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Anécdota de una noche con mi hijo


Mi hijo está sentado en el jardín
y la noche está perfecta y estrellada.
Sin amor no tienen los hombres una buena casa,
con un jardín bien cuidado, donde los pájaros
emiten sus alegres cantos, de tal manera
que un pequeño paraíso los refugia.
 
Mi voz es una soga que lo tiene ligado por el cuello,
imposibilitándole zafarse, ¡y hoy es sábado:
el cielo de la rubia de la esquina lo espera!

Mi hijo calla: «cuando joven, tú también
tuviste mujeres que te esperaban».

Pero hoy le exigí que nos vayamos de juerga,
y caminamos por los suburbios de la ciudad lujuriosa,
bebiendo ríos de cerveza,
abrazados como dos alegres vagabundos.
Sin amor, la cerveza se amarga rápidamente,
y se hace imposible colocarle oropeles
a las palabras que fluyen en el diálogo.

Frente a un prostíbulo, le dije:
—si decides practicar sexo con rameras,
no te olvides que no valen nada sus sonrisas,
el recuerdo será siempre un cuadro volteado,
y llevarás cada vez soledad hasta la cama,
y tu deseo de amar se duplicará.

Las putas siempre se acuestan como cadáveres
en las largas trincheras de la noche,
en heroicas batallas por la vida.
Sin amor pueden pasar hasta cien soldados
sobre su físico cansado,
sin que por ello el ocio se vea amenazado (ni la sonrisa).

Lo llevé a un bar (no deseaba ya otra cosa
que no fuera mi amistosa compañía).
—Sólo deseo recordar —le dije—. Pues, te contaré
cómo fue mi inolvidable amor con tu madre
para que aparecieras como un pez cristalino
chapoteando en el agua de nuestros lagos días.
Y cómo empezó a llamarte mi voz de padre, ese hombre
que pocas veces fui y nunca me perdono.

Hoy una ancha sombra nos separa, hijo mío,
una sombra de adultos sin ganas de reír al mundo;
y tu hijo, mi nieto, quien sonríe a mi lado con su chocolate,
deseará también él ostentar un padre que le cuente
cómo el inolvidable amor se abre de repente.



sábado, 20 de noviembre de 2021

El libro de Borges




En esta mañana productiva, mientras escribo en el ordenador,
me llama la atención a un costado de mi escritorio
un libro: "Borges, Obra Poética”.

domingo, 24 de octubre de 2021

Alquimia del poema

El poema, después de cuánto rigor de la voluntad,
o luego de la consecuencia del encendido estro,
se torna más o menos íntimo,
se aproxima un poco más al espíritu,
se hace más sinuoso, más elevado,
y empuja a enardecer el alma.

En manos de qué duendes de la eternidad
los versos dejan que sus aguas indecisas 
tomen el curso
de una escalera que hacia el cielo 
sube entre las nubes a tientas.

¿Será también en el poema, además de la gnosis, 
el hechizo,
el material del que está hecho?

Porque si el verso, la metáfora, la estrofa, el adjetivo,
la entonación sublime, el ritmo,
son todos sospechosos de causalidad, el poema 
se nos hace absolutamente innecesario.




viernes, 14 de mayo de 2021

Huéspedes


Hoy recuerdas a las personas que salieron de tu vida,
hombres y mujeres que sientes viajan en los misterios de la eterna soledad,
en el lento tren de la ingratitud y en la hosquedad de los disgustos.
No te has percatado en qué instante abandonaron tu hospitalidad,
cuándo sintieron la humedad de tus noches, el frío de tus charlas,
el patio abandonado donde se nutre tu nostalgia.
Algunas se fueron con una sonrisa de “recuérdame”; mientras,
otras, dando portazos de indignación ante tu negligente despedida.  

Por estas razones estimas hoy a las personas que perduran en la travesía.
Te ves en el espejo: farsante Dorian Grey, su fantasma rapaz,
su blanca sábana flotando entre el gentío, su atractivo de azufre y falsedad.
Y ves las sombras de parientes muertos sobre los tallarines,
sobre el disfrute iluso de la vida, sobre el latido de la casa grande.
Y ves una intemperie para siempre como tu destino en el mundo.

Aúlla un lobo huraño en tu mirada, y rondas la caverna de la llama,
buscando distinguir aquellos gritos ululantes que crearon la tribu;
y un incendio de sangre, una lava desatada, abre la boca
del volcán de tu pecho. Y callas para auscultar tu abismo.
Es como si no existieras en el gen de tu hijo, como un extraño
en el aire de los vientos propicios y de la brillantez del tiempo.
Como si en tu excitante laberinto alguien hubo cortado tu hilo de Ariadna
para perder la ruta de regreso a tu arraigo, tu vocación de sólito.



jueves, 14 de marzo de 2019

Separados luego de vivir un gran amor

Al separarte después de haber vivido un gran amor,
el manto edénico de la dicha cae sombrío
sobre los restos de fantasías que te restan;
y todos los idílicos minutos, esos sostenidos abrazos,
esos besos profundos como el pozo de la celeste bóveda,
esas risas que espantaban las dudas secretas de la pasión,
esos furores de lujuria, esas valentías para cazar
a las bestias de tu corazón, todos los rayos
que nacían de tu cuerpo fuerte, joven y hermoso,
para encender las mechas de los sueños,
de los proyectos más audaces. . . ,
se encuentran hoy detrás de un espejo patente
donde hace su triunfal aparición el rostro envés,
el Jano de tu historia.

La memoria se vuelve sideral para exponer
los cuantiosos atajos que pudieron obviar el infortunio.
¿Recuerdas que los pájaros volaban en círculos esféricos,
violando todos los principios de las ciencias zoo-lógicas,
y esperaban como electrones crear la eternidad de la aventura,
el síndrome de la felicidad, el mundo de tu boca?
Vigilando que no se vacíen nunca los placares,
ha ganado tan solo ser testigo de libros esparcidos
y almohadas tiradas por el suelo.

Cuando se ha amado mucho tiempo, separarse
es una hiena que empieza a morder
y arrebatar la carne del tiempo disfrutado:
los mágicos momentos en que te quitabas la ropa,
la minuciosa cábala de las noches de amor,
y hasta tus descorteses arrebatos de cólera
(que hoy suenan a graciosas niñerías).

Cuando llega el avión que ha enfrentado la tempestad,
me encuentra sin expectación en el aeropuerto,
con tanta gente circulando vanamente a mi alrededor,
con el pasaje en mano para un distinto vuelo
(un largo vuelo en soledad, dolorosamente sin ti),
para otras tempestades, para otros cruces de mar,
sin posibilidades de una venia, de un retorno,
de una piedad a mi derrota.


domingo, 20 de marzo de 2016

Primer vuelo en avión


                                                                                 A José Manuel Sáiz.


Era yo todavía un escolar
cuando me cupo viajar con mi tía
por primera vez en un avión.

Arrinconado junto a la ventanilla,
observaba con reproche su calma, su relajante
disposición a hojear la revista que había sacado de su bolso,
porque sin duda necesitaba yo su ayuda
para sortear el miedo a mi primera experiencia entre las nubes.

En la fila opuesta, otro niño me observaba con complicidad,
sin abrir nunca la lata de galletitas que llevaba en el regazo,
aunque no dejaba de darle vueltas y vueltas,
dando a entender que su deseo era abrirla, y quizás convidarme.

Al despegar el avión, abandonó su lata,
sus manos sólo atenazaban el posabrazos,
y sus ojos se cerraron con fuerza tras sus gafas de carey.
Entonces comprendí que el coraje, del cual siempre carecí
para conquistar el amor de la pelirroja y sonriente Zully,
dependía únicamente del empeño en el dominio de mí mismo
para no temblar ni cerrar los ojos al caminar a su lado.



martes, 22 de diciembre de 2015

Razonando con mi descuido




Sé que estoy en el callejón sin salida del unicornio azul,
y todo lo que digo ya lo he dicho cientos de veces.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Habitante de raza urbana




Yo sé que pertenezco a la raza urbana,
de innegable prosapia transeúnte, con escasos ensueños
y un corazón entre dos hamburguesas con mostaza.

Amo a la reina del barrio y, en los callejones o debajo
de los viaductos, he tratado de hurtarle su guardado sexo
en el cinturón de castidad del matón de la cuadra.

Voy creciendo con los baches del asfalto,
sin pretensiones mayores que beberme una cerveza
en el bar de la esquina.
Mi padre hizo lo mismo, caray. ¿Quién podrá reponerme
la falta de cariño, te quiero con el alma?

Cuando sea muerto quiero ser mi propia meta.
Me escondo de las burlas callejeras
que buscan mi pescuezo emancipado.

No sé de cual ancestro me viene el entresijo,
la gran facilidad de convertir miseria en felpa,
el grito callejero de un borracho en trino de un jilguero,
el carajo del más fuerte en motivo filosófico,
el aviso de la televisión en un verso rápido,
la luna en un nomeolvides,
las guerras en sonetos con epígrafes,
y el miedo de morir en el mismo sofá que arrellanó mi adolescencia
en un decente matrimonio con cuatro hijos.