lunes, 5 de octubre de 2015

El silencio de los inconclusos




La locura del verso cuando, en la tarde,
junto al ahogo del crepúsculo se apandillan los pájaros deformes
y a través de la mano del poeta se insinúa el esmalte de sus alas,
las plumas recompuestas que apaciguan heridas de la sombra,
con la noche desata la emoción.

Las diosas que de entre el misterio surgen, se deleitan
con líricas criaturas glorificadas en sus brazos,
y en feliz embriaguez ungen la frente de los elegidos.
Virus azul hacia el contagio, fiebre que alumbra todo espíritu.
¡La enfermedad divina del talento!

Pero un hombre más silencioso arde en su oscura labor,
tallando en la madera candente de las horas
con el leño incendiándole las alas,
los vocablos tozudos, las afonías últimas,
su rostro aprisionado en el carbón.


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