jueves, 21 de abril de 2016

Con el palo de fregar como terapia


A veces me da risa lo de siempre.
Antes sí me irritaba,
hoy ya no tanto;
pero nunca me acostumbré
a los tenaces golpeteos
de su palo de repasar contra los muebles,
las paredes, las puertas,
metódicamente, durante todo el día,
como si esa tarea
la mantuviese eternamente joven.

Aunque sé que tampoco
puedo sentarme todo el tiempo
tratando de aprender la lengua del fregado,
de igual manera,
ella entrará azotando las esquinas
con su palo de repasar,
el escritorio, la silla, mis piernas, mis ideas,
y me levantaré
para que pula el piso donde estaban mis pies,
con mi sonrisa de condescendencia,
como todos los días.
Para que luego de que yo muriese,
nunca sienta que me irritaba
(he mentido en el verso más arriba)
terriblemente su faena de limpieza,
su terapéutica manera de fregar.



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