martes, 30 de mayo de 2017

Esta ciudad siempre fue nuestra


Hermosa en su lujuria,
y tus pasos de eróticos tacones
y tu pálida risa
y tu forma de echarte entre mis brazos,
ahora me devuelven tus ardores
en las calles oscuras y vacías.

Has regresado hoy a mí,
a mi memoria que esconde tus caricias,
historias de alboradas latiendo entre tus piernas,
una canción testigo de múltiples orgasmos,
una mirada presagio de diluvio.

La soledad tendida sobre el recuerdo
deja su resplandor monótono del día
y duerme con las ropas de faena,
y mi cuerpo comprende el lenguaje de fuego
así como el silencio de tus labios.

Mi cuerpo quiere ser de madrugada.

Cada vez más intensa,
como una explosión de luciérnagas felices,
entre el cielo abierto de par en par a tu ventana,
la ciudad abandona su rutina.

Sobre la sábana rugosa,
donde la noche aguarda
que te desnudes
y que estalle la luna en los cristales,
reconstruyo con tacto, piel y besos
mi reino en ruina.

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