sus timbres en el eco del barullo.
Es hora de cosecha de los dioses,
hora de saciedad celeste.
Ni el llanto ni la risa
ni la razón ni los instintos
logran besar el cuello de la luna, aunque
la noche se desnuda ante mi alcance.
La casa está sin luz. El cuarto,
en corro de sigilos.
El perro duerme en todos los rincones.
El guante de las cosas
cubre mis manos desgarradas
por miedo a desangrarse en la apatía.
La noche, en vano.
Un poema que logra mostrar la soledad de la noche, las dudas del existir. Trasmite una gran desolación, un punto de inflexión al que se llega tras una lucha que deja extenuada al alma.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho como esta planteado y la descarga de emociones que deja en la memoria.
Un placer venir amigo.
Abrazo fuerte
Gracias, amigo. Eres realmente muy amable. Es un honor. Abrazos. Óscar
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