miércoles, 17 de noviembre de 2021

Terminar lo consumado


Con mi padre y mi abuelo ya muertos,
y mi hijo y nieto relevando mi sangre,
hallo que, prácticamente,
he vivido todo, he soñado todo;
y mis piernas empiezan a ceder,
como si pasase de largo la música de Bach
sobre mi falta de concentración,
sobre mi espíritu sin cúpula,
sobre el sonido de mi propios huesos.

Sin piedad se repiten ciertos ritos:

me despierto temprano sin despertador,
pago mis deudas con escrúpulo,
abro las puertas del pasado
para ver que ya nunca las podré traspasar,
nada de lo mal hecho podré ya corregir,
y en medio de mis pocas lagunas de esperanza
mi rencor va perdiendo de a poco su asesino.

Transito las arterias de mi barrio
eludiendo las mismas cuadras para no aburrirme,
sin arte, sin aplicación, sin mirar nunca el cielo,
con el deseo de satisfacer apetitos suicidas de mis tripas,
corriendo detrás del dinero en efectivo
para comprar el tiempo que me lleve
a abrir mis pulmones al aire de la madrugada,
acoger a los ángeles que cantan sin cadenas,
y concluir con ellos lo que está consumado.



martes, 16 de noviembre de 2021

La igualdad del cielo

Abriendo la ventana me amarillo,
a unos metros de donde grita el muro.
Resoplo y me silencio los tacones
que en la noche estuvieron resonando.

Encierra las anónimas miradas
los ojos disparados a los cielos,
la muerta calma y las ganas muertas,
el día que eterniza su modorra.

Abriendo la ventana me repito,
colgado del barrote todo el día,
mirando en un rincón entre las piedras
la roja inexistencia de las flores.

Aunque abarcan mis muros desolados
los mismos cielo y sol del hombre libre.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Las muchachas del cañaveral


Es tarde ya, muy tarde,
no precisamente en el día,
sino en el tiempo,
para bajar cantando hasta el plantío.

Con afán, he llegado a la colina
donde ansiaba una imagen minuciosa del mundo,
el altar del silencio, las cosechas doradas,
pero el otoño vino a las alturas
y los bríos recorren desnudos la ladera.

Las muchachas sonríen juguetonas
en los cañaverales,
se tumban en las islas de las ramas
tronzadas, con ardor,
sobre las hojas de las cañas dulces,
felices al estar rodeadas por hombres,
y descubren sus muslos alzando las rodillas,
vertiendo sus instintos bajo el sol.

Los hombres muerden los jugosos tallos,
mientras observan con deleite
desde los cabellos hasta los pies
a las negras muchachas;
y algunos estiran los brazos
y con los dedos insinúan las caricias,
y hacen como que no las miran,
con los ojos ardientemente abiertos.

Mientras cazo imposibles mariposas
para el museo de la azul belleza,
yo sólo admiro solitario
cómo sustentan sus vigores,
cómo rasgan la luz con cañas seccionadas,
cómo descansa el sol
sobre la flor semidesnuda.

La vida de los valles del pasado
y el crepúsculo me hacen sombra.
Una ceguera irreversible me apodera.
El aire trae, en ondulantes hojas,
el aleteo de la piel
y los deseos juveniles.
Desde la edad baldía, no avisto ya el matiz
del eterno verdor, e inútiles
se vuelven las palabras para glorificar
los prodigios del día.

En segundos, estoy en este día,
el otro día, inesperado día,
donde ya nada existe.
El campo es un desierto,
los pájaros huyeron en bandada
como una nube hambrienta,
la sonrisa ha dejado su eco doloroso.
Se esfuma el río,
y la dicha de los cañaverales
cabe en una olvidada sed
de mi memoria.

Me estoy yendo,
es tarde,
veo desdibujarse el cielo,
las sensuales sonrisas
de las muchachas del cañaveral.
Y sé que nunca
retornarán en esta mañana luminosa.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Vuelo del día




Cargas sobre tus alas este día
y su impiedad te abate.
Soportas, cada vez, un gramo más
sobre las quejas de tus hombros.
La insoportable vastedad de agnosticismos
se hizo bosque sobre tu tierra fértil,
copiosa lluvia, viscoso barro,
en el desastre de la inundación.

Prudentemente yerras por los misterios hondos
agazapado, y andas
tragando manjares de impotencia,
oscuridades netas,
porque la luz no existe, ni su reflejo,
porque vives sufriendo el espesor del aire,
y siempre deplorando las nubes de los besos
en las pasiones idas ya del alma.
Inconsciente viajero de las horas,
te adueñas del espacio en el vacío,
del límite entre abismo y esperanza.

La estética, el amor, la poesía,
te arroban al crepúsculo encendido
para vivir colores instantáneos,
pero jamás al verdadero orgullo
de haberte superado
en los anhelos íntimos.
Habita un hombre en ti
a quien es muy fácil amar pero no amas.

La mitad de ti mismo se encuentra fatigada,
la otra mitad está desfallecida.
Luego de haberte desprendido
de todos tus cadáveres,
cargas sobre tus alas este día,
y a duras penas logras
el vuelo que el espíritu requiere.


jueves, 11 de noviembre de 2021

Ritual de los amantes




Sucedió lo que siempre nutre a los amantes:
se hizo mar el silencio
ahondando en la distancia nuestras costas,
diluyendo tu nave
cubierta por la bruma de tres días.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Tuya es la noche




Tuyos son su sombra y eterno cobijo,
y puedes llamarla soledad intensa,
sufrir en su abrazo
el ardor oscuro de su fiel caricia.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Rendido ante la otra suerte

Perplejo miras desde tu experiencia
tantas suertes errar atormentadas
en sus fatalidades enclaustradas,
donde el caldo de albur y efervescencia.

Cuánto repudias contemplar el mundo
desde el ángulo estoico del humano
destino; cómo niegas, en el cristiano
axioma, ver el límite rotundo.

Luego, cuando tus ojos digan basta
al extravío de no ver el cielo
con su inercia que todo lo desgasta,

te inclinarás con aterrado velo
ante la fe que brinda la otra suerte:
vida eterna en el reino de la muerte.

martes, 26 de octubre de 2021

Frente al semáforo

En las horas de intenso tráfico,
observo los adustos rostros
y coches impacientes detenidos
frente al semáforo insensible.
Aguardan la señal de la luz verde.

Y me pregunto: ¿cuántos siglos
aún de evolución se necesitan
para que los hombres se crucen,
libres ya de frecuencias,
como pájaros en el aire?

Esto es todo de lo que disponemos.
Hasta este «orden» hemos avanzado.
Acéptalo o niégalo con gritos.
Nada hará cambiar el atasco.
El caos vuelve con cada apagón.


domingo, 24 de octubre de 2021

Alquimia del poema

El poema, después de cuánto rigor de la voluntad,
o luego de la consecuencia del encendido estro,
se torna más o menos íntimo,
se aproxima un poco más al espíritu,
se hace más sinuoso, más elevado,
y empuja a enardecer el alma.

En manos de qué duendes de la eternidad
los versos dejan que sus aguas indecisas 
tomen el curso
de una escalera que hacia el cielo 
sube entre las nubes a tientas.

¿Será también en el poema, además de la gnosis, 
el hechizo,
el material del que está hecho?

Porque si el verso, la metáfora, la estrofa, el adjetivo,
la entonación sublime, el ritmo,
son todos sospechosos de causalidad, el poema 
se nos hace absolutamente innecesario.




sábado, 23 de octubre de 2021

La dignidad del llanto



Has aprendido el llanto, como lo hace
el animal que en su porfía pierde
su vástago ante el tigre, y sobre el verde
consuelo de los prados se deshace
del agudo pesar de haber perdido
el grato amor y la alegría tierna,
recuperada la índole materna,
oculta ya su herida en el olvido.

Es noble, así, llorar la absurda prisa
del buen amigo, que en la eterna brisa
descansa ya de infiernos terrenales,
su lucha por vivir, rememorado
su espíritu guerrero, venerado
el horrible martirio de sus males.



viernes, 22 de octubre de 2021

Paz interior

Quiero creer que estoy aún distante, 
principiando recién el fin,
donde el mármol es cielo silencioso,
y la negrura no precisa ya
ser ganada.

Me he vuelto cauteloso,
como un vampiro,
al absorber las luces de otros tiempos.
Un dolor de pájaro de alas rotas
me consume.

Retornaré a las playas de tortugas
a esperar el desove como un depredador.
Tengo soñado nubes negras
por si el verano se vistiese de luto.

Quiero suponer que estos clamores
lograrán entreabrir tu boca para el beso,
abrir la cremallera de tu pubis,
atarte a hijos hiperactivos,
y recibir tu pecho nuevamente
después de los mellizos.

Sólo el sincronismo de una guitarra
puede brindarme una dulce canción.

. . . y cantas y no paras de cantar,
como un lobo que aúlla,
porque sientes en tus colmillos
la pérdida fatal y lenta de tu hambre carnicera.

jueves, 21 de octubre de 2021

Invocación a Eutimia



                                               Diosa de la alegría y de la tranquilidad del alma.



Te pido –cuanto amo la poesía–
me liberes del déspota implacable:
el Hastío –monstruo insobornable–,
y emerja siempre mi canción del día.

Proseguir con titánica porfía
en la senda difícil e insondable
de los versos, buscando –infatigable–
aquel azul que siempre se extravía.

Te imploro, para el lapso del futuro,
mitigues el destierro, el viaje duro
del alma, mi congoja de poeta.

Me prometas la miel de los laureles
–la inextinguible luz–, y me reveles
el atajo secreto de la meta.



Agonía en el viejo caserón

En este retiro del viejo caserón,
entre cuatro paredes,
se va esfumando el mundo
desde que he llegado.

Hoy es un domingo cualquiera.
La resolana del tórrido verano
embiste contra mí y contra mi perro
que dormita fiel a mi lado.

Se desvanecen los recintos
como detrás de mi nostalgia;
y en los altos rincones bajo techo,
al modo de otro paraíso oscuro,
—reino de las arañas—,
persiste ante mis ojos vacilantes
el infinito constelado.

¡Uy!, la gran luna vespertina
emana fuera de su órbita;
parece que mi vida
pende de la razón gravitatoria y última.

¿Soy acaso un guerrero moribundo?
Desde varias semanas hace
oigo su voz recalcitrante:
«admito la demora,
pero no cambio ya de parecer».

miércoles, 20 de octubre de 2021

Las extremidades del dolor

Cuando el poeta crea en soledad
y mira ese barrunto opaco de la tarde,
su crepúsculo mismo
—boceto en ocres de derrota y lejanía—,
bloquea sus ventanas, bien herméticas,
para sufrir la noche que lo tumba de bruces,
lo acosa, lo lastima y lo conduce
hasta el frío portón de la alborada.

A la mañana,
camina hacia el empleo
con posta y con reserva de caballos;
y aun así, lo vence la fatiga,
la ilusión encrespada;
y entonces sueña vomitar algunas piedras,
para cambiar de hombre
y no ya de caballo.

El viaje hacia la meta

¿De qué modo llegaste hasta esta posta,
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?

El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.

Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.

Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.

No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.

Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.

martes, 19 de octubre de 2021

Morir todos los días

Es posible morir en este cuarto,
oculto el cielo en la costumbre,
y oculta la vigilia
en la feroz oscuridad.

Morir cuando la sombra,
golpeando los sueños, los deshace,
los desangra,
para beberse sus esquirlas estalladas.

Cuando grita la voz
en sus vocablos más sonoros,
porque no finge ya el silencio
el nudo en la garganta.

Cuando los labios besan solo carne,
y la carne enrojece
de angustia inmaculada
en la boca anhelante.

Es posible morir todos los días
en negra soledad,  
por el hábito del naufragio
en el mar de la noche.

domingo, 17 de octubre de 2021

Kavafis



Constantino Cavafis.
Alejandría, Egipto; 29 de abril de1863 – 29 de abril de 1933)



Bebiste de la vida sus líquidos amargos,
y dioses confundidos
despreciaron tus besos.

Fiel mensajero de añoranzas,
buscando la belleza en los tugurios,
en las antiguas grecias
y en el amor prohibido.

Ante el pórtico del parnaso
no bajaban el puente levadizo
sobre el canal de hambrientas alimañas.
Fuegos de aceite recibías
desde las altas torres.
Brujas con lenguas afiladas
reían e intrigaban entre dientes
sobre tu  frágil apariencia.

Llovías abandono en las tabernas;
y el mundo celebraba,
como paloma de trágica caída,
que triste soledad te amaneciera.

Hoy vuelas por los aires de los siglos
con tu corazón griego, fuerte y libre,
de taberna en taberna celestiales,
dichoso, como una muchacha
bailando un vals.


sábado, 16 de octubre de 2021

Poetas que me habitan

Cada poeta que amanezco
encarnizadamente me destruye,
rehusando las imágenes logradas.

Las superpone, las permuta, las retoca
o les arranca sus colores que dice deslucidos,
y emergen mariposas del gusano.

Cada día el inédito poeta
amanece sin requerir a ningún dios 
la identificación de lo inexacto.

viernes, 15 de octubre de 2021

Vasos comunicantes

A Roxane Aristy




Amo la hondura
de las verdades que revelas
en cada cláusula de tu abstracción,
en cada pensamiento que escarba el resoplar de mi toro,
en cada estrella que inventas boca arriba sobre la hierba.

Navegas el mar del lenguaje
como un tiburón en búsqueda de plactons,
como el marino que nació
en el barco de pesca de su abuelo,
como un alcatraz sincronizado para clavarse en el mar.

Y me excita apropiarme de tus versos de playa desierta,
de tu poema de rosa amanecida en la lluvia suave,
de tus esplendorosas luciérnagas
que alumbran el camino hacia mis ansias de crear.

jueves, 14 de octubre de 2021

Ensamble de las noches que parecen ser eternas

El ala del recuerdo se desplaza
sobre el aire caliente de la noche,
y lagrimean infinitos cantos
bajo las estrellas de aquellas madrugadas.

Siempre seremos jóvenes gracias a los recuerdos,
jóvenes pintarrajeados de rostros con arrugas,
de miradas perdidas en cuerpos femeninos,
de piernas pálidas.

Esto siempre será de esta manera,
pues no se cansan de enunciar los días
su proclama ardorosa con la eternidad,
su proclama de prescindencia
de tu debilitado músculo.

Hienas, buitres, caimanes, carniceros
rabiosos e insolentes,
encandilados por la carne,
arquetipos del diablo siempre visto,
bestias que razonan con diapasón,
todos se acercan a besar tu paso, tu despaso,
para acechar tu arrastre por la postrera sombra,
bajo los árboles de la resignación.

domingo, 10 de octubre de 2021

Cuando la melancolía roe la pared del alma

Creo amarte bastante todavía,
aunque no puedo comprobarlo
en esta noche de indecisa luna,
hora larga que trae fatiga de los duendes,
punzantes colmillos de soledad,
una escena que crece con nostalgia,
y un corazón que ya no se estremece.

Veo que nuestra casa es un lugar
de conflictos, de incurias, todo el tiempo,
un dorado peldaño hacia el dolor
de los enamorados que no pierden la fe,
los que adoran a Dios en vano.
Creo que nuestra casa es un altar
donde luce la eucaristía de la sátira.
Un lugar donde ya no encuentro mi lugar.

Me hallo a gran distancia del puerto de partida,
y te sigo sonriendo como un tonto soldado
yéndose a morir en la guerra. Nada dices
de esas mañanas bellas
que tu pasión embalsamaba;
y nada repercute ya en mi canto:
ni siquiera los viejos pergaminos,
la pirámide fría en la intemperie,
los pájaros que enfilan
huyendo de este frío de mi alma.

Me hallo a mil años luz
de un beso tuyo como antes.