martes, 20 de septiembre de 2016

Paz interior




Quiero creer que estoy aún distante,
principiando recién el fin,
donde el mármol es cielo silencioso,
y la negrura no precisa ya
ser ganada.

Me he vuelto cauteloso,
como un vampiro,
al absorber las luces de otros tiempos.
Un dolor de pájaro de alas rotas
me consume.

Retornaré a las playas de tortugas
a esperar el desove como un depredador.
Tengo soñado nubes negras
por si el verano se vistiese de luto.

Quiero suponer que estos versos
lograrán entreabrir tu boca para el beso,
abrir la cremallera de tu pubis,
atarte a hijos hiperactivos,
y brindarme tu pecho nuevamente
después de los mellizos.

Sólo el sincronismo de una guitarra
puede brindarme una dulce canción.

. . . y cantas y no paras de cantar,
como un lobo que aúlla,
porque sientes en tus colmillos
la pérdida fatal de tu hambre carnicera.

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