lunes, 25 de abril de 2016

La igualdad del cielo




Abriendo la ventana me amarillo.
A unos metros de mí se impone el muro.
Respiro y me sacudo los tacones
que en la noche estuvieron resonando.

Encierra las anónimas miradas:
los ojos disparados a los cielos,
la muerta calma y las ganas muertas,
y el día que eterniza su modorra.

Abriendo la ventana me repito,
colgado del barrote todo el día,
mirando en un rincón cerca del muro,
la roja inexistencia de las flores.

Aunque abarcan los muros amarillos,
los mismos cielo y sol del hombre libre.



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