martes, 29 de marzo de 2016

Tuya es la noche




Tuyos son su sombra y eterno cobijo,
y puedes llamarla soledad intensa,
sufrir en su abrazo
el ardor oscuro de su fiel caricia.

Alma codiciosa, lánzate a su abismo,
busca los arcanos
de métricos gnomos, oye las cadenas
de azules palabras, pulsos de su enigma.

En su pozo antiguo
—húmero del verbo, húmedo de estrellas—,
róbale a la luna su imposible canto,
y calma el temblor de tu vena íntima.

De pasión mudable, su rostro infinito
ama tu desánimo,
mientras palidece, galáctica, eterna,
en el hipogeo de la luz del día.


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