sábado, 26 de junio de 2021
Fastidioso
Llama y llama y llama.
Insiste y espera
y espera a que salga.
Lo escucho y lo escucho.
Lo dejo llamar.
Sé que en poco tiempo
sospechará mi desprecio.
jueves, 24 de junio de 2021
Tirria entre dos poetas ideológicos
Cuando dos poetas medianamente humildes se enfrentan
por cuestiones de extrema poesía:
“tú esto, tú aquello”,
surge en las almas de las sensibles musas
un franco malestar y unas ganas de suprimir ambos talentos.
El afecto, la tirria (la ofuscación disimulada),
no necesitan aclaración directa
ni pedidos hipócritas de disculpas; como tampoco, abogadas del diablo con el cerebro lavado;
deben, esto sí, llevar el duelo a las metáforas, a los epigramas,
al indirecto lenguaje del contrapunto de los payadores,
porque ya no pertenecen al arte de la poesía,
sino al ingenio y la destreza de un trapecista de circo.
Avergüenzan al lector y al verdadero poeta.
Constituye un mal cálculo de altura para el vuelo.
Y no existe un avión de papel
que logre elevar el manuscrito de sus poemas con exceso de equipaje,
aunque haya tocado todos los registros de la aceleración,
y golpeado las puertas de cada ángulo de la irrealidad.
Afecto y tirria se necesitan como los polos eléctricos.
Poeta aquél:
"Musa querida: asegúrate de que fue verdad
todo lo que dijo hasta hoy mi poesía,
aunque todo lo dicho realmente me lo guardo yo,
y que tú nunca fuiste una casualidad de mi destino,
donde unas metáforas ambiguas se convirtieron,
por gracia del alpiste diario,
en el ruiseñor de agradable canto lírico,
más allá de lo que superficialmente haya dicho el poema."
Poeta éste:
"Querida musa: yo no sé él,
pero mi boca nunca profiere significados
que no se logran entramar con los hilos de la conciencia.
Jamás se entusiasma mi espíritu
con los histéricos bocinazos de la escritura robótica,
y menos aún con simbolismos íntimos de la vida privada
deben, esto sí, llevar el duelo a las metáforas, a los epigramas,
al indirecto lenguaje del contrapunto de los payadores,
porque ya no pertenecen al arte de la poesía,
sino al ingenio y la destreza de un trapecista de circo.
Avergüenzan al lector y al verdadero poeta.
Constituye un mal cálculo de altura para el vuelo.
Y no existe un avión de papel
que logre elevar el manuscrito de sus poemas con exceso de equipaje,
aunque haya tocado todos los registros de la aceleración,
y golpeado las puertas de cada ángulo de la irrealidad.
Afecto y tirria se necesitan como los polos eléctricos.
Poeta aquél:
"Musa querida: asegúrate de que fue verdad
todo lo que dijo hasta hoy mi poesía,
aunque todo lo dicho realmente me lo guardo yo,
y que tú nunca fuiste una casualidad de mi destino,
donde unas metáforas ambiguas se convirtieron,
por gracia del alpiste diario,
en el ruiseñor de agradable canto lírico,
más allá de lo que superficialmente haya dicho el poema."
Poeta éste:
"Querida musa: yo no sé él,
pero mi boca nunca profiere significados
que no se logran entramar con los hilos de la conciencia.
Jamás se entusiasma mi espíritu
con los histéricos bocinazos de la escritura robótica,
y menos aún con simbolismos íntimos de la vida privada
que buscan la aclamación por sus puertas selladas
para el pobre lector desconcertado."
domingo, 30 de mayo de 2021
Estoy envejeciendo
Entre mensajes de whatsapps y lluvias de emoticones y stickers,
escondido en las redes sociales como el ratón de mi cocina,
aún carnal, con mi libido puesto a motorizarse
gracias a los enormes avances de la ciencia,
manteniendo casi sin razón el lejano deseo de ser rico, famoso,
amado por el gran público (y sobre todo por las mujeres hermosas),
aunque también amanecido en la resaca, en el sin sentido de la realidad,
en la ansiedad de ver llegar al gran justiciero de la geopolítica
descargando su furia sobre los incorregibles aplastadores
de los buenos ideales, de los que luchamos contra los vicios de la codicia;
en una palabra, de los humanistas que embanderamos la honestidad,
entre charlas vagas de café y escuchas de rutinas de amigos y seres queridos,
soportando el desdén de los que miden la gloria con triunfos y fracasos,
el porcentaje de canas, la pelada, el color de los dientes,
como condición sine qua non del derecho a la palabra,
entre pastas al pesto, ñoquis a la arrabiatta, carne asada a la parrilla
con yuca y ensalada de lechuga, apio y rúcula.
En el tiempo el pelo se vuelve blanco y escaso, la frente se ensancha,
y el apetito sexual (otrora gran extintor de incendios)
se hace pirómano solo por ver a Roma en destrucción.
El otoño está pasando con dolorosas bofetadas, pesadamente,
y el jardín está frío, y la vecindad está vacía, y tú
que eres mi equis año, mi última soledad, estás también frío,
y solo la música se halla obstinada buscando amantes jóvenes.
Hoy he visto gatos hambrientos esperando en mi vereda,
y me he sentido feliz al verlos devorar los restos de mala muerte
que juntamos de nuestras irresponsables comilonas.
Cuando yo era joven vivía en mi interior acorazado
por la sensación de verme jefe de un grupo narcotraficante,
un contrabandista senior, un ladrón de Alibabá.
Hoy veo un cielo estrellado con luces titilantes y pájaros
que no desean ya esperar al rezagado del grupo,
un cielo luminoso más allá de mi borrosa visión.
He visto hombres mediocres canturrear sus necedades,
y fachadas barrocas pintarrajeadas con testas griegas;
y en sus paredes interiores, iconografías bajo refranes,
epigramas, proverbios, axiomas y sentencias,
como si la sabiduría se contagiara por el aire.
Hombres mecánicos que nunca desvían la mirada,
que jamás se avergüenzan cuando hablan a través de ellos,
que padecen la enfermedad del escorbuto intelectual,
y sufren como madamas de prostíbulos el aire juvenil,
el derroche de sexo de las putas y sus ausencias de libido.
Tahúres encarcelados por crímenes más horrendos,
desplumados por rateros, ladrones de baratijas,
de ropas mojadas de los alambres, de alimañas viciosas
que siempre se salen con las suyas, pues el vicio apremia.
Mujeres con experiencia en multiplicar orgasmos,
visitando cárceles en busca de maridos, machos sementales
que satisfagan el instinto materno y la ilusión de ser familia.
Un Ulises interior recorre mi memoria, y su misma nostalgia
a Ítaca me envuelve, me presta sus ojos de Cíclope
para observar mi curso en la distancia. Me aferro a las balsas
de mi tímida adolescencia, de mi primer gran e intenso amor,
donde el viento de la vida se hacía remolino en mi esperanza azul.
Estoy envejeciendo, deambulo sin meta por los suburbios
de otros tiempos, observando con tristeza las calles devastadas,
las casas petrificadas como fósiles en rocas sedimentarias,
observando con tristeza la alegría de un niño madrugador
que no pudo vencer la ansiedad de acariciar su regalo nuevo.
Algunos empiezan a construir sus casas y sueñan
con hogares acogedores y un jardín de senderos que se bifurcan,
y amaneceres con pájaros glorificando la existencia,
y un amor inmune a las tentaciones del hastío.
Mi hogar está hecho y pronto a ser deshecho.
¡Oh, muerte, oh divino descanso de mis doloridos recuerdos!
Solo por ti deseo seguir viviendo, agitado en el miedo
de combatir contra tu irrevocable espada, amando más y más
la vida, hundido entre tus labios de poderosa eternidad.
Eres el amor que ya no muere, el reposo de la llama voraz,
el silencio de la cálida vida, la dorada sangre que ennegrece.
Solo por ti deseo seguir viviendo, solo por tu lecho eterno.
escondido en las redes sociales como el ratón de mi cocina,
aún carnal, con mi libido puesto a motorizarse
gracias a los enormes avances de la ciencia,
manteniendo casi sin razón el lejano deseo de ser rico, famoso,
amado por el gran público (y sobre todo por las mujeres hermosas),
aunque también amanecido en la resaca, en el sin sentido de la realidad,
en la ansiedad de ver llegar al gran justiciero de la geopolítica
descargando su furia sobre los incorregibles aplastadores
de los buenos ideales, de los que luchamos contra los vicios de la codicia;
en una palabra, de los humanistas que embanderamos la honestidad,
entre charlas vagas de café y escuchas de rutinas de amigos y seres queridos,
soportando el desdén de los que miden la gloria con triunfos y fracasos,
el porcentaje de canas, la pelada, el color de los dientes,
como condición sine qua non del derecho a la palabra,
entre pastas al pesto, ñoquis a la arrabiatta, carne asada a la parrilla
con yuca y ensalada de lechuga, apio y rúcula.
En el tiempo el pelo se vuelve blanco y escaso, la frente se ensancha,
y el apetito sexual (otrora gran extintor de incendios)
se hace pirómano solo por ver a Roma en destrucción.
El otoño está pasando con dolorosas bofetadas, pesadamente,
y el jardín está frío, y la vecindad está vacía, y tú
que eres mi equis año, mi última soledad, estás también frío,
y solo la música se halla obstinada buscando amantes jóvenes.
Hoy he visto gatos hambrientos esperando en mi vereda,
y me he sentido feliz al verlos devorar los restos de mala muerte
que juntamos de nuestras irresponsables comilonas.
Cuando yo era joven vivía en mi interior acorazado
por la sensación de verme jefe de un grupo narcotraficante,
un contrabandista senior, un ladrón de Alibabá.
Hoy veo un cielo estrellado con luces titilantes y pájaros
que no desean ya esperar al rezagado del grupo,
un cielo luminoso más allá de mi borrosa visión.
He visto hombres mediocres canturrear sus necedades,
y fachadas barrocas pintarrajeadas con testas griegas;
y en sus paredes interiores, iconografías bajo refranes,
epigramas, proverbios, axiomas y sentencias,
como si la sabiduría se contagiara por el aire.
Hombres mecánicos que nunca desvían la mirada,
que jamás se avergüenzan cuando hablan a través de ellos,
que padecen la enfermedad del escorbuto intelectual,
y sufren como madamas de prostíbulos el aire juvenil,
el derroche de sexo de las putas y sus ausencias de libido.
Tahúres encarcelados por crímenes más horrendos,
desplumados por rateros, ladrones de baratijas,
de ropas mojadas de los alambres, de alimañas viciosas
que siempre se salen con las suyas, pues el vicio apremia.
Mujeres con experiencia en multiplicar orgasmos,
visitando cárceles en busca de maridos, machos sementales
que satisfagan el instinto materno y la ilusión de ser familia.
Un Ulises interior recorre mi memoria, y su misma nostalgia
a Ítaca me envuelve, me presta sus ojos de Cíclope
para observar mi curso en la distancia. Me aferro a las balsas
de mi tímida adolescencia, de mi primer gran e intenso amor,
donde el viento de la vida se hacía remolino en mi esperanza azul.
Estoy envejeciendo, deambulo sin meta por los suburbios
de otros tiempos, observando con tristeza las calles devastadas,
las casas petrificadas como fósiles en rocas sedimentarias,
observando con tristeza la alegría de un niño madrugador
que no pudo vencer la ansiedad de acariciar su regalo nuevo.
Algunos empiezan a construir sus casas y sueñan
con hogares acogedores y un jardín de senderos que se bifurcan,
y amaneceres con pájaros glorificando la existencia,
y un amor inmune a las tentaciones del hastío.
Mi hogar está hecho y pronto a ser deshecho.
¡Oh, muerte, oh divino descanso de mis doloridos recuerdos!
Solo por ti deseo seguir viviendo, agitado en el miedo
de combatir contra tu irrevocable espada, amando más y más
la vida, hundido entre tus labios de poderosa eternidad.
Eres el amor que ya no muere, el reposo de la llama voraz,
el silencio de la cálida vida, la dorada sangre que ennegrece.
Solo por ti deseo seguir viviendo, solo por tu lecho eterno.
sábado, 29 de mayo de 2021
Viaje sin peros
Es insensata la congoja en la partida
cuando estás sentenciado al viaje,
aunque las lágrimas te sigan dando música
en ese instante donde ya no vuelan
pájaros en tus ojos.
Alístate y desgrana tu memoria,
pon los recuerdos en el corazón,
deshabita el futuro, arroja tus valiosos objetivos
con pasión proyectados,
deja que las palabras muerdan como ratas hambrientas
la carne de tu voz,
junta todo el arresto que has guardado bajo la alfombra,
y acepta que la vía transitoria
forje tu peor surco.
Desiste a tiempo de tus ene amigos;
no dejes que presencien tu dolor, tu ruina;
en la nostalgia pensarán que fuiste
mejor de lo que eres,
e incluso te amarán como se ama a los mártires
cuando estás sentenciado al viaje,
aunque las lágrimas te sigan dando música
en ese instante donde ya no vuelan
pájaros en tus ojos.
Alístate y desgrana tu memoria,
pon los recuerdos en el corazón,
deshabita el futuro, arroja tus valiosos objetivos
con pasión proyectados,
deja que las palabras muerdan como ratas hambrientas
la carne de tu voz,
junta todo el arresto que has guardado bajo la alfombra,
y acepta que la vía transitoria
forje tu peor surco.
Desiste a tiempo de tus ene amigos;
no dejes que presencien tu dolor, tu ruina;
en la nostalgia pensarán que fuiste
mejor de lo que eres,
e incluso te amarán como se ama a los mártires
que mueren libres de todo pecado.
Aunque tu espíritu se torne sombra de la luna
ante el destierro ignoto, afírmate
en la irreversibilidad del viaje,
en el espejo de los árboles efímeros,
en las voces que callarán contigo.
El destino no excluye, nunca miente,
aunque te haya cantado eurekas y aleluyas:
te promete cenizas de tu carne
y de tu angustia.
Aunque tu espíritu se torne sombra de la luna
ante el destierro ignoto, afírmate
en la irreversibilidad del viaje,
en el espejo de los árboles efímeros,
en las voces que callarán contigo.
El destino no excluye, nunca miente,
aunque te haya cantado eurekas y aleluyas:
te promete cenizas de tu carne
y de tu angustia.
viernes, 14 de mayo de 2021
Huéspedes
Hoy recuerdas a las personas
que salieron de tu vida,
hombres y mujeres que sientes viajan en
los misterios de la eterna soledad,
en el lento tren de la ingratitud y en la hosquedad de los disgustos.
No te has percatado en qué instante
abandonaron tu hospitalidad,
cuándo sintieron la humedad de tus noches, el frío de tus charlas,
el patio abandonado donde se nutre tu
nostalgia.
Algunas se fueron con una sonrisa de “recuérdame”;
mientras,
otras, dando portazos de indignación
ante tu negligente despedida.
Por estas razones estimas hoy a las personas que perduran en la travesía.
Te ves en el espejo: farsante Dorian
Grey, su fantasma rapaz,
su blanca sábana flotando entre el
gentío, su atractivo de azufre y falsedad.
Y ves las sombras de parientes muertos
sobre los tallarines,
sobre el disfrute iluso de la vida,
sobre el latido de la casa grande.
Y ves una intemperie para siempre
como tu destino en el mundo.
Aúlla un lobo huraño en tu mirada, y
rondas la caverna de la llama,
buscando distinguir aquellos gritos
ululantes que crearon la tribu;
y un incendio de sangre, una lava desatada,
abre la boca
del volcán de tu pecho. Y callas para auscultar tu abismo.
Es como si no existieras en el gen de
tu hijo, como un extraño
en el aire de los vientos propicios y
de la brillantez del tiempo.
Como si en tu excitante laberinto alguien hubo cortado tu hilo de Ariadna
para perder la ruta de regreso a tu arraigo,
tu vocación de sólito.
miércoles, 28 de abril de 2021
Tu voz
Tu anhelo es hablar, hablar, hablar
de una razón por todas,
con el aplomo
del hombre que agoniza,
profiriendo palabras netas
y últimas y claves del dolor.
El miedo, la tristeza y el alzheimer
— bendecido leteo de la vida—,
que trasunten el verbo,
luzcan el adjetivo,
y no callen jamás las acuciantes
palabras por venir.
de una razón por todas,
con el aplomo
del hombre que agoniza,
profiriendo palabras netas
y últimas y claves del dolor.
El miedo, la tristeza y el alzheimer
— bendecido leteo de la vida—,
que trasunten el verbo,
luzcan el adjetivo,
y no callen jamás las acuciantes
palabras por venir.
martes, 27 de abril de 2021
Eutanasia
Presume que armado hasta los dientes
me llego un día
al corazón de tu apacible vida,
armado de coraje y menosprecio
por tantas sinrazones que gastaste
en busca del asombro.
Infiere de mi acento brusco,
de mis manos crispadas
cuando apago las luces, cierro las cortinas. . . ,
la premonición de tu muerte.
Soy tu noble asesino,
el sonriente verdugo a quien encargas
tu muerte digna,
trozo infecundo del edén perdido,
incombustible leña del infierno.
me llego un día
al corazón de tu apacible vida,
armado de coraje y menosprecio
por tantas sinrazones que gastaste
en busca del asombro.
Infiere de mi acento brusco,
de mis manos crispadas
cuando apago las luces, cierro las cortinas. . . ,
la premonición de tu muerte.
Soy tu noble asesino,
el sonriente verdugo a quien encargas
tu muerte digna,
trozo infecundo del edén perdido,
incombustible leña del infierno.
domingo, 25 de abril de 2021
Providenciales deidades
Siempre entregado a mi obstinación, y a pesar de las advertencias
de Ego, me adentré una vez más por los lúgubres senderos hasta llegar a la
última encrucijada, donde el cuadrado guardia se encontraba resguardando la
entrada; y, con su magnífica elocuencia, me persuadió de que ingresara.
Bajando resbalosos escalones, entre vapores y húmedas paredes, hacia
las profundidades de la caverna, el más benévolo de los demonios, (el que
persuade de no llevar a cabo las acciones que no le conciernen), hizo su
diligente aparición; y, señalándome los infinitos pasadizos que ante mí
aparecieron, fue oponiéndose con razones convincentes, con argumentos
desbaratadores al ingreso en que yo intentase.
En cuestión de segundos, la infinita cantidad de túneles fue
bloqueada con la telaraña de crueles presentimientos, dejándome una sola
galería libre; y ante la creencia de ser guiado por un ángel providencial, me
adentré con la conciencia en paz, por la más infrecuente de las galerías, que
se presentaba tétrica y desolada pues ni los murciélagos se atrevían a
habitarla.
Apenas hube andado cierto trecho, una luz enceguecedora surgió de
las tinieblas, bañó de dorado el enorme recinto que había alcanzado, y miles de
imperativas voces sacerdotales sacudieron de latigazos mi imprudencia.
Cerrada la posibilidad del retorno, me arrojé sobre el reluciente
piso en ínclita actitud de clemencia, anonadado ante mi incomprensible crimen, y
despavorido ante el inminente castigo que supuse caería sobre mí.
-¡Regresa sobre tus pasos, maldito mortal!-, resonó límpidamente
en la etérea bóveda.
-Estoy perdido-, musité tristemente.
-¡Eso es evidente! - bramó otra poderosa voz-. El regreso es
metafórico. Nos referimos al principio de tu propia existencia; es decir, a tu
inexistencia.
-Pero si yo soy el dueño de estas comarcas; es mi propio término
el que estoy escarbando.
-¿Entonces por qué tiemblas de miedo? ¿Por qué te sientes
profanador de tu propio templo?
Y ante la irrebatible interrogante, agaché la cabeza en son de entrega,
y ofrecí al supremo auditorio la deposición total de mi humana creencia.
Finalmente, me condenaron de por vida al encierro en el luminoso
recinto.
Como quien se resigna a su suerte, acepté mi destino con rostro rígido;
aunque mi alma, muy secretamente, como el bufón que recibe golpes a cambio de
buenas jocosidades, sentía el cosquilleo dichoso de no necesitar salir al mundo
real, a los deberes, a la realidad rutinaria.
¡Nunca más los días de hastío!
Me dije a mí mismo:
-¡Es una suerte que existan dioses
propios en la psiquis del hombre!
lunes, 19 de abril de 2021
Más cadenas
Faltan cadenas en la noche fría,
y más adversidad que nos derrote.
Los candados que encierren la jauría,
y en la jaula el espíritu que explote.
La fría soledad que nos domine
mientras oímos ulular sirenas,
y el luto de este encierro determine
los aullidos del alma en las cadenas.
Que velen nuestra angustia los cerrojos;
el sol en las auroras, nuestros ojos;
nuestras alas quebradas, nuestros miedos.
La vigilia que aplaste los denuedos,
y oprima el corazón mortificado
nuestro oscuro destino encadenado.
y más adversidad que nos derrote.
Los candados que encierren la jauría,
y en la jaula el espíritu que explote.
La fría soledad que nos domine
mientras oímos ulular sirenas,
y el luto de este encierro determine
los aullidos del alma en las cadenas.
Que velen nuestra angustia los cerrojos;
el sol en las auroras, nuestros ojos;
nuestras alas quebradas, nuestros miedos.
La vigilia que aplaste los denuedos,
y oprima el corazón mortificado
nuestro oscuro destino encadenado.
domingo, 18 de abril de 2021
Invadiéndote
Camino los senderos misteriosos,
tocado por los dúctiles follajes
de los bosques de tu memoria.
Por las nervaduras de oscuras hojas,
deseos y canciones olvidadas,
al despertar por el crujir de ramas
bajo mis impacientes pasos,
dejan escapar como aromas
sus ardientes secretos en el aire.
Exploro los recónditos lugares:
aquellos claroscuros territorios
que ni tú misma reconoces:
antiguos y fantásticos ensueños
dormidos hace tiempo en el olvido.
Voy escrutando los enormes huecos
de tus oscuros y abatidos troncos,
sobre nutridas hojarascas,
en cada rincón de tu exuberancia.
Camino los senderos de tu bosque
y encuentro calma y tempestad.
Anhelo conocer los vastos sitios
de aquella realidad contradictoria
que arrulla mi existencia rutinaria.
Mi vida es un tránsito por ellos:
por la alarma furtiva de tus ansias,
el latido vital de tu misterio,
el impulso carnal de tus instintos
y la fragancia fértil de tu tierra.
tocado por los dúctiles follajes
de los bosques de tu memoria.
Por las nervaduras de oscuras hojas,
deseos y canciones olvidadas,
al despertar por el crujir de ramas
bajo mis impacientes pasos,
dejan escapar como aromas
sus ardientes secretos en el aire.
Exploro los recónditos lugares:
aquellos claroscuros territorios
que ni tú misma reconoces:
antiguos y fantásticos ensueños
dormidos hace tiempo en el olvido.
Voy escrutando los enormes huecos
de tus oscuros y abatidos troncos,
sobre nutridas hojarascas,
en cada rincón de tu exuberancia.
Camino los senderos de tu bosque
y encuentro calma y tempestad.
Anhelo conocer los vastos sitios
de aquella realidad contradictoria
que arrulla mi existencia rutinaria.
Mi vida es un tránsito por ellos:
por la alarma furtiva de tus ansias,
el latido vital de tu misterio,
el impulso carnal de tus instintos
y la fragancia fértil de tu tierra.
sábado, 17 de abril de 2021
Los demonios internos
Altivos, los demonios no descansan:
yerran por las oscuras galerías,
insidiosos, obscenos,
impávidos cual hienas.
Inmunes en las ciénagas profundas,
acechan la imprudencia de los pasos,
para herir la conciencia
con visiones del fuego eterno.
Invocando el poder, defienden
la umbría majestad de las tinieblas,
combaten el sentido
sagrado de la vida.
Luchan contra el sosiego del espíritu,
contra la vida plácida y serena,
y enardecen el alma
con sueños ilusorios y aversión a la omnipotencia
Para holgar en los calmos aposentos,
en íntimas moradas inviolables,
¡nos exigen un pacto
con la maldad eterna!
yerran por las oscuras galerías,
insidiosos, obscenos,
impávidos cual hienas.
Inmunes en las ciénagas profundas,
acechan la imprudencia de los pasos,
para herir la conciencia
con visiones del fuego eterno.
Invocando el poder, defienden
la umbría majestad de las tinieblas,
combaten el sentido
sagrado de la vida.
Luchan contra el sosiego del espíritu,
contra la vida plácida y serena,
y enardecen el alma
con sueños ilusorios y aversión a la omnipotencia
Para holgar en los calmos aposentos,
en íntimas moradas inviolables,
¡nos exigen un pacto
con la maldad eterna!
miércoles, 14 de abril de 2021
Sueño secular de las gaviotas
En giros incansables
sobre la calma y el enojo del mar,
sueñan con cardúmenes de peces
multicolores y sabrosos,
con vuelos en cabriolas
y sus ansiosos buches.
y sus ansiosos buches.
El cielo es hoy una campana
de metal sin badajo,
y el mar se encrespa como agua hirviente,
y es denso el frío debajo de las alas.
En las alturas de los acantilados,
donde el hambre corcovea sin bridas
al compás de los ululantes vientos,
las crías con sus picos tan abiertos
como para comerse el aire,
sueñan también imágenes genéticas de peces
multicolores y sabrosos.
Orbitan incansables
sobre el encabritado mar e ignoran
la ley existencial
de la cadena alimenticia.
domingo, 4 de abril de 2021
Tal vez solo la nada
Acaso en el inicio hacia tu meta
tus ímpetus le dieron al destino
un rumbo cierto, un lúcido camino
que conduce a la gloria del poeta.
Acaso en el afán de oír el canto
que aprisiona los sones de la vida,
no vieras que en la dura despedida
tus notas últimas serán de espanto.
Presumes en tu rígida conciencia
haber hecho lo bueno, lo correcto,
y hoy maldices la infamia del trayecto
pues mantiene en la sombra tu existencia.
Así te encuentras, lejos de la aguada,
muy cerca de la sed y de la nada.
tus ímpetus le dieron al destino
un rumbo cierto, un lúcido camino
que conduce a la gloria del poeta.
Acaso en el afán de oír el canto
que aprisiona los sones de la vida,
no vieras que en la dura despedida
tus notas últimas serán de espanto.
Presumes en tu rígida conciencia
haber hecho lo bueno, lo correcto,
y hoy maldices la infamia del trayecto
pues mantiene en la sombra tu existencia.
Así te encuentras, lejos de la aguada,
muy cerca de la sed y de la nada.
viernes, 2 de abril de 2021
La cicatriz
El tajo de profunda herida
de su puñal amante,
penitente —llorosa magdalena—,
supo sanarla
con el amor restablecido
y paciencia infinita
y culpable
penitente —llorosa magdalena—,
supo sanarla
con el amor restablecido
y paciencia infinita
y culpable
y por completo.
Brebaje del cuidado,
Brebaje del cuidado,
destierro
de las sombras en el alma,
restitución del ímpetu,
de la vieja pasión que vuelve.
Mas, ay, anoche, al confesarse,
restitución del ímpetu,
de la vieja pasión que vuelve.
Mas, ay, anoche, al confesarse,
la lumbre de sus ojos
sobre la
cicatriz apenas destellaba.
jueves, 25 de marzo de 2021
La búsqueda de algo que se me perdió en la casa
Ahora son las cuatro y veinticinco de la mañana;
y, una vez que amanezca, tengo la idea de salir
al resplandor del patio, y no solo vagar
por las estancias de la noche.
Quiero reconocer mi casa. Tengo que hallar esa cosa
que me enlazaba al entusiasmo,
aquél símbolo, imagen, paradigma,
que desconecte de una vez por todas mi discordia.
Podría ser la sombra de la enorme palmera
que planté cuando arreciaban los besos
(podrían ser las flores de aquellos enraizados besos).
Podría despertarse en mí las ganas de recuperar el jardín,
el pasto que hace mucho sufre,
y encontrar entre las malezas lo que busco.
O podría sentarme bajo la parralera
a esperar con cierta esperanza el cíclico
retorno de las aves regurgitando lo que busco.
Es como si dioses antiguos reclamaran esa cosa perdida
y no encontrase yo manera de satisfacerlos.
Es como si en la casa hubieran robado ese algo
y yo sufriese ser el sospechoso principal.
Mitigando los pasos
Mitigando los pasos
A veces sientes el cansancio en tus pies
A veces sufres la apatía en tu voz
Estás incómodo contigo mismo
El plácido horizonte se interrumpe
No ves nubes cargadas anunciando
algún agradable aguacero en la distancia
No croan ranas en las cunetas del camino
No existen casas que puedan albergarte
Todo está desierto en tu panorama
mientras tu espíritu arroja de tanto en tanto
la cáscara de alguna algarabía del ayer
martes, 23 de marzo de 2021
Versos codificados para colorear en la memoria
Hoy detengo mi lengua en la guitarra
acústica,
y una lumbre del tacto inunda el abandono
de mis notas.
Ahora que mi vista es más articulada,
los colores del arcoíris bajan hasta
la emoción de mi cisne.
Tras la puerta de la lasciva diosa de
la magnificencia
me encuentro solo como un caracol,
aunque la esencia de mi búsqueda se
agiganta de tic a tac,
absolutamente descrito en la nube
negra del ave gris.
Se hace polvo mi edad semántica,
y el eco de los verbos viene llegando de los mártires altares.
Que nadie se emborrache mal en este asentamiento,
so pena de ser la soberbia a rastras
hasta el cadalso del ludibrio.
La sinrazón es nuestro mayor bien
común. Hoy por hoy.
Nuestra inclemencia contra el
intríngulis, su buque insignia.
Ya no añoro mi atril ni mi concierto
de clavicordio,
porque soy un pionero que se amamanta
de capelas,
de susurrantes risas gélidas y despeinadas
por el viento de los recuerdos, que
se hinca en la ingle.
No añoro mi voz de falsete sin que
tenga derecho de afonía.
Si me miro al espejo, veo un nudo de
engendros aterrados
que viven lamentándose a causa de mis
arbitrariedades;
y al final, el planeta se detiene un
instante (con permiso
de los cabezas duras que propician
una inercia eterna)
para que yo consiga disipar mis dudas elementales,
y cualquier lugar sea para mí un buen
lugar en el tapujo.
Bien, no ya despropósitos, dejo aquí
mi desnudez léxica,
y me meto en mi cama arropado con mi
edredón de tela cáustica,
a ver si alguien de ustedes viola mi
intimidad
y me prohíba darle el buenas noches a
mi costumbre.
Víctimas del alarde somos en esta noche sin motivo.
Recuerdo una foto cuando al final me
hago niño fuera
de mi aristocrático traje, aunque con
un bonito moño a motas.
Y hoy, tan lejos de aquel mundo donde
el amor jamás se espantaba,
¡qué gran raudal de gatos mentirosos
genera mi lluvia sincera!
¡Basta de tan intrascendentes riñas! ¿Oyeron, mis amores?
sábado, 20 de marzo de 2021
La puta de la cuadra
Los cielos estrellados de Neruda
o la ilusión que trae desde niña
jamás arrullan en las madrugadas
tras la infame faena.
Desde el modesto cuarto de alquiler
crece su fama hasta el siguiente barrio;
por eso ella sueña otra suerte,
mientras reprime sus ansias maternales.
Mírenla, mírenla hombres lascivos,
viciosos de la carne,
egoístas infames de la cópula,
concupiscentes sobre el cuerpo fatigado,
repulsivos hambrientos del instinto,
"¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?".
Mírenla, despreciables, impulsivos hipócritas,
su cuerpo protestando insultos y trompadas,
su rostro de labiales y rímeles corridos,
sus mil historias de abusos y opresiones.
Ninguno de vosotros querría prescindir del oculto comercio,
o la ilusión que trae desde niña
jamás arrullan en las madrugadas
tras la infame faena.
Desde el modesto cuarto de alquiler
crece su fama hasta el siguiente barrio;
por eso ella sueña otra suerte,
mientras reprime sus ansias maternales.
Mírenla, mírenla hombres lascivos,
viciosos de la carne,
egoístas infames de la cópula,
concupiscentes sobre el cuerpo fatigado,
repulsivos hambrientos del instinto,
"¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?".
Mírenla, despreciables, impulsivos hipócritas,
su cuerpo protestando insultos y trompadas,
su rostro de labiales y rímeles corridos,
sus mil historias de abusos y opresiones.
Ninguno de vosotros querría prescindir del oculto comercio,
del néctar del pecado;
como tampoco nadie,
involucrarse en su destino.
como tampoco nadie,
involucrarse en su destino.
sábado, 13 de marzo de 2021
Casanova
Giacomo Casanova (1725 – 1798) Italiano.
Célebre por sus aventuras amorosas.
Miradme, aquí, bajo la fronda oscura,
varios días después de haber corrido
de una muerte segura, pues, perdido
me hallaba en el cadalso, cuando el cura
desató por clemencia mi atadura,
instándome a correr hasta el olvido.
Mi alma sigue turbada y compungida,
aunque feliz de preservar mi vida.
Una mujer hermosa fue la fuente
de agua con que el desierto me ha tentado.
Suave como la luz, concupiscente,
su cuerpo mármol era, que, entregado
a mis deseos con pasión ardiente,
todo el tiempo me tuvo cautivado.
Y si hoy sufro por causa de la orgía,
por gozarla de nuevo moriría.
El amor se encuentra en la vigilia
Sé que estará soñando fantasías,
de cuando un ave con mi canto, al posarse en su hombro,
le musitó al oído de fantásticos mundos
y de risas fecundas como la de los niños. Sé también que demonios sin escrúpulos
se encuentran acechando
en las oscuras galerías de su psiquis,
inflamando las grietas de su lealtad
y la insatisfacción de convivir conmigo.
Sé que el amor se encuentra en la vigilia,
donde es posible que yo logre
nutrir su ensueño y disipar sus dudas,
pero ella sigue durmiendo profundamente
y a mí me está venciendo el sueño.
viernes, 12 de marzo de 2021
El vecino
Ya está, vecino, compañero de la vida,
no reviste razón mi odio, nada de combates,
mis cadenas sociales lo has utilizado
para coserme la boca –tu ebriedad se precipita-,
sin alevosía como consuelo,
como una emanación de la ley.
Estás de alguna forma en libertad de protestar,
mientras me ocupo yo en mi oficio de mudo.
Estando en tu casa, el otro día, como de farra,
me has reventado los tímpanos con tu parlante nuevo.
Me has amenazado francamente con los aullidos
de tus canciones mermeladas.
Evidentemente, no quiero responder simétricamente:
escuchar la música a volumen límite,
porque el desquite no lleva a una auténtica reparación.
Saldrás esta noche a girar como la rueda de tu coche,
reclamando algún heroísmo viril,
algún baile de las muchachas al otro lado de la ciudad,
y a la vuelta estaré ya dormido.
No olvides que frecuentemente suceden
terribles accidentes en las calles,
desde donde los medios se nutren con sangre,
amputaciones y profundos comas encefálicos,
todos ellos derivados de alguna maldición.
Colega de la cuadra: ignoro si tienes la razón social;
pero trataré de cambiar mi rutina, mis horarios por ti:
comprendo que, para escapar de estos tiempos hastiados,
necesitas escuchar tu maldita música
o amanecer frente a tu detestable televisor.
Tengo que cerrar mis ventanas,
reponer mis ropas en los percheros,
mis libros en los estantes,
inventar una falsa expectativa para el futuro,
con falsa alegría para seguir en esta casa.
Adquirí un terrible insomnio hace ya meses
donde mido tontamente el paso de las horas,
entiendo penosamente el paso del tiempo,
miro con más detenimiento los rictus de mi rostro,
recreo mentalmente las formas impunes de un asesinato,
cultivo la desafección de lo gregario,
ya no me interesa la vida en comunidad.
¡Mira el hombre eremita en que me has convertido!
no reviste razón mi odio, nada de combates,
mis cadenas sociales lo has utilizado
para coserme la boca –tu ebriedad se precipita-,
sin alevosía como consuelo,
como una emanación de la ley.
Estás de alguna forma en libertad de protestar,
mientras me ocupo yo en mi oficio de mudo.
Estando en tu casa, el otro día, como de farra,
me has reventado los tímpanos con tu parlante nuevo.
Me has amenazado francamente con los aullidos
de tus canciones mermeladas.
Evidentemente, no quiero responder simétricamente:
escuchar la música a volumen límite,
porque el desquite no lleva a una auténtica reparación.
Saldrás esta noche a girar como la rueda de tu coche,
reclamando algún heroísmo viril,
algún baile de las muchachas al otro lado de la ciudad,
y a la vuelta estaré ya dormido.
No olvides que frecuentemente suceden
terribles accidentes en las calles,
desde donde los medios se nutren con sangre,
amputaciones y profundos comas encefálicos,
todos ellos derivados de alguna maldición.
Colega de la cuadra: ignoro si tienes la razón social;
pero trataré de cambiar mi rutina, mis horarios por ti:
comprendo que, para escapar de estos tiempos hastiados,
necesitas escuchar tu maldita música
o amanecer frente a tu detestable televisor.
Tengo que cerrar mis ventanas,
reponer mis ropas en los percheros,
mis libros en los estantes,
inventar una falsa expectativa para el futuro,
con falsa alegría para seguir en esta casa.
Adquirí un terrible insomnio hace ya meses
donde mido tontamente el paso de las horas,
entiendo penosamente el paso del tiempo,
miro con más detenimiento los rictus de mi rostro,
recreo mentalmente las formas impunes de un asesinato,
cultivo la desafección de lo gregario,
ya no me interesa la vida en comunidad.
¡Mira el hombre eremita en que me has convertido!
miércoles, 10 de marzo de 2021
En el circo romano
La gente enardecida vive ávida
la liturgia del odio, la cólera del bronce,
los músculos tajados,
la sacra eucaristía de la sangre.
En tanto crece el vértigo de espadas,
el duro gladiador —su cómplice el orgullo—,
se bate hasta el asombro
contra la adversidad de su destino.
Y en tanto el vulgo aplaude satisfecho
la emoción albergada, sobre la arena muda,
en el cuerpo gallardo
la muerte clava su inmortal codicia.
la liturgia del odio, la cólera del bronce,
los músculos tajados,
la sacra eucaristía de la sangre.
En tanto crece el vértigo de espadas,
el duro gladiador —su cómplice el orgullo—,
se bate hasta el asombro
contra la adversidad de su destino.
Y en tanto el vulgo aplaude satisfecho
la emoción albergada, sobre la arena muda,
en el cuerpo gallardo
la muerte clava su inmortal codicia.
martes, 9 de marzo de 2021
Nosotros
Nosotros, los bienaventurados de espíritu,
los que nos movemos sobre espinosos desatinos,
los que de la postración renacemos cada día,
los habitantes de los templos de los cambiantes dioses,
los que luchamos denodadamente
por alcanzar las márgenes del cielo,
los que nos despojamos de nuestras almas pesimistas
para amar al huraño que a cada tanto nos habita.
Nosotros, los victoriosos de mil infiernos,
los asesinos de serpientes y ratas de las mentes grises,
estudiosos del alma de las putas más herméticas,
los sabios sometedores de la apatía, del tedio, del hastío,
los que mostramos sin pudor nuestras heridas,
los que cantamos bajo el silencio de la luna
y el siseo del mar y de las lluvias.
Nosotros los observadores del abismo de la memoria,
los grandes pendencieros de la vida,
los que nos hemos hecho a cada instante, año tras año,
los que supimos de antemano nuestra tarea existencial.
Cuando llegue el tiempo de saludarnos, de despedirnos
de cada uno de los seres que forman parte de nosotros mismos,
ofrendemos los cantos a aquel joven visionario (primer nosotros)
que un día decidió nuestro destino.
los que nos movemos sobre espinosos desatinos,
los que de la postración renacemos cada día,
los habitantes de los templos de los cambiantes dioses,
los que luchamos denodadamente
por alcanzar las márgenes del cielo,
los que nos despojamos de nuestras almas pesimistas
para amar al huraño que a cada tanto nos habita.
Nosotros, los victoriosos de mil infiernos,
los asesinos de serpientes y ratas de las mentes grises,
estudiosos del alma de las putas más herméticas,
los sabios sometedores de la apatía, del tedio, del hastío,
los que mostramos sin pudor nuestras heridas,
los que cantamos bajo el silencio de la luna
y el siseo del mar y de las lluvias.
Nosotros los observadores del abismo de la memoria,
los grandes pendencieros de la vida,
los que nos hemos hecho a cada instante, año tras año,
los que supimos de antemano nuestra tarea existencial.
Cuando llegue el tiempo de saludarnos, de despedirnos
de cada uno de los seres que forman parte de nosotros mismos,
ofrendemos los cantos a aquel joven visionario (primer nosotros)
que un día decidió nuestro destino.
viernes, 5 de marzo de 2021
Niño anónimo muerto en guerra
Naturalmente su muerte la calle ha olvidado;
la acostumbrada actividad mercante
tornado a la entropía del olvido.
Yo que tengo a mi niño inanimado en el recuerdo,
sé lo tenaz que es avanzar por la vida
viendo cómo se esfuma su imagen de luz fresca,
el nítido vocablo de su nombre.
Solo conozco su cadáver en brazos de su padre:
en la foto se huele el aire chamuscado,
el rastro polvo del misil,
la momificación de la esperanza.
Desconozco sus datos personales,
las anécdotas familiares,
el tono de su risa;
aquí en el hemisferio sur,
en la charla dominical,
unos pocos lo han desaprobado.
Los detalles de la noticia son muy vagos,
aunque su ensangrentado cuerpo
con claridad reclama a la más íntima
codicia de los buitres.
Yo lo recordaré sin duda alguna
en la zona mental de los recuerdos tristes;
y siempre sentiré que su partida
fue una canción de enérgica protesta.
Me haré a la idea de su alegría infantil
y un corazón que crecía a pesar de los estruendos;
que dejó de latir súbitamente,
en tanto se perdía su nombre para siempre.
Aunque su nombre es lo de menos.
la acostumbrada actividad mercante
tornado a la entropía del olvido.
Yo que tengo a mi niño inanimado en el recuerdo,
sé lo tenaz que es avanzar por la vida
viendo cómo se esfuma su imagen de luz fresca,
el nítido vocablo de su nombre.
Solo conozco su cadáver en brazos de su padre:
en la foto se huele el aire chamuscado,
el rastro polvo del misil,
la momificación de la esperanza.
Desconozco sus datos personales,
las anécdotas familiares,
el tono de su risa;
aquí en el hemisferio sur,
en la charla dominical,
unos pocos lo han desaprobado.
Los detalles de la noticia son muy vagos,
aunque su ensangrentado cuerpo
con claridad reclama a la más íntima
codicia de los buitres.
Yo lo recordaré sin duda alguna
en la zona mental de los recuerdos tristes;
y siempre sentiré que su partida
fue una canción de enérgica protesta.
Me haré a la idea de su alegría infantil
y un corazón que crecía a pesar de los estruendos;
que dejó de latir súbitamente,
en tanto se perdía su nombre para siempre.
Aunque su nombre es lo de menos.
Laberinto
Imposible
de ti,
doblado estoy sobre tu imagen sepia,
repetido en tus ojos de los días sin verte.
Este crónico tiempo,
fiera incansable en su arrebato,
repetido en tus ojos de los días sin verte.
Este crónico tiempo,
fiera incansable en su arrebato,
con su
puñal de lejanías
me hunde languidez en la garganta,
me hunde languidez en la garganta,
desangrándome
en el eclipse de tus besos.
Desde el mantel rendido de la noche
la luna alarga su celeste brazo
hasta mi rostro en sombra,
y lo inunda de olvido en el espejo.
Las estrellas titilan
en el eclipse de tus besos.
Desde el mantel rendido de la noche
la luna alarga su celeste brazo
hasta mi rostro en sombra,
y lo inunda de olvido en el espejo.
Las estrellas titilan
en la gula perenne de sus brillos,
apáticas a mi futilidad.
En la penumbra eterna te imagino en la cama,
escondida en el juego del desnudo,
apáticas a mi futilidad.
En la penumbra eterna te imagino en la cama,
escondida en el juego del desnudo,
en la noche latente,
con mis ojeras hondas de mirarte.
Oscuro laberinto del descuido.
Oscuro laberinto del descuido.
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