lunes, 11 de julio de 2016

Los demonios internos





Altivos, los demonios no descansan:
yerran por las oscuras galerías,
insidiosos, obscenos,
impávidos cual hienas.

Inmunes en las ciénagas profundas,
acechan la imprudencia de los pasos,
para herir la conciencia
con visiones de infiernos.

Invocando el poder, defienden
la umbría majestad de las tinieblas,
combaten el sentido
sagrado de la vida.

Luchan contra el sosiego del espíritu,
contra la vida plácida y serena,
y enardecen el alma
con sueños ilusorios.

Para holgar en los calmos aposentos,
en íntimas moradas inviolables,
¡pactemos el dominio
de la maldad eterna!


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