viernes, 11 de marzo de 2016

Eutanasia




Presume que armado hasta los dientes
me llego un día
al corazón de tu apacible vida,
armado de coraje y menosprecio
por tantas sinrazones que gastaste
en busca del asombro.

Infiere de mi acento brusco,
de mis manos crispadas
cuando apago las luces, cierro las cortinas. . . ,
la premonición de tu muerte.

Soy tu noble asesino,
el sonriente verdugo a quien encargas
tu muerte digna,
trozo infecundo del edén perdido,
incombustible leña del infierno.



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