martes, 10 de mayo de 2016

Versos codificados para colorear en la memoria




Hoy detengo mi lengua en la guitarra acústica,
y una lumbre del tacto inunda el abandono de mis notas.
Ahora que mi vista es más articulada,
los colores del arcoíris bajan hasta la emoción de mi cisne.
Tras la puerta de la lasciva diosa de la magnificencia
me encuentro solo como un caracol,
aunque la esencia de mi búsqueda se agiganta de tic a tac,
absolutamente descrito en la nube negra del ave gris.

Se hace polvo mi edad semántica,
y el eco de los verbos viene llegando de los mártires altares.
Que nadie se emborrache mal en este asentamiento,
so pena de ser la soberbia a rastras hasta el cadalso del ludibrio.
La sinrazón es nuestro mayor bien común. Hoy por hoy.
Nuestra inclemencia contra el intríngulis, su buque insignia.

Ya no añoro mi atril ni mi concierto de clavicordio,
porque soy un pionero que se amamanta de capelas,
de susurrantes risas gélidas y despeinadas
por el viento de los recuerdos, que se hinca en la ingle.
No añoro mi voz de falsete sin que tenga derecho de afonía.

Si me miro al espejo, veo un nudo de engendros aterrados
que viven lamentándose a causa de mis arbitrariedades;
y al final, el planeta se detiene un instante (con permiso
de los cabezas duras que propician una inercia eterna)
para que yo consiga disipar mis dudas elementales,
y cualquier lugar sea para mí un buen lugar en el tapujo.

Bien, no ya despropósitos, dejo aquí mi desnudez léxica,
y me meto en mi cama arropado con mi edredón de tela cáustica,
a ver si alguien de ustedes viola mi intimidad
y me prohíba darle el buenas noches a mi costumbre.
Víctimas del alarde somos en esta noche sin motivo.

Recuerdo una foto cuando al final me hago niño fuera
de mi aristocrático traje, aunque con un bonito moño a motas.
Y hoy, tan lejos de aquel mundo donde el amor jamás se espantaba,
¡qué gran raudal de gatos mentirosos genera mi lluvia sincera!
¡Basta de tan intrascendentes riñas! ¿Oyeron, mis amores?

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