lunes, 3 de octubre de 2016

Tirria entre dos poetas ideológicos




Cuando dos poetas medianamente buenos se enfrentan
por cuestiones de extrema poesía;
es decir: “tú esto, tú aquello”,
surge en los brazos de las sensibles musas
un franco malestar y unas ganas de suprimir ambos talentos.

El afecto, la tirria, la ofuscación disimulada,
no necesitan aclaración directa;
deben, esto sí, llevar el duelo a las metáforas,
al indirecto lenguaje del contrapunto de los payadores,  
porque ya no pertenecen al arte de la poesía,
sino al ingenio y la destreza de un trapecista de circo;
avergüenzan al lector y al verdadero poeta.
Constituye un mal cálculo de altura para el vuelo.

Y no existe un avión de papel
que logre elevar el manuscrito,
aunque haya tocado todos los registros de la aceleración,
y golpeado las puertas de cada ángulo de la realidad.
Afecto y tirria se necesitan como los polos eléctricos.

Poeta aquél:
Musa querida: asegúrate de que fue verdad
todo lo que dijo hasta hoy mi poesía,
aunque todo lo dicho realmente me lo guardo yo,
y que tú nunca fuiste una casualidad de mi destino,
donde unas metáforas ambiguas se convirtieron 
por gracia del alpiste diario
en el ruiseñor de agradable canto lírico,
más allá de lo que superficialmente haya dicho el poema. 

Poeta éste:
Querida musa: yo no sé él,
pero mi boca nunca profiere significados
que no se logran entramar con los hilos de la conciencia.
Jamás se entusiasma mi espíritu
con los histéricos bocinazos de la intuición.



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