Óyeme, amor: a ti vengo a escribir
este poema de anhelantes versos,
sinceros y devotos, y de tersos
adjetivos que buscan redimir
las horas del rencor, desperdiciadas
en silencios intrusos, en vagar
las estancias vacías, y en penar
con los grillos las horas desoladas.
Porque ya no te rinde lo sangrante
que mi mirada vierte, porque exima
de culpa el alma al criminal confeso,
aquí viene a insistir mi voz amante,
desde esta lasitud en que lastima
el moribundo hábito del beso.
sábado, 26 de septiembre de 2020
jueves, 17 de septiembre de 2020
Francisco de Aldana
He sufrido de ti, señor
de Aldana,
de tu gran árbol, otra
rama opuesta,
a pesar de su sombra sin
respuesta
por su fugacidad y meta
vana,
a pesar del hostil
conocimiento
que marchita la flor de
la existencia. . . :
la impotente penuria de
la ciencia
en la silla curul del
escarmiento.
Más allá de la búsqueda y
sus daños,
sostengo sin los místicos
engaños,
como virtud, la vanidad
humana,
cuando alimenta en mi
leal memoria
el rito que conduce a la
victoria
del hombre sano: su
soberbia sana.
miércoles, 9 de septiembre de 2020
Soledad de la sangre
En soledad tremenda, temerario y hambriento de coraje,
batiendo rumbos de orilla en orilla a lo largo del río,
por los senderos de la caza, demonios y depredadores,
a pie, descalzo, con sus propias armas, ajeno a los sistemas,
donde murmura el cielo a mil kilómetros del mar,
a doce mil kilómetros del mundo, contra la piel de luna derretida,
su voz de culantrillos, su verbo acústico y sonoro,
debajo de sus uñas, sobre los tallos duros de sus dedos…,
late en la tarde milenaria su sangre india en la cañada.
Solo con sus ojos de puma, con el agua y la abeja,
reconoce su voz de sonidos monteses, de sombra en la hondura del bosque;
recuerda un jazmín en la frente oscura, en el cabello oscuro.
Un lirio besa el agua en el remanso, en la espera infinita
donde el grito es memoria y es sombra de los siglos,
y el aire carga agónico sus pájaros migrantes, y el árbol llora
sus cruces deshojadas, la silenciosa resonancia de las piedras.
Solo y sin prisa, sin glorias de batallas, sin almanaque,
con la sola voz de la sangre que lo guía en la selva.
Y luego ya no está presente: se ha vuelto un canto en mi memoria,
un hombre antiguo de corazón deshabitado en el poso del día,
en la quietud sacramental de las orquídeas.
batiendo rumbos de orilla en orilla a lo largo del río,
por los senderos de la caza, demonios y depredadores,
a pie, descalzo, con sus propias armas, ajeno a los sistemas,
donde murmura el cielo a mil kilómetros del mar,
a doce mil kilómetros del mundo, contra la piel de luna derretida,
su voz de culantrillos, su verbo acústico y sonoro,
debajo de sus uñas, sobre los tallos duros de sus dedos…,
late en la tarde milenaria su sangre india en la cañada.
Solo con sus ojos de puma, con el agua y la abeja,
reconoce su voz de sonidos monteses, de sombra en la hondura del bosque;
recuerda un jazmín en la frente oscura, en el cabello oscuro.
Un lirio besa el agua en el remanso, en la espera infinita
donde el grito es memoria y es sombra de los siglos,
y el aire carga agónico sus pájaros migrantes, y el árbol llora
sus cruces deshojadas, la silenciosa resonancia de las piedras.
Solo y sin prisa, sin glorias de batallas, sin almanaque,
con la sola voz de la sangre que lo guía en la selva.
Y luego ya no está presente: se ha vuelto un canto en mi memoria,
un hombre antiguo de corazón deshabitado en el poso del día,
en la quietud sacramental de las orquídeas.
sábado, 5 de septiembre de 2020
El Sistema
Cada día te envía más señales
de su insensible desafecto:
te excluyó del rango en la bolsa de trabajo,
no te permite acceder a los créditos,
te hace sentir un extranjero en tu propio país,
no quiere renovarte la licencia de conducir,
con piedad te sonríe cuando observas a una mujer hermosa,
no te deja hablar en las reuniones sociales,
te prohibió terminantemente el alcohol y el tabaco,
ya no te quiere ver andando por las calles:
te regaló un hermoso sofá frente al televisor.
de su insensible desafecto:
te excluyó del rango en la bolsa de trabajo,
no te permite acceder a los créditos,
te hace sentir un extranjero en tu propio país,
no quiere renovarte la licencia de conducir,
con piedad te sonríe cuando observas a una mujer hermosa,
no te deja hablar en las reuniones sociales,
te prohibió terminantemente el alcohol y el tabaco,
ya no te quiere ver andando por las calles:
te regaló un hermoso sofá frente al televisor.
Poesía ausente
Siembra y cosecha de tu tiempo,
lozanas briznas que prorrumpen
de los parajes misteriosos y fecundos
de tu imaginación.
Oh, mágico sendero
—pasión de humanizados dioses—:
te esquiva ahora como una luciérnaga
que se aleja en cabriolas,
sin dejarte trasplantar en su fértil tierra
el árbol de hojas lúcidas
que ha hecho crear tu obstinación.
Anhelas la piedad
de sus soplos alentadores,
savia que aviva el espejismo azul
y la frondosidad de la quimera.
Cuánta razón tuvo tu espíritu
—a pesar de su serena sangría—
para seguirla
a través del vasto horizonte de los sueños.
Y cuánta más tendrá
cuando otra vez despiertes.
lozanas briznas que prorrumpen
de los parajes misteriosos y fecundos
de tu imaginación.
Oh, mágico sendero
—pasión de humanizados dioses—:
te esquiva ahora como una luciérnaga
que se aleja en cabriolas,
sin dejarte trasplantar en su fértil tierra
el árbol de hojas lúcidas
que ha hecho crear tu obstinación.
Anhelas la piedad
de sus soplos alentadores,
savia que aviva el espejismo azul
y la frondosidad de la quimera.
Cuánta razón tuvo tu espíritu
—a pesar de su serena sangría—
para seguirla
a través del vasto horizonte de los sueños.
Y cuánta más tendrá
cuando otra vez despiertes.
viernes, 4 de septiembre de 2020
Fuerzas interiores
Débilmente tu desazón amarras
apuntalando a puño tu existencia,
en reñidos combates de conciencia;
y con demonios fieros te desgarras
soportando el lenguaje irresponsable,
el humor inestable,
la falta de respeto,
la charla sin objeto,
el insomnio que el quebranto produce,
y que solo conduce
a la vigilia torpe y displicente
y a los ojos cansados de la mente.
Luchando con firmeza y esperanza
preparas tus pertrechos:
yelmo, coraza, escudo, lanza;
y ante los inminentes hechos,
arremetes en lucha carnicera
contra destino y suerte,
con sangre de pasión sincera,
el límite entre vida y muerte.
apuntalando a puño tu existencia,
en reñidos combates de conciencia;
y con demonios fieros te desgarras
soportando el lenguaje irresponsable,
el humor inestable,
la falta de respeto,
la charla sin objeto,
el insomnio que el quebranto produce,
y que solo conduce
a la vigilia torpe y displicente
y a los ojos cansados de la mente.
Luchando con firmeza y esperanza
preparas tus pertrechos:
yelmo, coraza, escudo, lanza;
y ante los inminentes hechos,
arremetes en lucha carnicera
contra destino y suerte,
con sangre de pasión sincera,
el límite entre vida y muerte.
martes, 1 de septiembre de 2020
El paraíso perdido
Han regresado los verdaderos dioses
a implicarse de nuevo en mi destino
(hecho que me hace muy feliz),
con sus pasiones desenfrenadas,
con sus arrebatos de ira,
con sus antojos olímpicos
que casi siempre desembocan
en raptos de diosas con dueños.
Hoy, mi lamentable rutina se viste de infinito,
y se eleva hasta el cielorraso,
a la altura del ventilador de techo,
del mundo microbiano,
del acecho de las arañas,
aguardando la luz de la revelación.
Me despojo de toda fe prefabricada,
del crucifijo de mi madre
(«No lograrás la salvación, mi niño,
si sigues desafiando las celestes leyes,
si te niegas a seguir practicando la genuflexión»).
Luego del año treinta y tres
(aunque, históricamente, no se puede afirmar
que Jesús muriera a los treinta y tres),
y de Martín Lutero estableciendo el Cisma
por culpa de las inmorales indulgencias,
y de Lucrecia Borgia cometiendo sus santos crímenes
(por citar solo dos ejemplos),
prefiero regresar al paganismo,
volverme griego.
Volvieron los demonios-dioses
en mi inconsciencia sus razones a inyectar,
y se oye el canto del poeta
que suena como Píndaro en sus versos exaltados,
como Sófocles en su Edipo Rey,
como Safo en sus versos lujuriosos,
como ese cielo de emoción irrepetible,
de sabiduría divina,
de verdades eternas,
que nos llega de Homero.
Sin duda alguna y con mucho dolor
hemos perdido para siempre
aquellas bacanales del espíritu.
El tiempo de los besos no ha cesado
A Techi
Es la mujer que amo y hoy evoco
y ennoblece mi espíritu.
Las dos palomas de sus pies cautivan
mientras vuelan hacia mis labios
con disimulo de su vanidad.
Largo tiempo de mi edad adulta
ha sido poetizar y recorrer con ella
las planicies del corazón,
y ha sido echarme con esquizofrenia
en los barrancos de su instinto.
He atrapado con sólo amarla
su voluntad —su predisposición
para empaparse conmigo bajo la lluvia—;
y en la penumbra de los años,
sigue brindándome incansable
los tibios labios ebrios de su total amor.
Es ideal su risa para el acicate
de este poema de amor que no muere;
y lamento no haberla conocido
en nuestra adolescencia,
donde la hubiese divinizado
con más intensa convicción de un juramento,
y la hubiera convertido en un cuerpo
exquisitamente desnudo.
El otro día me afligí
desconsoladamente,
con rabia, con egoísmo, con vacío existencial,
cuando soñé que la perdí.
En la impaciente madrugada,
con el pensamiento empapado,
la recuperé lentamente de mi pesadilla,
librándola de mis falsas cadenas.
A pesar de que el tiempo todo lo borra
con su difusa barredera,
van cayendo con el viento de otoño los recuerdos;
mientras, tomado de su mano,
camino por la senda donde es verdad la vida.
viernes, 28 de agosto de 2020
Mutación
Sube las escaleras sin cansarse;
y siempre que le dices:
«¡párate!», él se para;
le dices: «bueno, ¡basta!»,
y él deja de entablar conversación.
Tu cerebro, algún día,
será implantado en él.
Entonces cumplirás
tus propias órdenes.
y siempre que le dices:
«¡párate!», él se para;
le dices: «bueno, ¡basta!»,
y él deja de entablar conversación.
Tu cerebro, algún día,
será implantado en él.
Entonces cumplirás
tus propias órdenes.
domingo, 23 de agosto de 2020
La lumbre débil
En la fogata del recuerdo
sigue ardiendo hasta hoy la pasión que ennoblece,
y minuto a minuto va devorando el tiempo
su pálido fulgor.
Como en la cárcel,
saltea el muro débil de tu pecho
el eco de su palpitar.
Para el deleite del olvido,
en vano intentas lanzar nuevas miradas
hacia aquella cima de luz
y de aires puros de la vida.
sigue ardiendo hasta hoy la pasión que ennoblece,
y minuto a minuto va devorando el tiempo
su pálido fulgor.
Como en la cárcel,
saltea el muro débil de tu pecho
el eco de su palpitar.
Para el deleite del olvido,
en vano intentas lanzar nuevas miradas
hacia aquella cima de luz
y de aires puros de la vida.
¡Ay, intocable altura!
Hoy has perdido
la paz del solitario
que casi siempre te habitaba.
¡Sube, espíritu mío! ¡Hazte fuerte
como el brazo del antiguo remero!
No dejes que en la noche,
en la penumbra triste,
el viento del desánimo
azote con su vil extremaunción
la moribunda llama de la altura.
Hoy has perdido
la paz del solitario
que casi siempre te habitaba.
¡Sube, espíritu mío! ¡Hazte fuerte
como el brazo del antiguo remero!
No dejes que en la noche,
en la penumbra triste,
el viento del desánimo
azote con su vil extremaunción
la moribunda llama de la altura.
jueves, 20 de agosto de 2020
Desde mi angustia existencial
Cuando el futuro
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho, después de medianoche,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.
(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).
Cuando la vida suelta sus amarras
y me muestra el mar invisible,
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho, después de medianoche,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.
(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).
Cuando la vida suelta sus amarras
y me muestra el mar invisible,
el mar del infinito que se mece,
sé que emprendo una torpe fuga:
la ingenua travesía hacia el naufragio.
sé que emprendo una torpe fuga:
la ingenua travesía hacia el naufragio.
sábado, 15 de agosto de 2020
Aves sublimes
Mediante la poesía llegar a lo desconocido. (Arthur Rimbaud)
Agoto mucho tiempo de mi vida
escribiendo poemas
que nunca logro concluir,
curioseando por lugares misteriosos
donde me ofrecen tragos seductores de silencio
y me indican que puedo suspender mi tarea
cuando quisiese,
que puedo trasnochar inmune
a los sentimientos de culpa.
Cuando busco volver de mi aventura,
a nadie le molesta mi regreso
a esta porción de mi existencia
donde constato que nada más necesito
para seguir discurriendo los versos
que van agotando mi vida.
Al acostarme se cierran mis párpados
por vencerme cansancio y embriaguez;
los seres de los lugares desconocidos
(genuinos duendes de la poesía)
se muestran sobre mi mesa de luz,
y en mi entresueño declaman emocionantes versos
que salen uno tras otro volando al infinito
como sublimes aves en eterna emigración.
domingo, 9 de agosto de 2020
El viaje hacia la meta
¿De qué modo llegaste hasta esta posta,
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
jueves, 6 de agosto de 2020
Nuestro amado cadáver
Casi todas las noches errábamos por los suburbios
recorriendo barrios, cuadra tras cuadra:viejos enjutos con cigarros en sus sillas de mimbre,
furiosos perros para un inminente ataque,
ansiosas chicas de bellas sonrisas, con guiños,
encantadores cuerpos exhibiéndose sobre las veredas.
El mundo cooperaba para que los paseos fuesen
carentes de peligros y gratos de emoción.
Las noches eran libres. Las estrellas se reflejaban
en las piedras tranquilas de la calle. El basalto negruzco.
(¡Qué libres éramos sobre esas piedras!)
Entonces, un mal día, la señora Conciencia se anunció:
la formalidad había llegado —aunque seguíamos juntándonos
los más amigos, y por las noches a cada tanto nos reuníamos
para jugar al póker o a los dados, beber unas cervezas y reír.
Luego, el juego definitivamente terminó.
Cada quien con su vida nos fuimos a formar parejas,
llegaron los retoños y más impenetrable se volvió el mundo.
Nuestros destinos no podían ya cruzarse, y el resplandor
del verano se hizo tenue como nuestra pasión apaciguada.
Nos quedamos muy solos, sin amigos.
No obstante, todo el tiempo, pegaron vuelo las palabras,
insistiendo las alas en encender las sílabas, los verbos.
A dos cuadras, la iglesia; a media, el almacén.
El gallo de la madrugada. El caco audaz
que nos dejó petrificados mientras le robaba al vecino.
Nunca cesaron de afirmarse en la memoria los recuerdos.
Abandonamos aquél mundo donde vivimos todo su presente.
Hoy poseemos otro, de algún modo quizás más apacible,
con menos desencantos de languidez existencial,
pero hay algo irreemplazable que dejamos allá a lo lejos:
nuestro amado cadáver que nos negamos a enterrar.
martes, 4 de agosto de 2020
Hombres sin destino
Estuve en un lugar
donde el orgullo y la pasión
eran considerados repugnantes gusanos del espíritu;
y por ende, querido o no,
picoteados por los cuervos blancos
que devoraban la imaginación día tras día.
Los pasos que se daban
parecían interminables círculos de noria
que desnudaban todo tipo de locura
y hacían refunfuñar a las almas rotas
—aún siguen dándose hoy en el recuerdo;
aún persiste el ánimo de huir,
aunque muy pocos lo han logrado.
Sitio ideal
para la conciencia acallada, para los tristes
que buscan los paseos solitarios
al aire libre, la lectura de la Biblia,
el soliloquio;
para los que resisten la lluvia en la memoria:
la añoranza,
los planes sin futuro.
donde el orgullo y la pasión
eran considerados repugnantes gusanos del espíritu;
y por ende, querido o no,
picoteados por los cuervos blancos
que devoraban la imaginación día tras día.
Los pasos que se daban
parecían interminables círculos de noria
que desnudaban todo tipo de locura
y hacían refunfuñar a las almas rotas
—aún siguen dándose hoy en el recuerdo;
aún persiste el ánimo de huir,
aunque muy pocos lo han logrado.
Sitio ideal
para la conciencia acallada, para los tristes
que buscan los paseos solitarios
al aire libre, la lectura de la Biblia,
el soliloquio;
para los que resisten la lluvia en la memoria:
la añoranza,
los planes sin futuro.
lunes, 27 de julio de 2020
Cuarentena
¿Qué haces con tu tiempo
todo el tiempo?
¿Qué haces en la casa
todo el tiempo,
con la guitarra, con el
celular,
con los libros
desempolvados,
frente al televisor,
acostado, parado, sentado
tecleando,
yéndote al baño, a la
cocina,
discutiendo por
nimiedades,
sin pensar el pasado ni
el futuro, inmune a la melancolía,
cruzando de este mundo a
otro mundo,
del abismo a las nubes,
de la probidad a la
infamia,
del entusiasmo a la
carencia de propósitos?
¿Qué sufres en tus sueños?
¿Qué le ha pasado a tu pasión?
¿Qué aventuras sonoras has
enmudecido?
¿De dónde te ha llegado el
afán del sabueso
para el rastreo de tu
nombre,
para asumir los rostros de tus máscaras?
Sé que te encuentras
páramo abatido
descubriendo alegrías viejas
debajo de tus expresiones,
alegrías ajenas a tu
espejo,
dichas-ríos llevando lo
que eras
y hoy ejercen pesada
impavidez;
costumbre que calienta,
mañana tras mañana,
la cocina a gas para el
mate,
apaga el aire frío y el
ventilador
y abre las ventanas para
los rayos del sol sobre tu cama.
¡A girar por la casa.
Vamos, vamos!,
a dar vueltas y vueltas
por el patio,
a existir solo a cada
tanto callado en las palabras,
siguiendo la intuición (filosa
idea que corta el sí mismo),
entre trampas tendidas a
lo ya asimilado,
extinguiendo esperanzas
de encontrar
la paciencia infinita,
el danzante cuello del
cisne,
ese cuerpo de sombra que
asoma en la memoria
y que intencionalmente
recuerda el fin de nuestra suerte.
Si fuera un hombre libre,
les ahorraría la carga
de seguir monitoreando mi
ostracismo;
y sin mucho pensarlo, sin
cuestionar a qué juego jugamos,
ensalzaría a esos héroes
que luchan en medio de cadáveres.
sábado, 25 de julio de 2020
Confrontación con el tiempo
En solitario
(como equivale hacerlo un
hombre),
afronto la embestida de
las horas,
el gusano que acecha
(quizá en el barro, de
momento,
y no en la sangre,
todavía)
como el buitre en el
páramo.
Sufro la mala compañía
del silencio,
la blanca oscuridad de
cada aurora
en esta senda enmarañada,
en este caminar
sobre la espalda desnuda
del destino,
en este duro beso de la
madrugada.
Apremiado por ver llegar
la tea de los juegos
que iniciará la justa
olímpica,
acallo el ansia de correr
la maratón
sabiendo que los dioses
untaron mi carril de
aceite. miércoles, 22 de julio de 2020
El recolector de latas vacías de cerveza
Hoy tuve un encuentro con Juan, el recolector de latas
vacías de cerveza, en la villa miseria donde vive.
Fui invitado por él luego de mi insistente curiosidad
por conocerlo, estando una madrugada en el centro de la ciudad,
donde él se había arrastrado toda la noche recolectando
y yo me encontraba curioseando a pie con mi amada Marion.
Tomamos el mate de la misma bombilla (le gustó mi gesto:
el no sentir asco de sus dientes amarillos –le faltaban dos).
Él se mostró afable, con sueños de grandeza todavía
y la esperanza de saltar al polo opuesto de su realidad
y abandonar la soledad absoluta de los desheredados.
«No quiero ser rico, pero quiero vivir bien», filosofó.
Luego expuso que 75 latas vacías de cerveza pesan un kilo
y que su importe alcanza para una lata de sardina.
Su mujer lo abandonó porque en medio de tanta miseria
y vino barato era imposible mantener el fuego de la pasión.
De vez en cuando, ella venía a reclamar la manutención
para los dos hijos que trajeron al mundo. Vociferaba
cuando el pobre Juan no lograba juntar la mensualidad:
«Irás a la cárcel si vuelves a decirme que no tienes la cuota».
«Es así --le dije--: hoy en día los jueces protegen a los niños,
muy presionados por la sociedad. Temen aceptar coimas».
Aprendí a hablar su lengua, sus giros idiomáticos, sus ambiguas
expresiones, su necesidad de mancillar la opulencia, de odiar a los ricos.
Me enseñó la anarquía, la lucha contra los dueños del poder,
a saber llevar los andrajos y los panfletos izquierdistas
para extorsionar al gobierno y mamar a cada par de meses
de la teta del capitalismo salvaje (siempre reacio a la generosidad
social: «¡que trabajen, carajo, esta manga de haraganes!»).
Cuando me preguntó que hacía yo en la vida, concretamente,
y le respondí que era poeta, que escribía versos, que buscaba
la verdad y la belleza con el espíritu predispuesto a la emoción,
se le iluminó el rostro y la mirada. «¡Eres un poeta!», exclamó,
y empezó a reír con desembozo, con ganas, con ánimo renovado.
Estoy seguro de haber leído con nitidez el mensaje que trasmitía
aquella mirada ya acuosa por la revelación de compararme.
Trataba de esconder su alegría. No quería decírmelo, pero
su miraba lo decía: «Este pobre hombre, este muerto de hambre
es más digno de compasión que yo». Evidentemente, Juan
consideraba mi vida más miserable que la suya. Blandía su jactancia.
vacías de cerveza, en la villa miseria donde vive.
Fui invitado por él luego de mi insistente curiosidad
por conocerlo, estando una madrugada en el centro de la ciudad,
donde él se había arrastrado toda la noche recolectando
y yo me encontraba curioseando a pie con mi amada Marion.
Tomamos el mate de la misma bombilla (le gustó mi gesto:
el no sentir asco de sus dientes amarillos –le faltaban dos).
Él se mostró afable, con sueños de grandeza todavía
y la esperanza de saltar al polo opuesto de su realidad
y abandonar la soledad absoluta de los desheredados.
«No quiero ser rico, pero quiero vivir bien», filosofó.
Luego expuso que 75 latas vacías de cerveza pesan un kilo
y que su importe alcanza para una lata de sardina.
Su mujer lo abandonó porque en medio de tanta miseria
y vino barato era imposible mantener el fuego de la pasión.
De vez en cuando, ella venía a reclamar la manutención
para los dos hijos que trajeron al mundo. Vociferaba
cuando el pobre Juan no lograba juntar la mensualidad:
«Irás a la cárcel si vuelves a decirme que no tienes la cuota».
«Es así --le dije--: hoy en día los jueces protegen a los niños,
muy presionados por la sociedad. Temen aceptar coimas».
Aprendí a hablar su lengua, sus giros idiomáticos, sus ambiguas
expresiones, su necesidad de mancillar la opulencia, de odiar a los ricos.
Me enseñó la anarquía, la lucha contra los dueños del poder,
a saber llevar los andrajos y los panfletos izquierdistas
para extorsionar al gobierno y mamar a cada par de meses
de la teta del capitalismo salvaje (siempre reacio a la generosidad
social: «¡que trabajen, carajo, esta manga de haraganes!»).
Cuando me preguntó que hacía yo en la vida, concretamente,
y le respondí que era poeta, que escribía versos, que buscaba
la verdad y la belleza con el espíritu predispuesto a la emoción,
se le iluminó el rostro y la mirada. «¡Eres un poeta!», exclamó,
y empezó a reír con desembozo, con ganas, con ánimo renovado.
Estoy seguro de haber leído con nitidez el mensaje que trasmitía
aquella mirada ya acuosa por la revelación de compararme.
Trataba de esconder su alegría. No quería decírmelo, pero
su miraba lo decía: «Este pobre hombre, este muerto de hambre
es más digno de compasión que yo». Evidentemente, Juan
consideraba mi vida más miserable que la suya. Blandía su jactancia.
martes, 21 de julio de 2020
Recuerdo de un amor que fue muriendo
Del corazón profundo del
pasado
exhuma, a veces, cierto
edén de flores
la memoria, y se impregna
de colores
en un difuso círculo
cerrado.
Vivo el aroma y el
aliento amado,
las pupilas de azules
resplandores,
las caricias, los labios
tentadores
en mi deseo trunco,
derrotado.
Y en la metamorfosis de
los años,
son sus brazos abiertos
hoy, extraños
símbolos de mi dicha y
mis enojos.
Sé que es muy tarde y sé
que me arrepiento
de haber dilapidado aquel
momento.
También, que me resigno a los
despojos.domingo, 19 de julio de 2020
Las ventanas cerradas
Cerrarás tus ventanas, tu
congoja,
tu mente, bebedor del río
seco,
estoico árbol de perdidas
hojas
meciéndose en el mudo
acatamiento.
Hastiado de la brisa del
silencio,
espuma negra de
insistentes olas,
áridas nubes, noche sin
sosiego,
te pierdes en el sol de
cada aurora.
El humo del tabaco en la
mazmorra
busca su esfera, su
profundo cielo,
en el constante silbo de
sus orlas,
en la repetición del
pensamiento.
Cerrarás tus ventanas
hoy, recluso,
para dormir sin rejas y
sin muros.viernes, 17 de julio de 2020
Anónimo de la noche infinita
¿Qué soy aquí en
este sombrío cuarto?:
¿una sombra que yace en
el futuro
en un soneto lánguido e
impuro
con el hastío inmóvil de
un lagarto?
¿Por qué persiste el alma
en su negrura
con miserable luz? ¿Por
qué las rosas
ruegan eternidad sobre
las losas
mientras resignan tinte y
hermosura?
En estas horas de combate pierdo
la memoria y me pierdo
sin espada
hacia la paz de alguna
madrugada.
Y es tan duro el dolor que no recuerdo
si estoy herido y sangro
con derroche,
si existe amanecer para
esta noche.miércoles, 15 de julio de 2020
Efímeras coronas
Tras acoso de meses en
disputa,
sobre la tierra húmeda de
horrores
y la sangre del bárbaro
guerrero,
el soberbio señor feudal
disfruta
entre los ebrios gritos
vencedores
con dulce vino y carne de
cordero.
En el trono del castillo,
alborozado,
besa la gloria del reino
conquistado.
La última batalla,
encarnizada,
ciega en odio ancestral y
en ciega ira,
fue grande en impiedad y
desatino.
Hades, el dios de risa
congelada,
espera con paciencia al
que suspira
envuelto ya en los brazos
del destino.
Los otros que escaparon
de la muerte
esperan maniatados otra
suerte.
Inmersos en orgiásticos
festejos,
resuenan las canciones,
los bullicios
y danzas de frenéticas
mujeres.
Retirados, los niños y
los viejos,
aplauden los desbordes y
los vicios
mientras, Ares, impúdico
requiere
las enemigas hembras y
los siervos,
cadáveres al hambre de
los cuervos.
Abatidos los cuerpos, y
agotado
por la orgía y el sueño
ya cumplido
mira el señor feudal en
tanto dice:
«Tras lucha cruel hemos
triunfado,
aunque pronto caerán en
el olvido
renombre y gloria que mi
Dios bendice.
¿En cuánto tiempo algún
otro señor
vendrá a hurtarme el
cetro triunfador?»martes, 14 de julio de 2020
Calma peligrosa
En singladura, la pasión
herida
se oscurece de inútiles
tormentos,
en el confín doloroso del
alma,
mientras se parte el cofre
del recuerdo.
Avergonzado de perder la
brújula
y la emoción, confundido
el aliento,
soporto el duro cruce de
los mares
con la esperanza de
avistar tu puerto.
Y sufro el frío y callo tu abandono,
la angustia de
encontrarme mar adentro
en noche extrema de
rugientes olas.
En soledad, donde afirmo
mi apego
a la cadencia antigua de
tu danza,
clamo tu amor en el sombrío piélago.lunes, 13 de julio de 2020
Acaso la nada
Acaso en el inicio de tu
meta
tus ímpetus le dieron al
destino
un rumbo cierto, un
lúcido camino
que conduce al laurel del
buen poeta.
Acaso en la avidez de
hallar el canto
que registra verdades de
la vida
notaras que, además de la
partida,
es la quimérica canción
tu espanto.
Presumes en tu nítida
conciencia
haber hecho lo digno, lo
correcto,
y maldices la infamia del
trayecto,
pues la gloria alejó de
tu existencia.
Noche tras noche, sobre
tu almohada,
esbozas la canción desesperada.viernes, 10 de julio de 2020
Razonando sobre el instinto
Para encontrar la voz del
mudo instinto
uno debe encontrarse al
borde de la suerte
y usar potentes
microscopios
de la imaginación,
liberar las compuertas
del desorden mental,
de las palabras que hacen
enrojecer los labios
y ejercen el dominio
sobre el ansioso espíritu.
No dejar que la muerte, ni la vejez, ni el llanto,
ni el recuerdo nostálgico
de un deslumbrante amor,
formen parte primera de
la génesis.
No imaginar el mueble
donde guardan
los rudimentos de la
disciplina.
Nunca envalentonarse como
héroes,
y nunca maltratar al
propio ser.
Para encontrar la senda a
la cascada
los pasos deben ser
elevados, danzantes,
como en un éxodo hacia el
aire húmedo de la belleza,
hacia el agua que caerá sobre
la piel desnuda
y enfocará la brisa hacia
el torso mojado,
alejado lo más que se
pueda de la melancolía,
del pánico bastardo ante
la luz real.
Y seguir las huellas de
los sedientos.
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