jueves, 27 de octubre de 2016

Poesía




Siembra y cosecha de todos los tiempos,
lozanas briznas que prorrumpen
de los parajes misteriosos y fecundos.

Oh, divino sendero
—pasión de humanizados dioses—,
me esquivas como una luciérnaga,
sin dejarme trasplantar en tu fértil tierra
el árbol de hojas pardas
creado por mi obstinación.

Anhelo la piedad
de tus soplos nostálgicos,
savia que aviva el espejismo azul
y la frondosidad de la quimera.

Cuánta razón tuvo mi espíritu
—su serena sangría—
para seguirte
a través del vasto horizonte de los sueños.



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