Sube las escaleras sin cansarse;
y siempre que le dices:
«¡párate!», él se para;
le dices: «bueno, ¡basta!»,
y él deja de entablar conversación.
Tu cerebro, algún día,
será implantado en él.
Entonces cumplirás
tus propias órdenes.
viernes, 28 de agosto de 2020
domingo, 23 de agosto de 2020
La lumbre débil
En la fogata del recuerdo
sigue ardiendo hasta hoy la pasión que ennoblece,
y minuto a minuto va devorando el tiempo
su pálido fulgor.
Como en la cárcel,
saltea el muro débil de tu pecho
el eco de su palpitar.
Para el deleite del olvido,
en vano intentas lanzar nuevas miradas
hacia aquella cima de luz
y de aires puros de la vida.
sigue ardiendo hasta hoy la pasión que ennoblece,
y minuto a minuto va devorando el tiempo
su pálido fulgor.
Como en la cárcel,
saltea el muro débil de tu pecho
el eco de su palpitar.
Para el deleite del olvido,
en vano intentas lanzar nuevas miradas
hacia aquella cima de luz
y de aires puros de la vida.
¡Ay, intocable altura!
Hoy has perdido
la paz del solitario
que casi siempre te habitaba.
¡Sube, espíritu mío! ¡Hazte fuerte
como el brazo del antiguo remero!
No dejes que en la noche,
en la penumbra triste,
el viento del desánimo
azote con su vil extremaunción
la moribunda llama de la altura.
Hoy has perdido
la paz del solitario
que casi siempre te habitaba.
¡Sube, espíritu mío! ¡Hazte fuerte
como el brazo del antiguo remero!
No dejes que en la noche,
en la penumbra triste,
el viento del desánimo
azote con su vil extremaunción
la moribunda llama de la altura.
jueves, 20 de agosto de 2020
Desde mi angustia existencial
Cuando el futuro
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho, después de medianoche,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.
(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).
Cuando la vida suelta sus amarras
y me muestra el mar invisible,
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho, después de medianoche,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.
(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).
Cuando la vida suelta sus amarras
y me muestra el mar invisible,
el mar del infinito que se mece,
sé que emprendo una torpe fuga:
la ingenua travesía hacia el naufragio.
sé que emprendo una torpe fuga:
la ingenua travesía hacia el naufragio.
sábado, 15 de agosto de 2020
Aves sublimes
Mediante la poesía llegar a lo desconocido. (Arthur Rimbaud)
Agoto mucho tiempo de mi vida
escribiendo poemas
que nunca logro concluir,
curioseando por lugares misteriosos
donde me ofrecen tragos seductores de silencio
y me indican que puedo suspender mi tarea
cuando quisiese,
que puedo trasnochar inmune
a los sentimientos de culpa.
Cuando busco volver de mi aventura,
a nadie le molesta mi regreso
a esta porción de mi existencia
donde constato que nada más necesito
para seguir discurriendo los versos
que van agotando mi vida.
Al acostarme se cierran mis párpados
por vencerme cansancio y embriaguez;
los seres de los lugares desconocidos
(genuinos duendes de la poesía)
se muestran sobre mi mesa de luz,
y en mi entresueño declaman emocionantes versos
que salen uno tras otro volando al infinito
como sublimes aves en eterna emigración.
domingo, 9 de agosto de 2020
El viaje hacia la meta
¿De qué modo llegaste hasta esta posta,
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
y de qué modo buscas proseguir
para alcanzar tu meta?
¿Acaso no se nota en tus facciones,
en el espanto de tu rostro,
terriblemente, la anarquía de tu empeño?
El desierto de tu pasado ha hecho arenas
de tus antiguas resonancias,
de la tierra donde amabas vivir,
de los vertiginosos días,
de todo lo vivido.
Era el futuro más arrebujado que el presente,
pero habitas hoy el presente sin necesidad de futuro.
Seguir la lucha es tu apetito.
Aunque tu hambre ha luchado ya todas las guerras,
no dejas de buscar el sitio exacto
donde los dioses piensan celebrar la cena opípara.
Has llegado hasta aquí casi como lo imaginaste:
sin euforia ni desaliento, con la humana memoria que te queda
para atrapar los espejismos que te huyen,
para reconstruir las ruinas de tus sueños,
para hincarte en la arena de su calcinado desierto
y así reconciliarte con el severo olvido.
No debería ser la vida tan inapelable al mostrar su erosión,
pero prescindes desde aquí y ahora de brújula y sendero.
Cabalgarás la ruta de la estrella que aún titila
en el oscuro cielo de tu espíritu.
Y más que nunca prometes nutrir tu convicción.
jueves, 6 de agosto de 2020
Nuestro amado cadáver
Casi todas las noches errábamos por los suburbios
recorriendo barrios, cuadra tras cuadra:viejos enjutos con cigarros en sus sillas de mimbre,
furiosos perros para un inminente ataque,
ansiosas chicas de bellas sonrisas, con guiños,
encantadores cuerpos exhibiéndose sobre las veredas.
El mundo cooperaba para que los paseos fuesen
carentes de peligros y gratos de emoción.
Las noches eran libres. Las estrellas se reflejaban
en las piedras tranquilas de la calle. El basalto negruzco.
(¡Qué libres éramos sobre esas piedras!)
Entonces, un mal día, la señora Conciencia se anunció:
la formalidad había llegado —aunque seguíamos juntándonos
los más amigos, y por las noches a cada tanto nos reuníamos
para jugar al póker o a los dados, beber unas cervezas y reír.
Luego, el juego definitivamente terminó.
Cada quien con su vida nos fuimos a formar parejas,
llegaron los retoños y más impenetrable se volvió el mundo.
Nuestros destinos no podían ya cruzarse, y el resplandor
del verano se hizo tenue como nuestra pasión apaciguada.
Nos quedamos muy solos, sin amigos.
No obstante, todo el tiempo, pegaron vuelo las palabras,
insistiendo las alas en encender las sílabas, los verbos.
A dos cuadras, la iglesia; a media, el almacén.
El gallo de la madrugada. El caco audaz
que nos dejó petrificados mientras le robaba al vecino.
Nunca cesaron de afirmarse en la memoria los recuerdos.
Abandonamos aquél mundo donde vivimos todo su presente.
Hoy poseemos otro, de algún modo quizás más apacible,
con menos desencantos de languidez existencial,
pero hay algo irreemplazable que dejamos allá a lo lejos:
nuestro amado cadáver que nos negamos a enterrar.
martes, 4 de agosto de 2020
Hombres sin destino
Estuve en un lugar
donde el orgullo y la pasión
eran considerados repugnantes gusanos del espíritu;
y por ende, querido o no,
picoteados por los cuervos blancos
que devoraban la imaginación día tras día.
Los pasos que se daban
parecían interminables círculos de noria
que desnudaban todo tipo de locura
y hacían refunfuñar a las almas rotas
—aún siguen dándose hoy en el recuerdo;
aún persiste el ánimo de huir,
aunque muy pocos lo han logrado.
Sitio ideal
para la conciencia acallada, para los tristes
que buscan los paseos solitarios
al aire libre, la lectura de la Biblia,
el soliloquio;
para los que resisten la lluvia en la memoria:
la añoranza,
los planes sin futuro.
donde el orgullo y la pasión
eran considerados repugnantes gusanos del espíritu;
y por ende, querido o no,
picoteados por los cuervos blancos
que devoraban la imaginación día tras día.
Los pasos que se daban
parecían interminables círculos de noria
que desnudaban todo tipo de locura
y hacían refunfuñar a las almas rotas
—aún siguen dándose hoy en el recuerdo;
aún persiste el ánimo de huir,
aunque muy pocos lo han logrado.
Sitio ideal
para la conciencia acallada, para los tristes
que buscan los paseos solitarios
al aire libre, la lectura de la Biblia,
el soliloquio;
para los que resisten la lluvia en la memoria:
la añoranza,
los planes sin futuro.
lunes, 27 de julio de 2020
Cuarentena
¿Qué haces con tu tiempo
todo el tiempo?
¿Qué haces en la casa
todo el tiempo,
con la guitarra, con el
celular,
con los libros
desempolvados,
frente al televisor,
acostado, parado, sentado
tecleando,
yéndote al baño, a la
cocina,
discutiendo por
nimiedades,
sin pensar el pasado ni
el futuro, inmune a la melancolía,
cruzando de este mundo a
otro mundo,
del abismo a las nubes,
de la probidad a la
infamia,
del entusiasmo a la
carencia de propósitos?
¿Qué sufres en tus sueños?
¿Qué le ha pasado a tu pasión?
¿Qué aventuras sonoras has
enmudecido?
¿De dónde te ha llegado el
afán del sabueso
para el rastreo de tu
nombre,
para asumir los rostros de tus máscaras?
Sé que te encuentras
páramo abatido
descubriendo alegrías viejas
debajo de tus expresiones,
alegrías ajenas a tu
espejo,
dichas-ríos llevando lo
que eras
y hoy ejercen pesada
impavidez;
costumbre que calienta,
mañana tras mañana,
la cocina a gas para el
mate,
apaga el aire frío y el
ventilador
y abre las ventanas para
los rayos del sol sobre tu cama.
¡A girar por la casa.
Vamos, vamos!,
a dar vueltas y vueltas
por el patio,
a existir solo a cada
tanto callado en las palabras,
siguiendo la intuición (filosa
idea que corta el sí mismo),
entre trampas tendidas a
lo ya asimilado,
extinguiendo esperanzas
de encontrar
la paciencia infinita,
el danzante cuello del
cisne,
ese cuerpo de sombra que
asoma en la memoria
y que intencionalmente
recuerda el fin de nuestra suerte.
Si fuera un hombre libre,
les ahorraría la carga
de seguir monitoreando mi
ostracismo;
y sin mucho pensarlo, sin
cuestionar a qué juego jugamos,
ensalzaría a esos héroes
que luchan en medio de cadáveres.
sábado, 25 de julio de 2020
Confrontación con el tiempo
En solitario
(como equivale hacerlo un
hombre),
afronto la embestida de
las horas,
el gusano que acecha
(quizá en el barro, de
momento,
y no en la sangre,
todavía)
como el buitre en el
páramo.
Sufro la mala compañía
del silencio,
la blanca oscuridad de
cada aurora
en esta senda enmarañada,
en este caminar
sobre la espalda desnuda
del destino,
en este duro beso de la
madrugada.
Apremiado por ver llegar
la tea de los juegos
que iniciará la justa
olímpica,
acallo el ansia de correr
la maratón
sabiendo que los dioses
untaron mi carril de
aceite. miércoles, 22 de julio de 2020
El recolector de latas vacías de cerveza
Hoy tuve un encuentro con Juan, el recolector de latas
vacías de cerveza, en la villa miseria donde vive.
Fui invitado por él luego de mi insistente curiosidad
por conocerlo, estando una madrugada en el centro de la ciudad,
donde él se había arrastrado toda la noche recolectando
y yo me encontraba curioseando a pie con mi amada Marion.
Tomamos el mate de la misma bombilla (le gustó mi gesto:
el no sentir asco de sus dientes amarillos –le faltaban dos).
Él se mostró afable, con sueños de grandeza todavía
y la esperanza de saltar al polo opuesto de su realidad
y abandonar la soledad absoluta de los desheredados.
«No quiero ser rico, pero quiero vivir bien», filosofó.
Luego expuso que 75 latas vacías de cerveza pesan un kilo
y que su importe alcanza para una lata de sardina.
Su mujer lo abandonó porque en medio de tanta miseria
y vino barato era imposible mantener el fuego de la pasión.
De vez en cuando, ella venía a reclamar la manutención
para los dos hijos que trajeron al mundo. Vociferaba
cuando el pobre Juan no lograba juntar la mensualidad:
«Irás a la cárcel si vuelves a decirme que no tienes la cuota».
«Es así --le dije--: hoy en día los jueces protegen a los niños,
muy presionados por la sociedad. Temen aceptar coimas».
Aprendí a hablar su lengua, sus giros idiomáticos, sus ambiguas
expresiones, su necesidad de mancillar la opulencia, de odiar a los ricos.
Me enseñó la anarquía, la lucha contra los dueños del poder,
a saber llevar los andrajos y los panfletos izquierdistas
para extorsionar al gobierno y mamar a cada par de meses
de la teta del capitalismo salvaje (siempre reacio a la generosidad
social: «¡que trabajen, carajo, esta manga de haraganes!»).
Cuando me preguntó que hacía yo en la vida, concretamente,
y le respondí que era poeta, que escribía versos, que buscaba
la verdad y la belleza con el espíritu predispuesto a la emoción,
se le iluminó el rostro y la mirada. «¡Eres un poeta!», exclamó,
y empezó a reír con desembozo, con ganas, con ánimo renovado.
Estoy seguro de haber leído con nitidez el mensaje que trasmitía
aquella mirada ya acuosa por la revelación de compararme.
Trataba de esconder su alegría. No quería decírmelo, pero
su miraba lo decía: «Este pobre hombre, este muerto de hambre
es más digno de compasión que yo». Evidentemente, Juan
consideraba mi vida más miserable que la suya. Blandía su jactancia.
vacías de cerveza, en la villa miseria donde vive.
Fui invitado por él luego de mi insistente curiosidad
por conocerlo, estando una madrugada en el centro de la ciudad,
donde él se había arrastrado toda la noche recolectando
y yo me encontraba curioseando a pie con mi amada Marion.
Tomamos el mate de la misma bombilla (le gustó mi gesto:
el no sentir asco de sus dientes amarillos –le faltaban dos).
Él se mostró afable, con sueños de grandeza todavía
y la esperanza de saltar al polo opuesto de su realidad
y abandonar la soledad absoluta de los desheredados.
«No quiero ser rico, pero quiero vivir bien», filosofó.
Luego expuso que 75 latas vacías de cerveza pesan un kilo
y que su importe alcanza para una lata de sardina.
Su mujer lo abandonó porque en medio de tanta miseria
y vino barato era imposible mantener el fuego de la pasión.
De vez en cuando, ella venía a reclamar la manutención
para los dos hijos que trajeron al mundo. Vociferaba
cuando el pobre Juan no lograba juntar la mensualidad:
«Irás a la cárcel si vuelves a decirme que no tienes la cuota».
«Es así --le dije--: hoy en día los jueces protegen a los niños,
muy presionados por la sociedad. Temen aceptar coimas».
Aprendí a hablar su lengua, sus giros idiomáticos, sus ambiguas
expresiones, su necesidad de mancillar la opulencia, de odiar a los ricos.
Me enseñó la anarquía, la lucha contra los dueños del poder,
a saber llevar los andrajos y los panfletos izquierdistas
para extorsionar al gobierno y mamar a cada par de meses
de la teta del capitalismo salvaje (siempre reacio a la generosidad
social: «¡que trabajen, carajo, esta manga de haraganes!»).
Cuando me preguntó que hacía yo en la vida, concretamente,
y le respondí que era poeta, que escribía versos, que buscaba
la verdad y la belleza con el espíritu predispuesto a la emoción,
se le iluminó el rostro y la mirada. «¡Eres un poeta!», exclamó,
y empezó a reír con desembozo, con ganas, con ánimo renovado.
Estoy seguro de haber leído con nitidez el mensaje que trasmitía
aquella mirada ya acuosa por la revelación de compararme.
Trataba de esconder su alegría. No quería decírmelo, pero
su miraba lo decía: «Este pobre hombre, este muerto de hambre
es más digno de compasión que yo». Evidentemente, Juan
consideraba mi vida más miserable que la suya. Blandía su jactancia.
martes, 21 de julio de 2020
Recuerdo de un amor que fue muriendo
Del corazón profundo del
pasado
exhuma, a veces, cierto
edén de flores
la memoria, y se impregna
de colores
en un difuso círculo
cerrado.
Vivo el aroma y el
aliento amado,
las pupilas de azules
resplandores,
las caricias, los labios
tentadores
en mi deseo trunco,
derrotado.
Y en la metamorfosis de
los años,
son sus brazos abiertos
hoy, extraños
símbolos de mi dicha y
mis enojos.
Sé que es muy tarde y sé
que me arrepiento
de haber dilapidado aquel
momento.
También, que me resigno a los
despojos.domingo, 19 de julio de 2020
Las ventanas cerradas
Cerrarás tus ventanas, tu
congoja,
tu mente, bebedor del río
seco,
estoico árbol de perdidas
hojas
meciéndose en el mudo
acatamiento.
Hastiado de la brisa del
silencio,
espuma negra de
insistentes olas,
áridas nubes, noche sin
sosiego,
te pierdes en el sol de
cada aurora.
El humo del tabaco en la
mazmorra
busca su esfera, su
profundo cielo,
en el constante silbo de
sus orlas,
en la repetición del
pensamiento.
Cerrarás tus ventanas
hoy, recluso,
para dormir sin rejas y
sin muros.viernes, 17 de julio de 2020
Anónimo de la noche infinita
¿Qué soy aquí en
este sombrío cuarto?:
¿una sombra que yace en
el futuro
en un soneto lánguido e
impuro
con el hastío inmóvil de
un lagarto?
¿Por qué persiste el alma
en su negrura
con miserable luz? ¿Por
qué las rosas
ruegan eternidad sobre
las losas
mientras resignan tinte y
hermosura?
En estas horas de combate pierdo
la memoria y me pierdo
sin espada
hacia la paz de alguna
madrugada.
Y es tan duro el dolor que no recuerdo
si estoy herido y sangro
con derroche,
si existe amanecer para
esta noche.miércoles, 15 de julio de 2020
Efímeras coronas
Tras acoso de meses en
disputa,
sobre la tierra húmeda de
horrores
y la sangre del bárbaro
guerrero,
el soberbio señor feudal
disfruta
entre los ebrios gritos
vencedores
con dulce vino y carne de
cordero.
En el trono del castillo,
alborozado,
besa la gloria del reino
conquistado.
La última batalla,
encarnizada,
ciega en odio ancestral y
en ciega ira,
fue grande en impiedad y
desatino.
Hades, el dios de risa
congelada,
espera con paciencia al
que suspira
envuelto ya en los brazos
del destino.
Los otros que escaparon
de la muerte
esperan maniatados otra
suerte.
Inmersos en orgiásticos
festejos,
resuenan las canciones,
los bullicios
y danzas de frenéticas
mujeres.
Retirados, los niños y
los viejos,
aplauden los desbordes y
los vicios
mientras, Ares, impúdico
requiere
las enemigas hembras y
los siervos,
cadáveres al hambre de
los cuervos.
Abatidos los cuerpos, y
agotado
por la orgía y el sueño
ya cumplido
mira el señor feudal en
tanto dice:
«Tras lucha cruel hemos
triunfado,
aunque pronto caerán en
el olvido
renombre y gloria que mi
Dios bendice.
¿En cuánto tiempo algún
otro señor
vendrá a hurtarme el
cetro triunfador?»martes, 14 de julio de 2020
Calma peligrosa
En singladura, la pasión
herida
se oscurece de inútiles
tormentos,
en el confín doloroso del
alma,
mientras se parte el cofre
del recuerdo.
Avergonzado de perder la
brújula
y la emoción, confundido
el aliento,
soporto el duro cruce de
los mares
con la esperanza de
avistar tu puerto.
Y sufro el frío y callo tu abandono,
la angustia de
encontrarme mar adentro
en noche extrema de
rugientes olas.
En soledad, donde afirmo
mi apego
a la cadencia antigua de
tu danza,
clamo tu amor en el sombrío piélago.lunes, 13 de julio de 2020
Acaso la nada
Acaso en el inicio de tu
meta
tus ímpetus le dieron al
destino
un rumbo cierto, un
lúcido camino
que conduce al laurel del
buen poeta.
Acaso en la avidez de
hallar el canto
que registra verdades de
la vida
notaras que, además de la
partida,
es la quimérica canción
tu espanto.
Presumes en tu nítida
conciencia
haber hecho lo digno, lo
correcto,
y maldices la infamia del
trayecto,
pues la gloria alejó de
tu existencia.
Noche tras noche, sobre
tu almohada,
esbozas la canción desesperada.viernes, 10 de julio de 2020
Razonando sobre el instinto
Para encontrar la voz del
mudo instinto
uno debe encontrarse al
borde de la suerte
y usar potentes
microscopios
de la imaginación,
liberar las compuertas
del desorden mental,
de las palabras que hacen
enrojecer los labios
y ejercen el dominio
sobre el ansioso espíritu.
No dejar que la muerte, ni la vejez, ni el llanto,
ni el recuerdo nostálgico
de un deslumbrante amor,
formen parte primera de
la génesis.
No imaginar el mueble
donde guardan
los rudimentos de la
disciplina.
Nunca envalentonarse como
héroes,
y nunca maltratar al
propio ser.
Para encontrar la senda a
la cascada
los pasos deben ser
elevados, danzantes,
como en un éxodo hacia el
aire húmedo de la belleza,
hacia el agua que caerá sobre
la piel desnuda
y enfocará la brisa hacia
el torso mojado,
alejado lo más que se
pueda de la melancolía,
del pánico bastardo ante
la luz real.
Y seguir las huellas de
los sedientos.
miércoles, 8 de julio de 2020
Vacilación en el eje del silencio
Poeta: tarde o
temprano, más allá de tu muerte física,
serás silencio eterno.
serás silencio eterno.
No sé si deba mantener
en lo alto el puño de poetizar
ante el acoso paulatino
del adiós
en su sentencia
inapelable de callarme.
O si soltar los
cancerberos
atados a los muros de mi
espíritu,
a que me coman los
nonatos poemas
en una forma noble de
suicidio.
O si arrancarme los colgajos
de la ruina
con los dientes de la
palabra inútil,
y la boca esputando
los versos fáciles.
No sé si deba
seguir buscando las
metáforas ocultas,
o de antemano hincarme ya
ante la indefectible victoria
del olvido.lunes, 6 de julio de 2020
Oración de Leónidas en las Termópilas
¡Oh!..., héroes gloriosos; ¡ay!...,
venerados muertos
de sangrientas hazañas en
la historia,
que en columnas de bravos combatientes
apuntáis vuestras lanzas al
sin final del mundo.
Semidioses homéricos,
bellas fieras de siglos
ancestrales,
intrépidos guerreros solazándoos
en el Olimpo de la
eternidad.
Apoderaos hoy de mi
oprimido espíritu,
llenad de ira mis
fervientes ojos,
y contagiadme vuestro
mítico coraje
para rugir ante la espada
del destino.domingo, 5 de julio de 2020
Carcoma de la pasión de vivir
Ópalo girasol, entonces
fuego.
La vida muda en flébil
amarillo
aquel tono carmín,
glamour y brillo,
playa y mar del amante
veraniego.
Mustia la gema en cándido
sosiego,
un día se desprende del
anillo,
y como ágata que esconde
al grillo
vive entre rosas de un
jardín sin riego.
Si la pasión acabará
vencida
con su áspera piel de
cicatrices,
gris en la senectud,
negra en la muerte,
¿con qué designio
cúbrenos la vida
de tan torpes y pálidos
matices
el ardiente vigor, el
rojo fuerte?sábado, 4 de julio de 2020
La lluvia infinita
La lluvia infinita
Es imposible detener la lluvia de este día,
la ola de la tarde se ha batido contra las piedras,los pájaros saludan con
sus trinos de adiós entre las hojas,
sólo mi voz se hace
ilusorio silencio, habita en el sigilo,
se resiste, se pierde, se
desdobla en horizontes fósiles.
Estoy insatisfecho de mi
valentía,
me acosa el armisticio
frágil
con los demonios
insolentes, y no hallo
mi espada desasida en la
refriega.
Esta es una confesión impropia: me culpo siempre
de la muerte de tantos
dioses, como si de sus restos ascendiera
un bosque inasequible, y
en honda contrición perseverase
esa maldita duda de haber
burlado nuestros ritos.
Que los dioses me
absuelvan por quebrantar la intimidad del cielo,
sólo quise concluir mi
historia
sin cargar los pesados
cuerpos sin espíritus,
sólo quise dejar bajo las
piedras mis dudas mitológicas
y remar hacia una isla
sin nombre.
No se detiene.
Choca contra las piedras,
contra las luces de la
luna.
jueves, 2 de julio de 2020
He decidido perderte
Desde un tiempo sonríes con los labios mordidos
y llegas a la casa con olor a futuro.
Al desvestirte olvidas
en el perchero tus anécdotas.
Quise, por un minuto, suicidar
la musa de mi espíritu,
reponer las baldosas
desprendidas de nuestro acceso,
y al irrumpir la noche
correr a la cerveza que enfriaste,
pretendiendo salvar
el adarme de amor obsesionado.
En el jardín tan sólo resta
mudar los crisantemos frente a la magnolia
y al lado de los lirios, pero perdió el cristal
de color mi retina, ahora
ve las flores en blanco y negro.
Abatido,
anoche decidí perderte.
Mis cosas
—los textos esparcidos, la guitarra, el ordenador—,
no las toques.
Probablemente, en el vestíbulo,
con muy pocas palabras me retengas.
miércoles, 1 de julio de 2020
Dormir bajo las alas muertas
Salí del cuarto sin hablarle,
ella se hallaba ya dormida.
Narraba la televisión
una historia de amor y de guerra de los mongoles.
Me detuve en el patio de una noche esteparia,
de soledad de libro abierto,
reclamando a los dioses del destino
una aldea más próxima a su anhelo.
Los días, las felices anécdotas
de la pasión remota, ¡ay!,
«las palabras no vuelan ya su risa,
no emprenden ya sus labios».
Cuando regresé al cuarto, ella seguía agua
en el curso del sueño,
ajena a los combates del mongol.
Mi desvelo se encuentra en lo perdido.
Una noche más me descamo en el epílogo
de una fatal historia de pasión.martes, 30 de junio de 2020
La luna blanca
La luna blanca,
como tus manos en la noche tibia,
lentamente resbala sobre el cielo de mi insomnio.
Yo, pájaro, me quedo contemplando
desde mi rama descubierta,
sobre el silencio del jardín, sobre tus pétalos cerrados,
las luces de la dicha
que van fluyendo frente a mis lejanos ojos.
Cae su cabellera antigua
sobre mi pecho,
sus látigos de luz sobre mi piel.
A cada instante se descubre más blanca,
como aquel cuerpo tuyo ardiente de deseo
donde me demoraba entre tus brazos vegetales
(árbol suicida yo, bosque encendido tú).
La luna blanca me recuerda el mundo
cuando abrías la puerta
segundos antes del amanecer,
paisaje de común abismo
donde van a parar sudores y jadeos.
Era, entonces, la muerte un canto sosegado,
una amenaza inofensiva
sobre la vida perdurable,
sobre tus labios, sobre mi boca hambrienta.
Y eran los tenues rayos de la luna blanca
benévolos puñales de futuro.
.
domingo, 28 de junio de 2020
Marion ha chocado con mi auto
Cuando se le acabaron los cigarrillos salió a comprarlos con su amiga
en mi auto,
y a poco oímos, en el silencio de la madrugada, el estruendo de un
choque.
Corrimos para ver lo que había pasado. La vi a Marion en la vereda
charlando alegremente con su amiga. Hasta hoy en mi mente
perdura la imagen de tanta belleza y del repleto amor que yo sentía.
Se había tragado la primera bocacalle destrozando el carro.
Sobre la calle solitaria caía una neblina densa cuando la abracé,
y luego las luces policiales me recomendaron predisponerme.
Era invierno y su rostro estaba blanco, pero no de susto,
sino de alegría alcohólica que la exoneraba de toda culpa
y me hacía responsable frente a los corruptos hombres de la ley.
Pagué y se fueron.
Llegaron los mirones quienes se inclinaban ante su «hazaña» de diva,
ante su locura de juventud sin heridos graves, sin víctimas fatales,
ante su cuerpo marcado hasta el abismo por su pantalón de licra.
Un vecino canoso que observaba desde su balcón de enfrente,
luego de oír mis palabras: «Es solo un auto, no te preocupes»,
se sonrió aprobando mi reacción de amante comprensivo.
Estando el auto sin seguro, decidí postergar los trámites para mañana.
«Llamaremos un taxi para ir a comprar tus imperiosos cigarrillos»,
le dije desde el fondo de mi amor, mientras mis manos repasaban sus caderas.
Y sensibilizado por mi puro sentimiento, agregué:
«Estar contigo, Marion, vale mucho más que mil
autos».
Luego de su risa loca se puso a llorar aún más
loca sobre mi hombro,
y a besarme con afán, como en los primeros
tiempos. El sentimiento de culpa
la volvió tan ardiente que en esas primeras
horas del alba
me compensó con el inolvidable sexo de mi
vida.
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