viernes, 8 de octubre de 2021

Carta a mi hermano muerto

Irrevocablemente, sin apuros,
nos encontraremos unidos,
y seré yo quien te siga con toda
mi inexperiencia de cadáver,
de fantasma que lucha
por sus reliquias familiares,
inseguro de la inmortalidad,
pero dejando ya este cuerpo vano,
esta lengua callada en el instante,
este retrato de vampiro en el espejo,
jugando con el alma en la derrota,
llamando a gritos a lo que no responde.

Detrás de la existencia ya no existe la luna
ni este planeta. Solo seremos tú y yo
con nuestros viejos pergaminos
trazando las estelas,
defendiéndonos del silencio.

Cantando llegaré, te enseñaré a cantar,
sin errores en los compases,
con mi último rostro de estar vivo,
para que entiendas que no has perdido mucho
por morirte temprano,
que las flores son siempre flores,
y nada portentoso ha sucedido
desde tu ausencia:
siempre la misma forma de matarnos,
la misma manera de herirnos,
de emborracharnos,
de entender la razón de lo imposible.

Seremos dos hermanos
que recorren las viñas de los duendes,
un libre pasaje abrazados en la sombra
en surco de infinito,
dos hermanos que ya no existen
en la cotidianeidad de la luz,
en la espontaneidad de los volcanes,
donde tú ya no existes
en el pantalón corto azul y la camisa a cuadros,
y yo en este desnudo esfuerzo de mis sílabas.
Dos hermanos en pena con el adiós eterno,
aunque ya libres de nostalgias para siempre.



No te pido la casualidad de la esperanza

La vida es el vitral de la muda clepsidra,
una cumbre sin aire
sobre el amor rendido,
es la visión del cielo en su conjura.

La vida es un laberinto en llamas,
la piel de los volcanes; y el destino,
la promesa de llagas, de huida a tiempo
donde no pueda ya incendiarnos.

Nos queda el mutuo desconsuelo,
y el adiós lacerándonos el alma.

Reclamo el último desierto de tu fe,
sin espejismos de la dicha,
aunque turbias las aguas del oasis,
aunque arenas quemantes el camino.

No pido lluvias
ni la casualidad de la esperanza,
sólo el pulso velado de tu brío,
y saber si percibes mis facciones —o el cenotafio— 
para el día de mi muerte.

Yo también he retorcido el cuello del cisne

Detrás de mí, los cisnes, cuyos cuellos he retorcido,
sobre las aceras abandonadas
que guardan intactos mis primeros devaneos,
cantan hoy con cierta desenvoltura:
sonetos de todo tipo: académicos, blancos, polimétricos;
silvas, pareados, versos libres sin límites de tonos,
versículos, y poemas multimétricos (como el aquí expuesto).

Me acompaña el joven vecino que sitúa su existencia
en el fondo del vaso de vino o de cerveza o de lo que sea,
un hombre libre de la vejez, de la decadencia del espíritu,
una voluntad desarreglada que nutre mis palomas
para darle una cierta susurrante emoción a mis oídos.
Siempre repite: «qué pasa que los tímidos no escriben,
no pintan sus psiquismos, no sacan el sarro de sus talentos,
y no buscan calafatear las grietas de sus barcas voladoras».
Me parece que tiene razón y que debo enmendar mi sueño;
¡sí, lo voy a hacer!, anoto, mientras apaleo el teclado rebelde
con las repeticiones de grillo dentro de mi caótico cerebro.

Cuando terminamos de batirnos
y se fue para siempre hasta sus cosas,
me tendí a componer cada noche. Y sentí el arrullo de los cisnes
que levantaban jugando sus cuellos retorcidos,
y supe cuánto triunfo valió haber echado algo de lucha
sobre la negligencia y el desorden y la inelegancia.




jueves, 7 de octubre de 2021

Solución existencial

Me encuentro sumergido
en esta inmensidad,
como si a mi sentir
la tierra no existiera,
flotando en el vacío,
sin tiempo ya y sin dogmas,
empotrado en murallas
allá en el infinito,
con luces de los astros,
muy solo navegando
en la prisión inmensa,
mirando con terror
la gran profundidad,
exhalando silencios
entre saltos y tumbos
dentro de la dinámica,
yendo a ninguna parte
en la infinita noche
con negros pensamientos,
preguntando: ¿a qué estoy,
por qué estoy sumergido
en esta soledad?

Como un hilo de plata,
el arroyo sereno
tendido está en la loma
espejando la estrella.

La cebolla

La cáscara primera es sucia.
Luego aparecen, como
sentimientos superpuestos,
otras capas más limpias,
y otras que se ven casi transparentes.

Lagrimeamos sin cesar,
y abocados al proceso, sentimos
la oscura sensación de hallar
algo valioso tras la última capa.
 
Sin embargo,
nada encontramos,
ninguna perla,
nada.

Su tesoro,
su substancia,
su elemento fundamental
está en su cáscara.

Incontables cebollas 
existen en el mundo.
No perdamos el tiempo
en buscar en el núcleo.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Hoy sin ti

Rastreo las verdades
que tú deseas ignorar
en esta noche
infructuosa, sin rumbo,
donde recuerdo con suplicio
las adorables armas
de tu tímida seducción.

Alborozo de las nocturnas irrupciones,
congoja de palabras que hoy escribo:
remembranzas, ardores, entusiasmos.
Si supieras las calles
vacías que pueblan mis atajos;
cuántos pueblos dormidos,
mis lúdicos insomnios.

Hoy sé que está agotado
el sol de tu sonrisa
y la esperanza
de beber en tu vientre
la lluvia que te inunde.
Hoy sé que el tiempo del rufián robándote
tristeza y soledad ha sido superado.

Ni siquiera me queda
algún reparo a gritos que reclamar.

Te pregunto

¿Qué hiciste?

Paraste los relojes,
no dejas de apenar al perro que te espera,
enmudeciste la guitarra,
y los pájaros dan círculos mudos en el aire.

Uso ojeras debajo de tus almohadas,
me visto días con la misma ropa,
me doy faenas en mis horas de descanso,
y sigo tus programas de televisión.

¿No fuiste acaso mi domingo entero,
mi inmediación nocturna,
mi futuro inmutable,
mi corazón en paz?


martes, 5 de octubre de 2021

Cráneo 5

Algo inmemorial sé de ti
porque de tus cenizas soy un fénix,
y hechos están mis huesos
de tu asombro,
de tu angustia,
de la risa y el llanto que inventaste,
de los conjuros de tus dioses
que siempre te han horrorizado.

Has creado la incógnita
de la vida en la tierra,
la divina estructura de los cielos,
la alegoría de los astros
con sus signos de vida y muerte y vida.
Has creado el pavor a los relámpagos.

En qué escondrijo de mi espíritu
no descansa tu amor por mí,
con su abrazo interminable en el tiempo,
con su misterio de alfas y omegas,
con su anhelo incesante de existir.

Buscándote
me busco en las cavernas
más allá de la piedra, el fuego, el frío,
más allá de neandertales y cromañones,
sonámbulo de las planicies,
impune violador de los vírgenes bosques,
señor de los crepúsculos intensos,
esclavo de los cataclismos,
triturador de carne cruda,
semental incansable. . .

Buscándote
me busco en la intemperie,
en la larga penuria en las escarchas.
Tras el cristal de mi memoria hermética
un cazador tozudo acecha
con su anhelo incesante de existirme.

domingo, 3 de octubre de 2021

Suprema conciencia


Aquellos muros martirizadores,
aparentemente insalvables en su época,
se encuentran hoy desmoronados;
y mi espíritu, libre en la vagancia,
recorre los lugares discurridos.

Redescubrir las frondas olvidadas
y caminar las huellas del ultraje,
siendo factible ahora
curiosear en cualesquiera
de los oscuros matorrales
que antes llamaban mi atención.

Hoy me atrevo a cazar
Indiferente a los magníficos señuelos,
preservando riquezas del entorno,
y por siempre siervo de la leyes
de los humanos albedríos.

De nuevo inmerso en anchuroso mundo,
puedo disfrutar de la lluvia dócil,
de la noche en larga vigilia,
del invierno sin nieve tras el ventanal,
y extraer de estos éxtasis pequeños
los afeites, las pócimas, los bálsamos,
para paliar los azotes de aquella tiranía.

viernes, 1 de octubre de 2021

Silencio del día y de la noche


Silencio del día y de la noche

Una cadena de silencios
brota y explota durante el día;
y por las noches,
los genuinos, los implacables,
los oscuros, los fríos,
suben por la terraza de tu casa,
como brutales gatos que se deslizan
buscando huecos
por donde penetrar hasta la carne;
y tú, como un soldado noble, te levantas,
respetando las reglas todos los días,
para sufrir la destrucción de la contienda
necesaria para el pequeño
avance a la victoria
que, ciertamente, sostiene la ilusión.


jueves, 30 de septiembre de 2021

Esta ciudad siempre fue nuestra

Hermosa en tu lujuria,
y tus pasos de eróticos tacones
y tu sonrisa pálida
y tu forma de echarte entre mis brazos,
ahora me devuelven tus ardores
en las calles oscuras y vacías.

Has regresado hoy a mí,
a mi memoria que esconde tus caricias,
historias de alboradas latiendo entre tus senos,
una canción testigo de múltiples orgasmos,
una mirada presagio de diluvio.

La soledad tendida en el recuerdo
deja su resplandor monótono,
y duerme con sus ropas de faena,
y mi cuerpo comprende el lenguaje de brillos
así como el silencio de tus ojos.

Mi cuerpo quiere ser de madrugada.

Cada vez más intensa,
como una explosión de luciérnagas felices,
entre el cielo abierto de par en par a tu ventana,
la ciudad abandona su rutina.

Sobre la sábana rugosa,
donde la noche aguarda
que te desnudes
y que estalle la luna en los cristales,
reconstruyo con tacto, piel y besos mi reino en ruina.

martes, 28 de septiembre de 2021

La parte que me pesa más de ti

En mis brazos y en algunas canciones retenidas
pesa tu mundo, su fatiga.

A veces quiero percibirme adiós, librarme en la ceguera
de un desierto, en la muda emanación de piedra.

Yo creí en los jamases daños,
la casa donde haríamos el aire,
el sonido de lluvia. Creí en los promontorios
donde enterraste el tiempo
para nacer cada mañana a mi costado.

La parte que me pesa más de ti
—la fatigada parte—
es ese ir-venir por la vida buscándote,
temiendo hallarte
yendo-viniendo por las noches huyéndome.


lunes, 27 de septiembre de 2021

El baile imposible

Luego de un baño confortante, con agua fría,
de afeitarme sonriente frente al espejo,
con mi salud perfecta y mi juventud plena,
me gustaría salir este sábado de noche
a buscar un lugar donde la gente esté bailando,
una pista de baile donde vea moverse con soltura
a las bellas mujeres con sus ropas ceñidas,
con polleras y blusas, con pantalones pescador,
con soleras de faldas amplias, y escotadas,
todas bailando al ritmo juguetón
de Rivers of Babylon.

Cuánto quisiera caminar por los extremos de la pista
buscando a la muchacha que deseare bailar conmigo,
encontrarla gracias a la ansiedad de su mirada,
y sacarla tomándola ya de la mano, viéndola sonreír,
contenta de participar ella también del alborozo,
agradecida de mi compañía, tal vez dispuesta 
a imaginarme como novio y quizás más tarde a dejarse besar.

Pero todo esto me resulta ya imposible.
Solo puedo seguir acostado en mi vieja cama,
escribiendo en mi computadora portátil.

domingo, 26 de septiembre de 2021

La noche se desnuda ante mi alcance


El día huye de mi hastío. Las aves resignaron
sus timbres en el eco del barullo.
Es hora de cosecha de los dioses,
hora de saciedad celeste.

Ni el llanto ni la risa
ni la razón ni los instintos
logran besar el cuello de la luna, aunque
la noche se desnuda ante mi alcance.

La casa está sin luz. El cuarto,
en corro de sigilos.
El perro duerme en todos los rincones.
El guante de las cosas
cubre mis manos desgarradas
por miedo a desangrarse en la apatía.

La noche, en vano.



sábado, 25 de septiembre de 2021

Amor de carne y hueso

Entonces el verano estaba en la espiral de nuestras risas;
y eran los bosques de tus labios, para mi alma migrante,
nidos que pretendían reponer las aves
traviesas de mi juventud.

Me sentía seguro al caminar la cuerda floja,
de vencer el trapecio de la muerte, de herir mi soledad,
trasponiendo los vértigos
donde luchaba por vencer mi hombría inútil.

Hace años que cae mi mirada
sobre tu pecho, sobre tus piernas rectas,
sobre tu manera de caminar
que alborota el supermercado.

Pero recién ahora veo
mis convicciones que nacieron
del oculto misterio
de una pasión de sangre de incandescente carne y hueso.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Nuestras cadenas


No te pido que arrastres conmigo mis cadenas,
ni te ruego ayuda para estibarlas.
¿Qué ganaría yo, ocioso y saludable,
andando sin esfuerzo por las sendas del alma?
¿Y qué serías tú si yo recompensase
tamaña cortesía cargando tus cadenas?

Marchemos juntos, si así lo deseas,
hombro a hombro, secándonos nuestros sudores,
sin súplicas, hollando las angustias,
cayendo y levantándonos sin lágrimas,
al paso de las fieras pesadillas,
al ritmo de la luna silenciosa,
a veces abatidos,
a veces riendo en el repliegue.

Cantando la canción de los utópicos,
conservando la piel acechante del tigre,
empapados de lluvia fría,
como en aquella tempestad violenta
que nos dejó calados 
sin dioses en la gruta compartida.

Discretamente encadenados
amémonos en este vasto mundo.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Ella está cantando en la cocina

Solos en la cocina,
ella entre platos y cubiertos y detergente;
yo, con mi fiel corazón preguntándose:
¿cuándo descansará?

Su delantal celeste,
su perpetua sonrisa, su cabello rebelde,
y el labial rojo inmaculado 
aún del trabajo, ¡qué bella imagen!

Yo no sé, pero la oigo,
al recuerdo de nuestra convivencia,
tararear nuestra vieja balada
de los primeros meses de pasión.

Creo percibir en el arco iris de su canto
el instante absoluto, la intensa realidad,
colores vivos de nuestra historia 
que me empujan a versear:

«quiero encerrarla eternamente
en algunas palabras donde somos
sencillamente de verdad».

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Carta a mi querida negra

Sigo enteramente tuyo mi querida negra
Como una cuchillada traicionera en el callejón
Vaya que te vaya que le he dado a tu impenetrable corazón
Eres una sensual y negra camilla de hospital para locos
Y yo soy uno de los cientos de locos que has cargado
Nuestra alianza te reporta migas para las palomas y paz de las plazas
Acuéstate a jadear a mi lado con el incendio de tus entrepiernas
Tu cama es un altar sagrado para la inmolación de mi libido
Ahí van a acechar siempre los hambrientos buitres de mis fantasías
Creo haberme aventurado bien profundo
En la oscuridad de tu estructura carnal y ósea No encuentro razones
Ninguna para reírnos con las costillas rotas De ahí que sólo recuérdame
Eres la chica más dulce del pasado y del día y de la noche y de la nada
Eres como el violín de un pájaro entre las ramas de los árboles
Eres un apetecible trozo de carne para los lobos del instinto
Te socorreré en alguna alcantarilla de la ciudad En algún raudal
Aunque sé que tú vives en las praderas de los corazones congelados
En las cornisas del aire donde te empeñas en ser hembra corriente
Tangentemente te recuerdo como a una reina conquistada y violada
Y a cada tanto mi acuciado frenesí te invade como un semental
Y mi dorado espejo se estremece de tenerte cada vez que se empaña

Gracias por amar así tan humildemente siendo requerida
Gracias por el satisfactorio sexo que me prodigabas cada vez menos
Gracias por comprender la furia de mi destino sin ti
Gracias mil por tu morena piel que se zambulle en mi mirada
Gracias negra querida por esos labios incansables de besar como nadie
Gracias mi deseada fémina a quien desnudé ceremoniosamente
Gracias por ser tan poca cosa en el espectro social de los soberbios
Gracias negra por consentirme depredador de tu moral
Gracias mil mi negra que tanto ya te has acoplado a mí
Gracias Gracias Gracias por no reclamar mi soledad para siempre
Deseaba que lo supieras mi negra inolvidable 
Tu examante agradecido

viernes, 3 de septiembre de 2021

Fantaseando con mi partida

Será insensata la congoja en la partida
—tendido en la distancia que devora—,
cuando un ámbito infinito de paz y calma
se presente ante la mirada de mi espíritu,
y mi memoria siga derramando sueños
sobre ese instante donde emigrarán
todas las aves de mi panorama.

Desgranaré en milésima de tiempo
la historia de mi juventud, su cielo constelado,
los recuerdos del corazón: sus incansables fuegos.
Deshabitaré el cuarto del futuro
para arrojar serenamente mis valiosos objetivos
con pasión proyectados.
Soportaré que las palabras muerdan como ratas hambrientas
la carne de mi voz.
Juntaré todo el arresto guardado bajo la alfombra,
y consentiré que las lluvias de mis faltas
forjen mi peor surco.

Aunque mi canto calle bajo la sombra de los cuervos,
ante el destierro irrevocable, viviré la ausencia
en el espejo de la combustión efímera,
en las voces de sus lumbres dormidas.

El destino no excluye y nunca miente;
aunque me haya cantado eurekas y aleluyas,
sé que me sentencia cenizas redentoras
al viento de mi sangre y de mi angustia.

Renunciaré a tiempo a mis ene(a)migos,
evitando presencien mi dolor y mi ruina
(en la nostalgia pensarán que fui mejor de lo que soy,
e incluso me amarán como se ama a los mártires).

Y me iré en el hondo silencio con sus noches largas
que llega luego de una guerra atroz.

sábado, 28 de agosto de 2021

Cabaret

Descorran el telón. Miremos
los múltiples matices,
los misterios filtrados,
las posturas traviesas
y alguna que otra sexsuación.

Rásguenlo y enciendan la luz,
que ahí vienen sonrientes
para danzar con gracia
en el gran escenario
de luces negras y emoción.

Ah, cuerpos esbeltos, carnales,
flotando entre las nubes,
moviéndose semidesnudos
con pomposos y coloridos emplumados.

A las otras, también radiantes
allá tras bastidores,
también casi desnudas,
mis ojos codiciosos
esperan con expectación.

Como macho cabrío,
las quiero a todas con pasión.

viernes, 27 de agosto de 2021

Reclusión

En la repetición de tantos días
se opacan las virtudes naturales.
Solo vemos las lentas agonías:
sucesos rutinarios y triviales.

La costumbre de grises compañías
no producen momentos esenciales,
etapas importantes, energías;
solo pasos que marchan fantasmales.

Nos preguntamos, en tal caso: ¿qué somos:
las piedras de este patio que gastamos,
tras las rejas perpetuos asomos
o jugadores que jamás ganamos?

Tal vez, en estos rígidos rincones,
los recuerdos que anulan emociones.

lunes, 23 de agosto de 2021

Mutación

Sube las escaleras sin cansarse;
y siempre que le dices:
¡párate!, él se para;
le dices: bueno, ¡basta!,
y él deja de entablar conversación.

Tu cerebro, algún día,
será implantado en él.
Entonces cumplirás
tus propias órdenes.

domingo, 22 de agosto de 2021

Leteo en vida

¡Aleluya! Disfruto de mi propio Leteo.
Sentado estoy
en mi viejo sillón de mimbre.
Me dijeron que el río no es tal
sino la calle. ¡Locos!
Su asfáltica negrura no le quita
su condición acuática.

Es cierto que las barcas
semejan humeantes coches
sobre la negra y penosa corriente,
pero son veleros, al fin.
Si así la singladura, sucederán percances,
siniestros, en el incesante curso.

¡A beber, a beber, como toda la vida!
Las gaseosas claras son licores;
las oscuras, vino. ¡Salud!

Con alzheimer y todo, sé mi nombre.
Puedo comentar ciertas herejías
de mi frágil salud,
mas no te extrañe que a mis muertos
los tenga, gracias a los dioses,
con saludable vida.
No te extrañe que mi visión
perfore este presente
para recuperar, con honda lucidez
y dicha, todo lo pasado fue mejor.

Caronte me cobija ya en su barca
y yo sigo con vida.
¿En qué milagro he caído?
Puedo reír a carcajadas
en la agonía.

sábado, 14 de agosto de 2021

Temblor de las palabras

Tu vida siempre fue
acumular las conclusiones de la fantasía,
la riqueza del sueño,
abrir las puertas
de todos los edenes que existieron,
de todas las moradas de los dioses,
y cumplir fielmente sus ordenanzas,
sus veleidades, sus caprichos.

Hoy es el cúmulo dispuesto:
te sientes listo, cultivado como aquél
jardín del último emperador chino.
El desvelo para alistarte consumió muchas noches,
muchas agujas clavadas en tu pecho.
Y hoy es el momento propicio,
la cumbre de la rítmica escalada,
el tiempo que el albur ha establecido para ti.

Sin embargo, a pesar
del soplo puro de la altura,
de los indicios favorables,
¿por qué siguen nadando las palabras
como peces esquivos en tu mente?
(Tus cuerdas vocales vibran insólitas,
casi siempre chirriantes
a pesar de las voces apropiadas.)

¿Por qué sientes el miedo de los navegantes
ante la magnitud y el misterio del mar?
¿Por qué crees saber que, si logras hablar
con mucha convicción, serás vilipendiado?



jueves, 12 de agosto de 2021

Muñeca real

Alejado de los videos pornográficos,
de la obsesión voyerista,
te echas a dormir una siesta profunda
más allá de las culpas de conciencia.

Siempre has ensalzado los resortes de la risa franca
y la floración de las adormideras.
Siempre, mi corazón, solo tú, besos reales,
labios que recorren el sentido de la carne.

Cuando estás desanimado, tomas
un trozo y medio de paraíso con ilustraciones,
el mayor de los ángeles de alas lustrosas
y las manos amadas que danzan en la penumbra.

Luego te olvidas de las tentaciones, te preservas,
y a la hora de la cama te reencuentras con su viva mirada,
y construyes sobre su piel alfombras de caricias,
hasta sentir la sístole de su sangre veraz.