jueves, 15 de agosto de 2013

Mi flor perenne

Mi bella flor de adversas estaciones

y del jardín de la sombría aurora,
cuando la duda del futuro aflora
y no advierte mi espíritu sus dones.

Tu esencia se derrama a borbotones
mientras su eternidad el alma añora,
y tu fuego de musa seductora
reaviva las agónicas canciones.

Eres siempre recóndita conciencia
de sentir que la antigua convivencia
sólo perdura por tu afán sincero.

Y eres un sol con ímpetu que alumbra
mi constante caer en la penumbra
de esa forma de muerte donde muero.

miércoles, 14 de agosto de 2013

El paseo

Al invitarla a nuestro prometido paseo atenazó mi brazo como una ciega —sus despliegues me hacían sonreír—. Me alegraba que nuestro amor hiciera de la tarde y las nubes sublime beatitud. ¡Cómo admiraba yo las golondrinas que estallaban de sus ojos!

Ondulante en la luz del latente crepúsculo, descifraba al manto de la brisa sinónimos de suaves remolinos del diálogo, mientras mirábamos el sol cayéndose como si el mundo fuese a acabarse esa noche —¡qué profusión de cielos y qué conjura de eternidad!

La tarde olía a vírgenes praderas, a senos palpitantes, desbocados suspiros, a viejas esperanzas de victorias, a hábito y hallazgo, la tarde olía a que siempre me amó.
Complacido sentía a mi alma girar, y yo la dejaba en su órbita con emoción verter sus mil anécdotas, mientras la luna iba niquelando, como a mi espíritu, su risa; y la tarde, apagando sus temblores.

Entonces, ay, de su volar sabueso, el pájaro de eternas alas descendió para advertir triunfante: "La vida te dará, no siempre, la gloria de tenerla", en tanto iba —infame predador de los momentos— nutriéndose de la serena dicha que emanábamos.


jueves, 20 de junio de 2013

El último canto


Persigo confundirme con los anélidos del cielo,
retorcerme en el lodo de las nubes, en la voraz espera,
beber la lluvia de los dioses
que hace siglos no cae
sobre nosotros,
deglutir una estrella oscura que gira en vano,
los misiles de un caza
con la lista de todos sus cadáveres,
perforar el ozono con mi hambre maldita,
asumirme asesino de mí mismo
para volarme el alma inútil.

No más ofrenda a los misterios, no más suplicio;
tan solo apologías del fracaso,
la vanagloria de los dioses
y la infidelidad a los jazmines.
Nunca más la apetencia de gloria del baboso.
Desde mañana aplaudiré la ruina
de mi templo romántico.

Será mi canto último la melodía
ronca que arranque afrodisíacos a los astros,
blasfemias a los sueños,
escupitajos a la inspiración encorsetada,
desprecio al ritmo acentual de la metáfora.

No tengo nada que perder;
ya libre de mis alas
me adaptaré como gusano de los cielos.

domingo, 16 de junio de 2013

Tu recuerdo es lo último que perdería




Estoy sentado en la silla que abandonaste,
con los mismos ademanes, los mismos tics,
y la idéntica manera de sentarte.

No heredé tus ojos verdes,
pero también tuve suerte 
en los placeres mundanos
(un tanto más que tú, creo).

Te recuerdo siempre todo el tiempo;
y cuando me encuentro solo,
lejos de la humanidad,
más te necesito,
más necesito tu amor.
Quisiera que el mundo fuese menos real.


martes, 21 de mayo de 2013

El nuevo camino

Se construyó un camino
que cortaba un país entero,
y como consecuencia de ello

nació una casta de prostitutas.

jueves, 17 de enero de 2013

En la mesa de naipes


Amistosamente están
dispuestos para alegrarse,
mas con ellos se instaló
frente a la mesa de naipes
un demonio que codicia
súbitas enemistades.
Trae una siniestra sed
de sangre, de amiga sangre,
porque la suerte celebre
su luctuoso desenlace.

Cuanto más amigos sean,
apetece el cuerpo exánime,
el festín de los leones,
de las hienas expectantes.
Y cuando el juego se embroma
y el corazón fuerte late,
resuenan las dentelladas
rítmicas e incontrolables.
¡No se ha visto jamás
un demonio más infame!

Cuando el amigo más débil
de espíritu, en el combate
no resigna su jactancia,
pierde apostura y empaque,
y renuncia a la amistad
ante las burlas constantes,
ante el sentirse ofendido
por sarcasmos detestables.
¡Fatal predestinación
hace su ingreso triunfante!

En la mesa, la embriaguez
el espíritu deshace
y arma el pérfido demonio
un gran tumulto en la calle.
Todo apunta a la sandez
de que una voz disonante
ha colmado la paciencia
con ironías infames.
¡Y amigablemente están
decididos a matarse!


viernes, 12 de octubre de 2012

Váyanse al diablo con sus malditas guerras


Hemos visto desatinadas y horrorosas guerras en este mundo, suficientes
amaneceres de campos de batalla infestados de buitres y alimañas,
batallones perdidos cantando canciones de autoestímulo dentro de sus tanques,
hospitales saturados de heridos, de amputados, y cárceles repletas de sombies,
pacifistas desnudándose en las calles de las grandes urbes, repartiendo
sus ingenuos panfletos mojados por las aguas cloacales de las tanquetas,
y amoratados por lluvias de perdigones de goma de la maquinaria represiva.

Hemos visto soldadesca de viciosos sexuales atropellando caseríos enteros, violando
a muchachas que temblaban bajo el aliento a alcohol, tabaco y sudores
de marchas en los desiertos, en las junglas, en las zonas urbanas, y luego sollozando
en una esquinas con sus piernas y vaginas adoloridas y manchadas de semen,
en medio de pensamientos suicidas, algunas intentando colgarse de los dinteles,
saltar de los puentes, agarrarse a cables de alta tensión, clavarse en el pecho,
otras quemarse «a lo bonzo» luego de vomitar el alcohol de los victimarios.

Hemos visto niños famélicos con los rostros desencajados y los ojos saltones,
llorando la eternidad de sus calvarios, corriendo por calles incoherentes,
tosiendo espumas de tanto haber llorado, pidiendo agua y comida a gritos.
Y hemos visto ancianos buscando la muerte en rebeliones que hacían reír
a los victoriosos, y que los mataban cantando sus canciones favoritas,
ancianas que eran violadas por curiosidad de conocer sus reacciones sexuales.

Nos lo hemos repetido tantas veces.
No queremos saber de guerras, nada .
Ni de las patrióticas
ni de las religiosas
ni de las ideológicas
ni de las moralmente correctas
ni de las preventivas
ni de las frente a frente
ni de las subsidiadas.
Y menos aún de las intestinas.
La única guerra que nos gustaría hacer
es la guerra contra las guerras.

No nos vengan con que son guerras defensivas.
No nos arenguen que la guerra es un arte.
No nos catequicen que es un mal necesario.
No queremos oír ni de Dios ni del diablo,
ni del norte ni del sur, ni de oriente ni de occidente.
Todos vienen a matar y a matar y a matar
mientras los medios cuentan los muertos de 1 a 1.000,
y vuelta a contar de 1.001 hasta 2.000, y nuevamente
a empezar, de lunes a lunes: 3.001, 4.000 . . . 10.001 . . .
Corre la sangre sobre el alma inocente de las madres.
Salimos a las calles palpando a ciegas
los cuerpos chamuscados (¿SERÁ MI HIJO?).
¡No nos vengan con explicaciones,
con esa farsa de los efectos colaterales!

La única conclusión que sacamos
es que matan a millones de inocentes que no tienen
por qué morir, y los dejan sin dioses, sin patria y sin familia.
La tierra se llena de tumbas jóvenes, enfrentados
sin pizcas de odio, sin conocerse siquiera entre ellos,
cuerpos jóvenes apilados como sardinas en fosas comunes,
o llevados pomposamente en lujosos ataúdes para ceremonias
que reafirmen el patriotismo para reclutar más jóvenes
orgullosos dispuestos a luchar la guerra eterna hasta la muerte .

Se viene eternizando siglo a siglo. Ya van milenios.
Nadie consigue pararlas, ni las iglesias, ni las ongs,
ni el miedo al exterminio, ni los gritos de dolor,
ni los bombardeos indiscriminados, ni los cadáveres
convertidos en santos, ni los tullidos que regresan a sus casas.
Nada los escarmienta: ni las protestas mudas de los rencorosos.

Ni siquiera deseamos estar en el carro de los vencedores.
Sentimos ganas de defecar sobre todos
los que día y noche piensan en tácticas de guerra,
sin escrúpulos, sin respetar vida y hacienda.
Nos dan ganas de mear en sus zapatos,
de ponerles bigotes y cuernos a sus cínicas expresiones.
Abastecen con devastaciones sus codicias.
¿Cuándo se cansarán de destruir poblados enteros
para detener el progreso del país soberano y rebelde?
¡Llévense de acá sus enfermas belicosidades!
Dejen de lavar cerebros de soldados con drogas alucinantes,
falsas ambiciones de heroísmo y falso amor por la bandera.

Si guardan algo de humanidad, mátense entre ustedes,
aniquilen sus vicios con sus propias sangres, ¡carajo!
No queremos saber de conquistas, de pillajes, de medallas,
de cargos en gobiernos coloniales, de privilegios imperialistas,
de fiestas, de bailes sobre alfombras manchadas de sangre.
No nos ofrezcan un contrato de mercenario, ¡por Dios!
No queremos saber de lujos ni de mujeres de embajadas.

¿Qué mal hicimos a nuestros libros sagrados?
Existe un espacio infinito que conquistar en el cosmos
y nosotros, los seres civilizados, perdiendo tiempo en matarnos.
Tenemos el derecho de buscar y encontrar una fuerza mayor
que termine con esta locura de sangre y fuego.
¿Acaso somos los pobres idealistas, los que niegan la realidad?
¿Acaso debemos entender que el mundo fue diseñado
para guerrear, para curar la ansiedad del hombre con batallas cruentas?
¿Pero, acaso están luchando por el hombre? ¿Les importa el hombre?
Claro que lo entendemos, pero no para destruir hospitales,
para ensangrentar niños en brazos de sus padres desconsolados.
¿Acaso estamos más locos que ustedes, sin derecho a estarlo?

¿Oyeron dictadores, falsos estadistas, agitadores hipócritas,
morbosos y letales ajedrecistas de la muerte?
¿Vieron por televisión las imágenes retorcidas y las muecas
congeladas de soldados muertos bajo una lluvia de polvo?
Ya no seremos los ingenuos padres de familia que trabajan
deslomándose para pagar impuestos que pagarán las guerras.
Ahora seremos lo contrario de lo que pretenden de nosotros.
Nuestra rebelión será una bomba verdadera que traerá
la paz explosiva. Una bomba llamada «Conciencia».
¡Empezaremos a tomar conciencia! ¡Conciencia, camaradas!
Empezaremos a cantar «Imagine» todos los días porque
estando asustados nos sentimos terriblemente encolerizados.
¡Basta ya de mozalbetes en avanzadas aterrorizados por el peligro,
padres de familia reclinados en sus viejos sofás, llorando y rezando
por ver a sus muchachos volver sanos y salvos de la masacre!
¡Basta ya de sanguinarios que calculan las cantidades de muertes
necesarias para acceder a la victoria, y sonríen contentos
cuando las sumas se ajustan a la tolerancia de los medios!
¡Basta de abrir manicomios y sanatorios para excombatientes
que sufren alucinaciones o terribles secuelas postraumáticas crónicas!

Váyanse al diablo sin nosotros, los pacifistas,
todos juntos abrazados en el barro, en la muerte.
Todos juntos háganse compañía en el infierno.
Déjennos en paz de una buena vez por todas
para que podamos vivir y morir sin sus crímenes,
con la tierra y el mar y el cielo y las estaciones
en perfecta armonía con el futuro del hombre.

Por la irresponsable locura de ustedes, los psicópatas,
hoy nos sentimos decepcionados de la civilización.

martes, 11 de septiembre de 2012

Demonio de la postración

Sangrando estoy por lanzas del demonio eviterno.
Tortura sin clemencia con infame sadismo
mi índole eremita.

Sumido en pesadumbre, fluyo sobre la copla ansiada
pues nunca en estos prados cantará el ruiseñor acorde.
Emigraré al averno con la humana torpeza
de haber desatendido
a las musas de cánticos sublimes.

El demonio consiente sólo metas arcanas
donde manchar, borracho de licores impuros,
los pechos y las ingles de diosas prostitutas.

Herido estoy y sufro el revés del nirvana,
la muerte de mi dios,
y estoy en deuda afónica con los métricos pájaros,
en titánica lucha con la implacable rima
y anulo manuscritos bajo nubes de errores.

Sobre este mar -piloto jadeante-, en cruel calafateo,

en el bote del tiempo que navega al olvido.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Crueldad de los verdugos

Viendo a nuestros verdugos esperar
muy sensibles a nuestras aflicciones,
respetuosos de nuestros desalientos,
como lobos que son domesticados
para aullar con fingidas cortesías...,
veladamente preguntamos:
¿Dónde fueron sus crueldades?
¿Qué excusa retarda la ejecución?
¿Acaso en los detalles del cadalso
y en la excavación de las fosas

nosotros mismos no hemos trabajado?


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Aprendizaje del grito

Cae una lluvia eterna en el crepúsculo,
crepitante desde el ayer,
y baña los desvelos de mi espíritu.

Los antiguos deseos, las amargas
esperanzas cesantes, mis sombrías
turbaciones en los espejos.

Las penas del amor remotas
hieren el pecho de esta noche yerta,
y lloran por sus luces miserables.


Ahora que el dolor ha madurado
y hace punzar el alma sin abrirla,
debo aprender los gritos en silencio.


martes, 4 de septiembre de 2012

Del fuego que encendiste

¿Que de dónde me nace  
tanto deseo brusco:
urgencia de tu boca,
instinto de asediar tus noches
con el fauno que llevo en las entrañas?

¿De dónde la pasión de hundirme
en la sal de tus sábanas alertas,
amaneciendo invicto de tu rosa,
dichoso amante en el cansancio?

Anarquista en las calles de tu cuerpo,
soy memoria que puede recordar
todo el suplicio de la sed,
cuando fuiste la nube que traía  
promesa de aguacero en la distancia.

Y me preguntas tú, ¿de dónde…?

jueves, 17 de mayo de 2012

Navegando


No es el rumbo calculado,
pilotaje que imprime a la apatía
la emoción de avistar la lumbre
creciendo en lontananza.

Ni los asomos pueblan
estas horas de duro sol,
donde el céfiro calla inerte
al garete de nuestras ambiciones.

Viva inquietud,
naufragio lento
en la tarea inútil de medir distancias.

Debería volver al punto de partida
para ajustar
los matices del sueño.

La travesía espera de las nubes
oráculos de buena singladura:
vuelos de pájaros
y el resplandor creciente
del puerto de jamás llegada.

domingo, 6 de mayo de 2012

Perro guardián


En el jardín el mirto se ha llenado de estrellas.
La casa flota bajo el perezoso abanicar
de las altas palmeras. Es muy tarde.

Qué celo la del perro enloquecido
detrás de las forjadas verjas;
su fajina se colma de eficacia.

Temor contra temor,
el extraño se aleja,
mientras la bestia vira a su rincón
para apoyar su hocico sobre el suelo.

Vuelve el mundo a su cómodo silencio.
Las sombras bailan sobre la pared.
En el jardín un duende lo acaricia:
de los que hallaron su atributo.


jueves, 29 de diciembre de 2011

La obsesión de amarte

Pender de tu contento, en cuya brisa
es alivio la tórrida existencia,
y acallar la tristeza de tu ausencia
cuando emerge la fiesta de tu risa.

Estar sufriendo el malhumor que avisa
con artero desplante la indolencia;
y en un oscuro infierno, a mi insistencia,
sometiendo con lámpara indecisa.

Aunque engaña el color tornasolado
que a cada tanto en el jardín la rosa
a nuestros ojos se descubre ardiente,

para luego caer también ajado
el pétalo feliz sobre la losa. . . ,
nunca serás cadáver en mi mente.

lunes, 3 de octubre de 2011

Juana la lavandera

Juana la lavandera

Juana la que está cantando
donaires por el sendero,
entre risas va llevando 
mis ropas del maletero.

La flores que va palpando
del perfumado cantero,
de amarillos van regando
su blusa y el caminero.

Juana la que está lavando
siempre mis ropas primero.
No sabe que está matando,
que yo por ella me muero.

En el río está espejando
firmes muslos que venero,
y mi pasión se va hinchando
como un sapo en el estero.

Ay, Juana, que estás mirando
como el distante lucero:
cuando regreses, lunando,
te confiaré mi te quiero.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Lacrimae rerum


                                     
                                         Virgilio: sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangunt.
                                                                                             A mi hermano Tomás (+)



Dime tu adiós, hermano mío,
en tiesa despedida,
vencidos y fatales
tus silenciosos brazos.

Viajero sin retorno
carente ya de lágrimas y tiempo,
ilusiones vacías en la suerte,
pétalo mudo abandonado al insensible aire.

Tu cuerpo echado —¡ay! — a la noche infinita,
tus ojos cerrados al horizonte,
tus manos cruzadas, inmóviles,
todo tú marmóreo, silencioso, ausente,
privado de la luna y la crisálida,
privado de la risa a carcajadas,
privado ya del tacto y del contacto,
del cálido recreo del amor,
con tu lumbre diluida
y la lluvia dispuesta a deshacer tus huellas.
Rozan tus mejillas los ángeles con el reverso de sus alas,
ponen sus labios sobre tu frente fría,
mientras siento debajo de mi piel
la realidad insobornable

Dime el adiós, compinche,
y déjame tus pares de zapatos.
No rehúses mi remembranza
y dame tiempo para huir de ti secretamente.
No olvides que tu sangre
es un río que corre con rigor
hacia la eternidad.

Déjame recubrir tu rostro amado
y lamentar tu vida con mi vida,
y déjame mirarte en el espejo
de nuestra entonces compañía,
y déjame esperar que la esperanza
me pueble de celestes alamedas
que lleguen hasta el parque
donde juega tu alma peregrina.

Dime el adiós y vete, niño dormido,
antes que la conciencia con mágica elocuencia
decida por las noches presentarse,
antes que el aire adormecido
eleve su cilícica fragancia.

Dime pronto el adiós,
hermano mío,
—que las lágrimas manan de las cosas—,
¡y vete!


jueves, 8 de septiembre de 2011

La tierra

Opalina y azul
sobre la tela cósmica.
Silente imagen de dorados guiños.

Divina ante la humilde brillantez
de la devota luna.

Sutil aura que esconde
celosos torbellinos de cenicientas nubes.

Imán de luz en la expansión oscura,
preñada por los rayos
de aquel otro devoto enardecido,
para estallar la vida.

Parto y cuna del hombre,
elíptica ambulante,
sosegada materia
jamás inerte.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Detrás de los otoños

No disipas tus hojas 
en la melancolía del otoño,
ni te derrochas a los eternos vientos
ni a la más incitante brisa seductora.

Tu fértil existencia, tu canto que se adueña
de toda primavera en cuanto llega,
reclama su abanico de arco iris
y el transitar airoso las tardes del estío.

La diosa Exuberancia se adueña de tus células,
y florea sobre tu copa
efluvios de colores; pero no desafías
la vastedad callada de los prados,
los infinitos rayos de la muerte,
la luna en su ovalada pesadumbre,
pues los favores cósmicos
no comprenden los límites del alma.

Sientes el esplendor de la pradera
desde tus verdes perspectivas,
desde tus brazos vegetales,
y recuerdas que la frondosidad
no avala la arrogancia
ni migración alguna hacia las nubes.

Detrás de los otoños
los árboles perecen siempre.


viernes, 2 de septiembre de 2011

Alfonsina Storni

Alfonsina Storni


                                                    Oh mar, dame tu cólera tremenda.
                                                                                Alfonsina Storni


Exhumas el olor de los rosales
y pasan tus amores por el alma quieta,
y luz sobre tu rostro de tormentos
que sin embargo busca las estrellas.

Mañanas claras de tus negros días,
los veranos se alejan y te dejan,
tras el cristal de la ilusión romántica,
en la pasión que te envenena.

En la quietud nocturna de los bares
frente a frente tus manos sin respuestas,
tu corazón de música,
tus amores se alejan,
mientras vuelve la luna entre las nubes,
el susurro del mar que te desvela,
la tristeza, la soledad aguda,
tu último poema.

Sueñas la eterna noche,
en las playas del mar, en sus arenas;
sueñas amores de los años idos,
y ves los días que te dejan,
y ves la vida que se marcha raudamente,
y ves pasar el tiempo y el amor y sus penas.

Entre tus manos pálidas duermen las caracolas,
y acomete el hastío y la vida se espesa,
y la enorme esperanza del ocaso decae
y una partida al mar en la noche secreta.

martes, 21 de junio de 2011

Cromagnón

Igual que tú, merodeador fiero, 
seré, con rostro oscuro, 
letargo en la memoria del gran río,
en las aguas de Heráclito, 
donde el presente vierte su agonía.

Mamífero perfecto,
velludo amante, 
vivo entonces, ahora ido,
como los dinosaurios perviviendo en museos
de arqueología, en osamentas
con cuencas abismales, encriptado
en vasijas de tiempo, eternamente mudo 
bajo inmensos cipreses. 
Oh, ancestro, como yo, como yo en el mañana.

Por las calles de enhiestos árboles, 
todos los días canturrearé 
con las manos en mis tibios bolsillos 
y mi leve canción evolutiva.

sábado, 30 de octubre de 2010

Pesada carga

En mi brazos
y en algunas canciones retenidas
pesa tu mundo,
su fatiga.

A veces quiero percibirme adiós,
librarme en la ceguera
de un desierto,
en la callada emanación de piedra.

Yo creí en los jamases daños,
la casa donde inventaríamos el aire
del sonido de lluvia. Creí en los promontorios
donde enterraste el tiempo
para nacer cada mañana a mi costado.

La parte que me pesa más de ti
—la fatigada parte—
es ese ir-venir por los días siguiéndote,
porque temo encontrarte
yendo-viniendo por las noches huyéndome.


jueves, 7 de octubre de 2010

Oda a la poesía

Suaves brisas del sueño, canciones de los mares,
dulces soplos que escudan los temples oprimidos,
relámpagos que encienden la oscuridad del alma,
la búsqueda obstinada, los cánticos divinos,
la brecha de los cielos, el inmortal renombre,
las visiones rotundas del humano latido
crecientes de promesa ante sus hondas cifras.

Ay, infames tormentos. Ay, silencios y gritos,
difusa eternidad, fugaces arrebatos
del alma que atesora oscuros pasadizos.

Los versos son las armas, las picas, las barretas,
el hierro artesanal que agrieta los resquicios
de dioses y demonios, aceite de las llamas
de los últimos campos, allí donde el camino
se allana al sentimiento y al verbo derrotado.
Atizando la luz eterna de los nimbos,
enciende cada noche el estremecimiento
y augura la derrota sobre el caos antiguo.

Oh, arma poderosa de metálico acento,
puñal que hiende venas en pechos corrompidos
de cansados poetas, y dejan errabundos
los viejos corazones que se hallaban cautivos.
Oh, arma silenciosa de espíritu ardoroso.
Oh, fuerza adormecida, crisol de lo vivido,
energía y aliento de acordes melancólicos
que arrancan a la noche sus misteriosos símbolos.

La luz de las estrellas, las célebres memorias,
la entonación del ave, los dones narrativos,
la efímera belleza del trémulo jazmín
nos llevan a las nubes y expone con sus signos
la grata compañía de dioses en el diáfano
cristal de los olimpos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

A ti, mi compañera.

Consiénteme sacarte los zapatos
y expulsar con caricias
la causa de tu agobio, el trajín del empleo.

Deja que frote tus menudos pies
—pulcras palomas—,
mi activa compañera de batir adversidades.

Porque juntas arresto en las mañanas
para vencer el surco y heñir el pan del día,
apóyate en mi hombro,
reposa mientras late
mi corazón enamorado.

Dulces sueños, mujer. . . Cuando despiertes,
escucharé gustoso

la narración de tu rutina.

martes, 24 de agosto de 2010

Candidez en el río

No lejos de la ribera
cantando el agua del río—,
los bañistas se refrescan
alegres y distraídos.

Una muchacha morena
con blusa de blanco hilo,
al mojarse me revela
sus duros senos castizos.



viernes, 20 de agosto de 2010

Cumpleaños



¿Saben una cosa?:
¡hoy es mi cumpleaños!
Cumplo cinco años.
Estoy algo herido:
soñando viví
la feliz velada
que nunca llegó.
Faltaron cornetas,
globos y matracas,
torta y chocolate.

En este momento
—ya pasa la tarde—,
voy hasta la esquina,
al viejo almacén.
Mientras me encamino,
bajo la tristeza
del gran tarumá,
voy zarandeando
el viejo bolsón
como torpe péndulo.

Me mandan comprar
leche, azúcar, pan.