viernes, 6 de mayo de 2016

Perro guardián




En el jardín el mirto se ha llenado de estrellas.
La casa flota bajo el perezoso abanicar
de las altas palmeras. Es muy tarde.

Qué celo la del perro enloquecido
detrás de las forjadas verjas;
su fajina se colma de eficacia.

Temor contra temor,
el extraño se aleja,
mientras la bestia vira a su rincón
para apoyar su hocico sobre el suelo.

Vuelve el mundo a su cómodo silencio.
Las sombras bailan sobre la pared.
En el jardín un duende lo acaricia,
duende de los que hallaron su atributo.


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