viernes, 22 de enero de 2010

El amarillo en la sangre

Caminaba con los ensueños más miserables de la tierra,
cercado por el total amarillo,
enceguecido por fotografías de mujeres desnudas
adheridas con gomas de mascar sobre mi frente,
y la canción: Ya falta poco, como el himno de mi alegría.

Jamás pensé que el alegre amarillo de los trigales
pudiera percutir odiosamente en las paredes.
Jamás se me ocurrió que la brisa del hombre
buscara detenerse a dormitar en los rincones viles,
renunciando a los prados y a las aves.

Nunca había visto un desierto tan óxido en mi vida,
más herrumbroso y solitario que un cementerio de automóvíles,
más cargado de buitres y alimañas que una laguna evaporándose,
ni he visto tanta sed buscando dioses en el limo seco,
ni tanta palidez de duros amarillos bajo el cielo,
ni tanta ausencia de risa espontánea.

Todos mis ideales fueron bloqueados por los muros,
y la imaginación embestía contra el sórdido amarillo,
sangraba en amarillo;
y solo algunas tardes, bajaba sobre los ávidos ojos
el ocre del crepúsculo
trayendo la esperanza de otros colores insondables.

Gracias a que vertí toda mi angustia en la cautela,
a que extraje del mismo cruel vacío la gama del futuro,
y a las dunas por donde deambuló mi espíritu,
pude conocer las alternativas de todos los desiertos
y encontrar otras gamas en este oasis donde hoy vivo.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Sonata para mi padre ausente



En la siesta cogí tu bicicleta
para ser como tú, para sentir el vértigo
—al igual que tú todas las mañanas—
por las calles escarpadas de la ciudad.

Enclaustrado en el duro abismo
de la memoria, en el reposo interminable,
sigues pintando canas en la barba crecida,
negándome tus voces indelebles.

Hace una sequía de siglos que no moja
el agua de tus verdes ojos;
y el silencio fatal, el aura de tu risa,
se convierte en lacerantes chillidos de pájaros,
en quejumbroso eco de canciones últimas.

En mi memoria, en las noches de invierno,
tu cotidianeidad exhuma antimateria.
La vida sin ti se parece
a un vetusto tractor abandonado de aquel aserradero.

El árbol que talabas (cuando los bosques no lloraban
aún el exterminio y eran derroche de los siglos)
está aquí, hecho leñas de la eternidad,
murmullos en el bosque de las nubes infinitas.
Su raíz sigue creciendo aferrada a las baldosas,
haciéndose kilómetros detrás de mi añoranza,
creciendo como el lapso de tu ausencia.

Retorna en esta noche y siéntate a jugar
conmigo a la baraja, quiero oír tus anécdotas de joven,
cuando aprendías a besar los senos de las vírgenes,
cuando la vida no te dio
aún tu merecido.

Estoy aquí resucitándote,
y tú no reconoces el milagro,
sólo quieres tu fría eternidad,
sólo quieres al huérfano con sus palabras tristes,
y me has olvidado.

martes, 10 de noviembre de 2009

El silencio del grillo

Agotada el alma
se dio por perdida.
Callada en la hierba
se quedó dormida.

¡Qué inútil intento!
¡Qué triste afonía!
No dejó siquiera
una melodía.

Sin notas su canto
se quedó rendido.
Me llenó de angustia
su entonar herido.

El grillo, cansado,
se calló en la noche.
Fue una ofrenda triste
para mi reproche.

sábado, 17 de octubre de 2009

Risa de la muerte

Del poder que ostentaba orondamente,
malgastando el dinero del erario,
luciendo el oropel de funcionario
hasta en la alcoba de la amante ardiente;

y agraviando a la esposa transigente,
a los amigos desde Pedro a Mario,
pasó de caballero a vil corsario
al acabarse el oro bruscamente.

Sólo le queda hoy la fiel memoria
para ajustar el hilo de su historia
y lamentar el vuelco de la suerte.

Noche tras noche, en senectud beoda,
una taberna sucia le acomoda
frente a la risa helada de la muerte.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Vuelve timonel



Sin bríos, azul velero
de letras, se fue surcando
por el río aguas abajo,
hace ya miles de versos.

¿Se habrá quedado dormido
en una pinza del río;
o, entre sueños, encallado,
en las arenas de un banco?

El timonel solitario
muerto estará de frío,
o quizás esté jugando
con los peces del olvido.

Echo en falta su presencia,
su canto escarbando arenas
de eternidades, su sueño
que llovía sobre el tiempo.

¡Oh, timonel, timonel:
deja tu angustia verter
y ven surcando con brío
como el salmón río arriba.
Nuevos veleros ansían
los astilleros vacíos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Hagámoslo como antes


Hagámoslo, querida,
como en los tiempos de faltar a tu trabajo,
vencidos tus escrúpulos,
dado vueltas reloj y sensateces
y el solo acontecer que nos envuelva.

Te espere yo en la esquina de aquellas escapadas
con mi pasión royendo las revistas del quiosco,
hurgando en la cornisa tus alas de paloma,
hasta el instante en que tus labios
se abran como el cielo.

Hurtándote en la pinza de mis brazos
te lleve por las brisas del deseo,
para cambiarte el nombre a mariposa,
para cambiarte todo:
tus ojos por cristales que me copien,
tus senos por dos lunas que ingrávidas me orbiten,
y sólo tu presente que me ama
dejar intacto.

A puro instinto desbocado
y nula voluntad de comprender.

martes, 25 de agosto de 2009

La alondra herida

La aurora está desolada, todo el paraje se viste
de la pena de las vírgenes y duendes de la región.
Ya no existe el regocijo. En la angustia se abandona
el canto infiel de la alondra, y la vida enmudeció.

Que nadie anhele su trino; nadie, la emoción del alma.
Que busquen otra lujuria, otra comarca febril.
Que se abisme el nuevo día, mas nadie espere sus cuerdas.
Sumergida en la tristeza, quiere la alondra partir.

Entregada a la congoja, ha buscado el horizonte,
se ha perdido tras los bosques, tras las pampas, más allá;
porque sintió que unas gotas frías y crueles de hastío
cayeron sobre las rosas de su exquisito entonar.

¡Ay, alondra, que te has ido huyendo del desencanto!,
¿en lugares tan lejanos buscarás tu canto azul?
¿No sabes que la amargura de cantar versos vacíos
es calvario de mis días: espina, látigo y cruz?

Vuelve alondra confundida, no maltrates los capullos,
no entristezcas los crepúsculos, y recupera la fe;
ahogará nuestros desvelos la belleza renacida
de tu canto jubiloso en el pronto amanecer.

martes, 14 de julio de 2009

Tu cántaro


                                                      A mi hermana Myrtha


Tu cántaro reboza
y espera
a los sedientos caminantes.

Espera la sed enferma
para saciar y curar,
pues tu cántaro contiene
fresca agua de recias lluvias,
de aguaceros estivales,
recogida con pasión
y esfuerzo.

Tu cántaro reboza
y espera
a los viajeros de la vida.


sábado, 20 de junio de 2009

Atado a ti en la distancia


No deseo olvidar
las ventanas abiertas cantándome sus pájaros
ni el cuadro levemente ladeado
que quise nivelar
con mi alma enamorada.
Tampoco a ti a mi lado refrescándote
en el lago del beso.

A veces suspirando en el jardín,
oculto como un sapo,
te recuerdo detrás de las begonias

Y deseo abrazar con la memoria
tantos detalles de la dicha:
emociones,
risas cual soplos de la fragua,
sueltas charlas que sonaban a versos
y a lluvia fresca, cuando anidaban entre tus muslos
las dormidas razones de mis manos.

Esta larga cadena
de agua con olor a tierra,
eslabones de luna y sol
en incontables hemiciclos,
se ha hecho distancia
trayendo vibraciones de tu pulso,
metálicos latidos de tus senos,
señales casi imperceptibles
que llegan a mi tacto
anhelantes,
tuyas,
elementales…

viernes, 10 de abril de 2009

Promesa laboral

Promesa laboral

El dueño de la empresa en la cual trabajo es un explotador. Con la máscara de la amistad nos exprime. Promete el oro del futuro para insuflarnos entusiasmo, en un juego que puede durar años.
Hace un tiempo, durante una conversación que sostuvimos sobre esta esperanza, él pareció divertirse tomándome del pelo: me trató como a un niño a quien se le pospone con argumentos vagos la compra del helado prometido; y en un descuido, cuando creyó que nadie le observaba, medio volteando el rostro, lo vi sonreír con cínica conciencia de su mentira.
Desde esa vez le perdí la confianza (también reía de esto).
Supe que jamás cumpliría su promesa y que ya no le importaba que yo lo supiese.



viernes, 27 de febrero de 2009

Tiempo exacto del amor carnal



Rodaron por tus laderas
los empeños del instinto,
pero negaba la luna
su claridad al camino;
y ese súbito recato
ante el deseo prendido,
nos redimió de un encuentro
brusco, carnal y vacío.

Si hubiesen iluminado
las estrellas, tras los vidrios,
más allá tus ropas íntimas
y aquí tu cuerpo cetrino,
arrepentida y callada,
después de muerto el hechizo,
te estarías preguntando:
"Y en el amor, ¿cuándo vivo?"

Mientras yo recordaría
de las flores, que los ciclos
saben del momento exacto
en que llaman los pistilos.
Por ello, cual mariposa
con aleteos pasivos
soñaré mientras espero
la explosión de tu libido.



domingo, 9 de noviembre de 2008

Juana la lavandera

Juana la que va cantando
alegre por los senderos.
Mientras sueña va cargando
las ropas de los viajeros.

Las flores que van rozando
sus blancos dedos ligeros,
de colores van regando
su pecho y el caminero.

Juana la que va lavando
siempre mis ropas primero.
No sabe que está matando,
que yo por ella me muero.

Sobre el río está espejando
su imagen que yo venero,
que mi pasión va agrandando
porque hace tanto que espero.

Ay, Juana que estás mirando
como el brillante lucero.
Antes que vuelvas lunando
hoy te diré que te quiero.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Inolvidablemente

Al evocar recobro la canción que un día,
en el edén nocturno de tus brazos
—febril derroche de cascada táctil—
era mi himno.

Rememorar el correteo incontenible
sobre tu piel, de mi caricia urgente,
la luz danzante de tus ojos húmedos
en hondas noches..., 

es despertar en los suburbios de mi alma
tu corazón dormido en el recuerdo,
atesorado en los grafitis de sus calles

con letras rojas.

martes, 5 de agosto de 2008

Patria

No baboseo con el patriotismo,
tal como lo establecen
los que precisan las fronteras
con muros
ante el éxodo secular.

Entrego con fervor mi sentimiento
a todos los caminos,
a todos los océanos del orbe,
a la propagación del mestizaje, 
a los hombres sin patria.

lunes, 30 de junio de 2008

Romance de la noche de luna



Era una noche de luna
en la casa solariega.
La brisa rozaba el cuerpo
de la tendida doncella,
sobre desnudos contornos
evocando una gacela,
entre el aroma de lirios
de la ardiente primavera,
mientras la luz irrumpía
sobre las sábanas, lenta.

El mocetón que dormía
a unos metros de la pieza,
en una hamaca de hilo
y bajo el manto de estrellas,
despierta por el cantar
de un pájaro que gorjea;
y al ver la danza del mundo
girar en viril cadencia,
con lascivo atrevimiento
a la ventana se acerca.

Con cautela y mucho miedo
en la oscuridad observa,
y de a poco se acostumbran
sus ojos a la silueta.
La luna también miraba
aquella desnuda gema,
que al moverse a cada tanto
hacía estallar las venas,
pues daba vida a la diosa
engañosamente muerta.

Era mármol que latía
aquella imagen argenta;
y al recibir con suspiros
el sí de la noche eterna,
su corazón se dilata,
su pensamiento se tensa,
y decide a sangre y fuego
adentrarse en la refriega,
donde demonios y ángeles
se declararon en guerra.

Con voluntad temeraria
y con alma marinera,
esclavo de la ilusión
de aquel canto de sirena,
quiere para él el reinado
sobre las blancas arenas.
No existe acto en el mundo
que el alma humana estremezca
ni otra razón que acredite
nuestra mísera existencia.

Otra y otra vez la mira,
y en eso siente que ella,
respondiendo a sus latidos,
entregaba sus cadenas
al aire de la lujuria,
cual Venus que se confiesa
con el lenguaje del gesto.
Con el corazón sin rienda
mira el vientre que se ondula,
cómo se mueven las piernas,

y cómo el cuerpo se extiende
con auras de una tigresa,
emanando los efluvios
que clamaban en la espera
y ofreciéndose al pecado.
Ya sin dudas (su alma atenta),
llenándose de coraje
a instancias de aquella venia,
con incertidumbre intacta,
hasta la cama se llega.

Al ver que en el amplio lecho
le aguardaba la tibieza
del sitio que le ofrecían,
al desplegar de las velas
se dispone a navegar.
Fue noche de dicha entera,
gloriosa para el recuerdo
cuando halló que la Nereida,
todo el tiempo de su duda
estuvo ardiente y alerta.

sábado, 28 de junio de 2008

Caminaba sobre la otra acera

En órbitas absurdas de estrellas apagadas,
como vuelos tardíos del crepúsculo,
la memoria repite
tus ojos aburridos de mirarme.

Ni tu amor ni mi amor
pudieron recobrar su aroma
de humus en el bosque de las sábanas,
buscando resurgir
sobre las olas del recuerdo.
Y fríos en sus agonías
se desataron piel a piel
de las cadenas oxidadas del deseo.

Hoy he visto, con nubes de ternura,
llover tu risa sobre la otra acera,
como un diluvio ajeno a mi sequía.

Y detuve mi angustia —pájaro
de rotas alas—,
mirándote volar un cielo ajeno.


sábado, 21 de junio de 2008

Tu distante universo


¿Qué sol te irradia
y armoniza tus sueños orbitales?

¿Qué rayo aviva
la gravidez corpórea, la intangible belleza
de tu cíclica faz,
cautivando los lentes astronómicos?

Te miro en las auroras, distante en tu galaxia
—floresta cósmica con pájaros—, de dríade vestida,
aromando las calles de tu reino,
sobre alcobas desnudas
donde el poema nace de la piel amanecida.

En cien constelaciones de verbos y adjetivos,
y a mil planetas adherida,
eres tú —y no ese sol— el foco y médula
de tanta majestad y onírico universo.

Confuso entre sextantes,
te observo con monóculo primario
—inalcanzable estrella—,
perdida mi mirada en tus ajenas sombras.

En el laberinto


Doloroso de ti,
doblado estoy sobre tu rostro sepia,
repetido en tus ojos
de los días sin verte.

Este tiempo que abate
como fiera incansable en su arrebato,
con su garra filosa,
me clava soledad en la garganta
y sangro en agonía
en el páramo triste de tus besos.

Desde el mantel bordado de la noche
la luna alarga su irradiado brazo
hasta mi rostro en sombra
y lo inunda de plata en el espejo.

Las estrellas titilan
en la gula lejana de sus brillos
apáticas a mi futilidad.

En la penumbra de mis ojos cerrados
te descubro en la risa,
escondida en el juego del desnudo,
con mis ojeras nunca cansadas de mirarte.

Ahí, en el laberinto del descuido.

Sueño circular

Soy el que sigue y caerá vencido
en el bosque fatal del desenlace,
en último desguace,
ausente copa y hojarasca, humus del olvido.

Aunque vislumbre el canto evanescente
y aspire débiles efluvios de la gloria,
la calma migratoria
gravitará en el perdurable adiós mi ser ausente.

Otro utópico, posta en la carrera,
acometiendo el vano,
desandará la análoga aventura.

Ante su odre vida de febril quimera,
entonará, prolijamente, el cíclico y humano

concierto con ajada partitura.

jueves, 19 de junio de 2008

La agonía de los árboles

Del paisaje ruinoso en la apatía,
sin remedio sus hojas, sentenciadas
sus voces en angustias extraviadas,
yerma mudez y triste labrantía;

en pugna desigual y sin aliento
ante el soplo inclemente del destino,
en el ángelus gris, sobre el camino,
gimen los árboles su adiós al viento.

La augusta majestad de sus pasados
sostenida por troncos extenuados,
se resiste a las fauces de la tierra.

Análoga derrota, consecuente
ante la eternidad omnipotente,
ansío yo para mi humana guerra.