sábado, 16 de abril de 2016

La distancia que nos separa






Soporto la distancia hasta tus brazos,
esta llovizna persistente, como
lágrimas que caen en un lugar aparte,
lejos de nuestra magnitud.

Oigo el gorjeo del perdido pájaro,
mientras escapas de la habitación sombría
(de los recuerdos nítidos),
como yo aquí, 
de la muda tristeza de la gente.

Hoy somos una célula partiéndose
en el líquido amniótico del tiempo.

Muriéndome sin ti en el plasma distante,
persisto todavía en la inquietud estéril,
en el impulso atávico de ver desde tus ojos,
y pujar por la vida
al ritmo de tu corazón.

Persisto, pues,
no existe atroz distancia alguna
para borrar la convicción de ti
por el amor acumulado.




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