lunes, 28 de diciembre de 2015

En busca del vuelo




Observas.
La imagen del mundo, cada vez más íntima,
va siendo remarcada con tu propio pincel, 
mientras la tela va esfumándose
día tras día, conciencia tras conciencia.

Esta tarde, que puede ser doliente para ti
a causa de las pátinas borrosas,
no lo es para el trino de los pájaros:
otras visiones ven en los matices,
y les llega la melodía
de los intemporales labios del tiempo.

¿Cómo puedes enseñar a tu corazón
esa forma de incendiarse en el aire,
el fluir de la sangre en pleno vuelo,
la lujuria de la pureza?

Es el lance.
Desde tu cuadro, desde tu límite,
buscas absorber la profunda calma,
mientras te elevas por encima
de todas las cadenas, de todas las espinas,
que ha engendrado tu propio instinto;
y desde arriba, dueño de un nuevo rayo,
apasionado buscas
destrozar las cadenas y cortar las espinas.

El corazón no aprende de sus gritos,
sólo tiembla en el aire las alas desplegadas;
y ni temblando logra hallar, mil veces,
los rizos adecuados
para expresar su vuelo entre las nubes.


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