martes, 15 de marzo de 2016

Ritmo vital en el geriátrico




Con lentitud e inexorablemente
se acerca el viento frío
con su escala de daños,
ese que derrumba la voluntad más fuerte,
puede dejarte tieso en la intemperie,
o sentado en una silla del comedor
(o en una silla de ruedas de un corredor),
tieso también,
aunque manteniendo la compostura,
como si ningún rayo te hubiera traspasado.

Fulano se ha ido. ¡Sí, ese mismo,
el que hacía gimnasio
y largas caminatas por el patio,
y a quien se lo veía más fuerte que a cualquiera!
Nadie entiende (y todos desean entender)
cómo funciona la ley del ciclo vital,
cuántas horas precisa
el reloj para detenerse;
cuántas proezas,
un animal para tumbarse;
y cuánta inmensidad, sentir el hombre
para precipitarse
en el abismo eterno.

Con lentitud e inexorablemente
se oxida tu cadena terrenal,
tu cuerpo tiende a desprenderse
de su trágica decadencia, del amor
que podría con lágrimas bañarlo,
consciente de lo que está sucediendo,
lanzando voces agrias
en la comunidad de los huraños.



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