jueves, 17 de mayo de 2012
Navegando
No es el rumbo calculado,
pilotaje que imprime a la apatía
la emoción de avistar la lumbre
creciendo en lontananza.
Ni los asomos pueblan
estas horas de duro sol,
donde el céfiro calla inerte
al garete de nuestras ambiciones.
Viva inquietud,
naufragio lento
en la tarea inútil de medir distancias.
Debería volver al punto de partida
para ajustar
los matices del sueño.
La travesía espera de las nubes
oráculos de buena singladura:
vuelos de pájaros
y el resplandor creciente
del puerto de jamás llegada.
domingo, 6 de mayo de 2012
Perro guardián
En el jardín el mirto se ha llenado de estrellas.
La casa flota bajo el perezoso abanicar
de las altas palmeras. Es muy tarde.
Qué celo la del perro enloquecido
detrás de las forjadas verjas;
su fajina se colma de eficacia.
Temor contra temor,
el extraño se aleja,
mientras la bestia vira a su rincón
para apoyar su hocico sobre el suelo.
Vuelve el mundo a su cómodo silencio.
Las sombras bailan sobre la pared.
En el jardín un duende lo acaricia:
de los que hallaron su atributo.
de los que hallaron su atributo.
jueves, 29 de diciembre de 2011
La obsesión de amarte
Pender de tu contento, en cuya brisa
es alivio la tórrida existencia, y acallar la tristeza de tu ausencia
cuando emerge la fiesta de tu risa.
Estar sufriendo el malhumor que avisa
con artero desplante la indolencia;
y en un oscuro infierno, a mi insistencia,
sometiendo con lámpara indecisa.
Aunque engaña el color tornasolado
que a cada tanto en el jardín la rosa
a nuestros ojos se descubre ardiente,
para luego caer también ajado
el pétalo feliz sobre la losa. . . ,
nunca serás cadáver en mi mente.
lunes, 3 de octubre de 2011
Juana la lavandera
Juana la que está cantando
donaires por el sendero,
entre risas va llevando
mis ropas del maletero.
La flores que va palpando
del perfumado cantero,
de amarillos van regando
su blusa y el caminero.
Juana la que está lavando
siempre mis ropas primero.
No sabe que está matando,
que yo por ella me muero.
En el río está espejando
firmes muslos que venero,
y mi pasión se va hinchando
como un sapo en el estero.
Ay, Juana, que estás mirando
como el distante lucero:
cuando regreses, lunando,
te confiaré mi te quiero.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Lacrimae rerum
Virgilio:
sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangunt.
A mi hermano Tomás (+)
Dime tu adiós, hermano
mío,
en tiesa despedida,
vencidos y fatales
tus silenciosos brazos.
Viajero sin retorno
carente ya de lágrimas y
tiempo,
ilusiones vacías en la
suerte,
pétalo mudo abandonado al
insensible aire.
Tu cuerpo echado —¡ay! — a
la noche infinita,
tus ojos cerrados al horizonte,
tus manos cruzadas, inmóviles,
todo tú marmóreo,
silencioso, ausente,
privado de la luna y la
crisálida,
privado de la risa a carcajadas,
privado ya del tacto y
del contacto,
del cálido recreo del
amor,
con tu lumbre diluida
y la lluvia dispuesta a deshacer
tus huellas.
Rozan tus mejillas los
ángeles con el reverso de sus alas,
ponen sus labios sobre tu
frente fría,
mientras siento debajo de
mi piel
la realidad insobornable
Dime el adiós, compinche,
y déjame tus pares de
zapatos.
No rehúses mi remembranza
y dame tiempo para huir
de ti secretamente.
No olvides que tu sangre
es un río que corre con rigor
hacia la eternidad.
Déjame recubrir tu rostro
amado
y lamentar tu vida con mi
vida,
y déjame mirarte en el
espejo
de nuestra entonces
compañía,
y déjame esperar que la
esperanza
me pueble de celestes alamedas
que lleguen hasta el
parque
donde juega tu alma
peregrina.
Dime el adiós y vete,
niño dormido,
antes que la conciencia
con mágica elocuencia
decida por las noches
presentarse,
antes que el aire
adormecido
eleve su cilícica fragancia.
Dime pronto el adiós,
hermano mío,
—que las lágrimas manan
de las cosas—,
¡y vete!
jueves, 8 de septiembre de 2011
La tierra
Opalina
y azul
sobre
la tela cósmica.
Silente
imagen de dorados guiños.
Divina
ante la humilde brillantez
de
la devota luna.
Sutil
aura que esconde
celosos
torbellinos de cenicientas nubes.
Imán
de luz en la expansión oscura,
preñada
por los rayos
de
aquel otro devoto enardecido,
para
estallar la vida.
Parto
y cuna del hombre,
elíptica
ambulante,
sosegada
materia
jamás
inerte.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Detrás de los otoños
No disipas tus hojas
en la melancolía del otoño,
ni te derrochas a los eternos vientos
ni a la más incitante brisa seductora.
Tu fértil existencia, tu canto que se adueña
de toda primavera en cuanto llega,
reclama su abanico de arco iris
y el transitar airoso las tardes del estío.
La diosa Exuberancia se adueña de tus células,
y florea sobre tu copa
efluvios de colores; pero no desafías
la vastedad callada de los prados,
los infinitos rayos de la muerte,
la luna en su ovalada pesadumbre,
pues los favores cósmicos
no comprenden los límites del alma.
Sientes el esplendor de la pradera
desde tus verdes perspectivas,
desde tus brazos vegetales,
y recuerdas que la frondosidad
no avala la arrogancia
ni migración alguna hacia las nubes.
Detrás de los otoños
los árboles perecen siempre.
ni te derrochas a los eternos vientos
ni a la más incitante brisa seductora.
Tu fértil existencia, tu canto que se adueña
de toda primavera en cuanto llega,
reclama su abanico de arco iris
y el transitar airoso las tardes del estío.
La diosa Exuberancia se adueña de tus células,
y florea sobre tu copa
efluvios de colores; pero no desafías
la vastedad callada de los prados,
los infinitos rayos de la muerte,
la luna en su ovalada pesadumbre,
pues los favores cósmicos
no comprenden los límites del alma.
Sientes el esplendor de la pradera
desde tus verdes perspectivas,
desde tus brazos vegetales,
y recuerdas que la frondosidad
no avala la arrogancia
ni migración alguna hacia las nubes.
Detrás de los otoños
los árboles perecen siempre.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Alfonsina Storni
Alfonsina Storni
Oh mar, dame tu cólera tremenda.
Alfonsina Storni
Exhumas el olor de los
rosales
y pasan tus amores por el
alma quieta,
y luz sobre tu rostro de
tormentos
que sin embargo busca las
estrellas.
Mañanas claras de tus
negros días,
los veranos se alejan y
te dejan,
tras el cristal de la
ilusión romántica,
en la pasión que te
envenena.
En la quietud nocturna de
los bares
frente a frente tus manos
sin respuestas,
tu corazón de música,
tus amores se alejan,
mientras vuelve la luna
entre las nubes,
el susurro del mar que te
desvela,
la tristeza, la soledad
aguda,
tu último poema.
Sueñas la eterna noche,
en las playas del mar, en
sus arenas;
sueñas amores de los años
idos,
y ves los días que te
dejan,
y ves la vida que se
marcha raudamente,
y ves pasar el tiempo y
el amor y sus penas.
Entre tus manos pálidas
duermen las caracolas,
y acomete el hastío y la
vida se espesa,
y la enorme esperanza del
ocaso decae
y una partida al mar en
la noche secreta.
martes, 21 de junio de 2011
Cromagnón
Igual que tú, merodeador
fiero,
seré, con rostro oscuro,
letargo en la memoria del
gran río,
en las aguas de Heráclito,
donde el presente vierte
su agonía.
Mamífero perfecto,
velludo amante,
vivo entonces, ahora ido,
como los dinosaurios perviviendo
en museos
de arqueología, en osamentas
de arqueología, en osamentas
con cuencas abismales, encriptado
en vasijas de tiempo, eternamente
mudo
bajo inmensos cipreses.
Oh, ancestro, como
yo, como yo en el mañana.
Por las calles de
enhiestos árboles,
todos los días
canturrearé
con las manos en mis tibios
bolsillos
y mi leve canción evolutiva.
sábado, 30 de octubre de 2010
Pesada carga
En mi brazos
y en algunas
canciones retenidas
pesa tu
mundo,
su fatiga.
A veces quiero percibirme adiós,
librarme en la ceguera
de un desierto,
en la callada emanación de piedra.
Yo creí en los jamases daños,
la casa donde inventaríamos el aire
del sonido de lluvia. Creí en los
promontorios
donde enterraste el tiempo
para nacer cada mañana a mi costado.
La parte que me pesa más de ti
—la fatigada parte—
es ese ir-venir por los días
siguiéndote,
porque temo encontrarte
yendo-viniendo por las noches
huyéndome.
jueves, 7 de octubre de 2010
Oda a la poesía
Suaves brisas del
sueño, canciones de los mares,
dulces soplos que escudan los temples oprimidos,
relámpagos que encienden la oscuridad del alma,
la búsqueda obstinada, los cánticos divinos,
dulces soplos que escudan los temples oprimidos,
relámpagos que encienden la oscuridad del alma,
la búsqueda obstinada, los cánticos divinos,
la brecha de los cielos, el
inmortal renombre,
las visiones rotundas del
humano latido
crecientes de promesa ante sus hondas cifras.
crecientes de promesa ante sus hondas cifras.
Ay, infames tormentos. Ay,
silencios y gritos,
difusa eternidad, fugaces arrebatos
difusa eternidad, fugaces arrebatos
del alma que atesora oscuros
pasadizos.
Los versos son las armas,
las picas, las barretas,
el hierro artesanal que agrieta los resquicios
de dioses y demonios, aceite de las llamas
de los últimos campos, allí donde el camino
se allana al sentimiento y al verbo derrotado.
Atizando la luz eterna de los nimbos,
enciende cada noche el estremecimiento
y augura la derrota sobre el caos antiguo.
el hierro artesanal que agrieta los resquicios
de dioses y demonios, aceite de las llamas
de los últimos campos, allí donde el camino
se allana al sentimiento y al verbo derrotado.
Atizando la luz eterna de los nimbos,
enciende cada noche el estremecimiento
y augura la derrota sobre el caos antiguo.
Oh, arma poderosa de
metálico acento,
puñal que hiende venas en pechos corrompidos
de cansados poetas, y dejan errabundos
los viejos corazones que se hallaban cautivos.
Oh, arma silenciosa de espíritu ardoroso.
Oh, fuerza adormecida, crisol de lo vivido,
energía y aliento de acordes melancólicos
que arrancan a la noche sus misteriosos símbolos.
La luz de las estrellas, las célebres memorias,
la entonación del ave, los dones narrativos,
la efímera belleza del trémulo jazmín
nos llevan a las nubes y expone con sus signos
la grata compañía de dioses en el diáfano
cristal de los olimpos.puñal que hiende venas en pechos corrompidos
de cansados poetas, y dejan errabundos
los viejos corazones que se hallaban cautivos.
Oh, arma silenciosa de espíritu ardoroso.
Oh, fuerza adormecida, crisol de lo vivido,
energía y aliento de acordes melancólicos
que arrancan a la noche sus misteriosos símbolos.
La luz de las estrellas, las célebres memorias,
la entonación del ave, los dones narrativos,
la efímera belleza del trémulo jazmín
nos llevan a las nubes y expone con sus signos
la grata compañía de dioses en el diáfano
domingo, 5 de septiembre de 2010
A ti, mi compañera.
Consiénteme sacarte
los zapatos
y expulsar con caricias
la causa de tu agobio, el
trajín del empleo.
Deja que frote tus
menudos pies
—pulcras palomas—,
mi activa compañera de
batir adversidades.
Porque juntas arresto en
las mañanas
para vencer el surco y
heñir el pan del día,
apóyate en mi hombro,
reposa mientras late
mi corazón enamorado.
Dulces sueños, mujer. . .
Cuando despiertes,
escucharé gustoso
la narración de tu
rutina.
martes, 24 de agosto de 2010
Candidez en el río
No lejos de la ribera
—cantando el
agua del río—,
los bañistas se refrescan
alegres y distraídos.
Una muchacha morena
con blusa de blanco hilo,
al mojarse me revela
sus duros senos castizos.viernes, 20 de agosto de 2010
Cumpleaños
¿Saben una cosa?:
¡hoy es mi cumpleaños!
Cumplo cinco años.
Estoy algo herido:
soñando viví
la feliz velada
que nunca llegó.
Faltaron cornetas,
globos y matracas,
torta y chocolate.
En este momento
—ya pasa la tarde—,
voy hasta la esquina,
al viejo almacén.
Mientras me encamino,
bajo la tristeza
del gran tarumá,
voy zarandeando
el viejo bolsón
como torpe péndulo.
Me mandan comprar
leche, azúcar, pan.
domingo, 27 de junio de 2010
La conferencia
Mañana ofreceré una
conferencia
en el almuerzo dominical de familia.
Versará sobre los sucesos simples
de nuestra vida cotidiana.
Les hablaré del tiempo:
de lo ideal que el día amaneció,
sin olvidar la calidez del sol
en el almuerzo dominical de familia.
Versará sobre los sucesos simples
de nuestra vida cotidiana.
Les hablaré del tiempo:
de lo ideal que el día amaneció,
sin olvidar la calidez del sol
en el privilegiado invierno.
Desgranaré anécdotas
donde cada quien será
su mejor recuerdo.
Haré reír al auditorio
con el recurso de hacer papelones
en la memoria colectiva.
Atraeré la atención
con la elocuencia
del que narra la propia historia.
Sé que no recibiré aplausos
ni felicitaciones
ni apretones de manos o palmadas.
Desgranaré anécdotas
donde cada quien será
su mejor recuerdo.
Haré reír al auditorio
con el recurso de hacer papelones
en la memoria colectiva.
Atraeré la atención
con la elocuencia
del que narra la propia historia.
Sé que no recibiré aplausos
ni felicitaciones
ni apretones de manos o palmadas.
Mi recompensa será
un adiós con pañuelos francos.
un adiós con pañuelos francos.
miércoles, 7 de abril de 2010
Domingo de setiembre
A Mirta Elena Tessio
revelada de ave mensajera,
al canto de la enorme pajarera,
va proponiendo su color el día.
Alborada y domingo. Algarabía
desbordante de luz y de quimera,
la luna débil en su luz viajera
derrama en el jardín melancolía.
En conjuro, la brisa cotidiana,
temblando con los trinos y las hojas,
emergiendo de cíclicas congojas,
vence mi incuria, mi indolencia humana.
¡Solo capullos de tus rosas rojas
faltan tras el cristal de mi ventana!
Obs: en el hemisferio sur la primavera se inicia el 21 de setiembre.
viernes, 22 de enero de 2010
El amarillo en la sangre
Caminaba con los ensueños
más miserables de la tierra,
cercado por el total
amarillo,
enceguecido por
fotografías de mujeres desnudas
adheridas con gomas de
mascar sobre mi frente,
y la canción: Ya falta
poco, como el himno de mi alegría.
Jamás pensé que el alegre amarillo de los trigales
pudiera percutir odiosamente
en las paredes.
Jamás se me ocurrió que la
brisa del hombre
buscara detenerse a
dormitar en los rincones viles,
renunciando a los prados
y a las aves.
Nunca había visto un desierto tan óxido en mi vida,
más herrumbroso y solitario
que un cementerio de automóvíles,
más cargado de buitres y
alimañas que una laguna evaporándose,
ni he visto tanta sed
buscando dioses en el limo seco,
ni tanta palidez de duros
amarillos bajo el cielo,
ni tanta ausencia de risa
espontánea.
Todos mis ideales fueron bloqueados por los muros,
y la imaginación embestía
contra el sórdido amarillo,
sangraba en amarillo;
y solo algunas tardes,
bajaba sobre los ávidos ojos
el ocre del crepúsculo
trayendo la esperanza de
otros colores insondables.
Gracias a que vertí toda mi angustia en la cautela,
a que extraje del mismo
cruel vacío la gama del futuro,
y a las dunas por donde
deambuló mi espíritu,
pude conocer las
alternativas de todos los desiertos
y encontrar otras gamas en
este oasis donde hoy vivo.
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