miércoles, 24 de octubre de 2018

Los árboles de tus días

Los días que te suman
van abatiendo sin piedad tus árboles.

Tus ramas se desnudan, se deshojan
bajo el rigor violento y  acerado.

Van quedando sin vivas primaveras,
sin sol que lo prosigan, y persisten
con el solo artilugio de la brisa.

Día a día, eres un árbol menos
después del otro árbol abatido;
y en el último árbol que te quede, entre sí
se matarán los pájaros.

sábado, 13 de octubre de 2018

Nuestra casa partida en dos

Están edificando un muro en nuestra casa:
dividieron ya en dos la zona del vestíbulo.
Y cortaron la sala, mágicamente justos,
fríos, insobornables.

Atravesando la cocina
requirieron la rúbrica de nuestras determinaciones.
Has preferido hostil comodidad,
la afectación que tanto odio,
y nada te importó verme en el lado opuesto;
es decir: decidiste celebrar
la marcha de la construcción.

En el baño quedé sin inodoro.
“Por suerte, nuestro patio es bien grande”, me dije,
pensando en defecar debajo de los mirtos.
mas, ¿de seguro quieres consentir
la construcción del muro pernicioso?

Ellos son ciegos,
padres del equilibrio, de la cautela;
sólo pueden parar la obra
si los dos rechazamos nuestra obstinación.
Te reprocho, te ruego, y tú pareces no escuchar:
el muro te ha tapado los oídos.

“¡Dios mío! Partirán también el dormitorio.
Redujeron el vano de la puerta.
Ochenta centímetros dividido dos.
Se acercan despiadadamente a nuestra cama
¿Qué hago?”

Antes que el muro cierre el nuevo
perímetro, me arrojo a tu sector.
Suplico nuevamente. ¿Qué me importa?
Acepto convivir con la mitad que queda.

viernes, 12 de octubre de 2018

Invocación a Apolo


De tu piedad reclamo, dios Apolo,
retenido en la inmensa telaraña
de vigilia febril, en la maraña
del albur, del acaso, mudo y solo,
al atisbo de insectos de Utopía,
del oscuro laurel glorificado
por las justas de Atenas, enredado
en ansias de ambiciosa cacería...,
matices de tu cántico, el secreto
conquistar, con la llama duradera,
la travesía de gozoso reto,
del ave lujuriosa la beldad
retozando en la rítmica quimera
y enclaustrada en la azul eternidad.

jueves, 11 de octubre de 2018

El poema del día escrito en un bar

El poema del día escrito en un bar

En medio del camino
se ve reverdecer la hierba de los prados distantes;
mi corazón se agita
porque llego al portal de la ciudad
(tantas cosas me han dicho de su locura adormecida,
de su eterna estridencia, sus muertes misteriosas).

En la acera de un bar,
aplastando el periódico
sobre una mosca sin laúd,
bebiendo a sorbos mi café, sin voz...

De entallado vestido, una mujer
con auras de arrogante intimidad
me lleva a errar por su ardorosa alcoba,
disfrazado de lúbrico voyeur.

¡El amor vuelve,
el amor siempre vuelve!
Desde la edad de las cavernas llega su divino poder;
desde la oscura edad del medioevo
nos ofrece su místico deleite;
desde ayer y hasta hoy; desde mañana
y hasta el instante del postrero adiós,
el amor se desnuda, nos muestra su foco creador,
su pura adrenalina.

En la mesa de un bar la joven,
mientras pasa radiante sobre la otra acera,
emana de su encanto femenino
la magia de mi triste poesía.

Mi corazón se abrió,
como pétalos a las mariposas,
y urdí mi plan y engatusé a las musas.
Furiosos galanteos las minaron;
con mi pasión extrema las plasmé,
y hoy se encuentran echadas a mis pies,
a mis desordenadas fantasías.

En la acera de un bar pasan las horas...

Las palabras,
infinitos vocablos —uno más bello que otro—,
las imágenes, los ensueños, las conclusiones, el asombro,
las urgentes e intactas fantasías,
todos los elementos del poema, se acercan dóciles,
como barcos dispuestos
con entusiasmo para la gran pesca.

Libra el viento su amor, su grito humano,
sus mástiles sobre las olas, su luna temblorosa
aprisionada en su vaivén eterno.
¡Y a la hondura del mar! ¡Y a la hondura del mar!
Henchidos de pasión, con pipas humeantes,
regresaremos con el pez más grande.

En la acera de un bar pasa la vida...

Desahuciado estoy porque la muerte
me ha clavado su mofa lacerante.
Ronda siempre que soy feliz
y ello me impide abandonar mi isla.

Me gustan las aceras de los bares
al aire libre de las frías tardes
(algún día me sentaré en París
a beber un café con aguacero).

Humeante en mi lengua,
como un gitano echando cartas,
un soneto sin rimas compondré,
un soneto blanco, mi poema del día:

En medio del camino reflexiono,
mientras se ve reverdecer la hierba
de los distantes prados. Se me agita
el viejo corazón malhumorado,
porque encontré en la vida tantas cosas
deseando engendrarse en poesía,
que a silencios reclaman existencia,
exigiendo los sueños del poeta,
la luz y la porfía, cual aurora
irrumpiendo cansada de la noche,
de espantos de demonios que la acosan.
Traspongo el gran portal de la ciudad,
me siento en un café sobre la acera,

mientras concluyo el verso de este día.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Deténganla hasta el alba

I
Su sombra te acaricia, le niegas tu mirada.
Esta noche te acecha con hambre de infinito
por tus ensueños ya gastados en el mundo,
con el mensaje dulce de su canción perversa.

Tiene los ojos duros y despiertos, y su vagido arrumba
en la inquietud de tus lejanos mares. Taja tu piel
de par en par a todas tus heridas.

Es una madre sin piedad: —ven, hijo, ya me tienes,

acúnate en mi seno—, con manos de cadenas y su voz
de venenosa mermelada, una madre de risa negra.

En un rincón de tu habitáculo

te revela el crepúsculo del hombre,
la oscuridad que poco a poco te atribuye,
y en su abismo recoge las mágicas enjundias de tus días.
Va llevando los muebles de la casa, la dulzura del gato,
y en la contigua habitación oxida los recuerdos.

Extenuado en la noche te somete,
y una niebla inmortal recubre tu silencio,
y quién diría que en tu alma reside ya una noche inmensa,
sin astros y colmada de misterios.

II
Ay, vida,
tiembla un poco más, muéveme, desátame
en la noche doliente, en las rosas del día,
en los pájaros de mi panorama.

No me abandones. Mi alma gime cotidianeidad,
mi sangre grita por regarte,
por el verde de las futuras primaveras,
mi sangre grita como un río,
mi sangre curso
que anhela recorrer tus prados todavía.

Soledad, Noche, Hastío: deténganla hasta el alba,

no me derrote todavía; que irrumpa por mi sangre,
que penetre mi angustia, pero haced que aguarde un poco más
en mis ojos cerrados intensamente abiertos.

martes, 25 de septiembre de 2018

Un mar de sangre es nuestro pecho



Conozcamos el reino sin edad,
soñemos en una intrincada singladura
de cartas marinas complejas,
con el norte marino muy distante,
dejando estelas de ultramar,
donde rijan en las constelaciones
irrebatibles cábalas de nuestro curso.

Se regirá la náutica
por el soplo de nuestros días,
con las brújulas
de nuestros cuerpos ateridos,
como barcos piratas:
libre de la voluntad de los muelles.

Del entendimiento del mar,
de la verdad alegre de las olas,
forjará nuestro buque su acompasado rumbo
—bajo la luna del recuerdo
y la dureza de su quilla—,
hacia la búsqueda cabal de nuestros límites.

No pediremos a nuestro corazón
latir con los efluvios de la eternidad,
ni que almacene los murmullos
de las futuras islas.

No pediremos tregua ni quietud
ni pájaros dormidos.
Al corazón tan solo exigiremos
la melodía de su música de sangre.

viernes, 7 de septiembre de 2018

La ruptura

Denegado el pedido de ordalía
degustaba el café la boca ausente.
Dijo adiós con un gesto indiferente.
En ese bar perdí mi poesía.

Herido por la atmósfera baldía
del asiento sin ella y la inclemente
ola de desazón, un impotente
abandono sostuvo mi agonía.

Recuerdo que observé con amargura,
víctima de mi error, tras los cristales
fundirse en el gentío su figura.

Y con ella perderse los momentos
de mi vida felices y esenciales:
el amor a pesar de sus tormentos.

viernes, 6 de abril de 2018

Recuerdos adjuntos


Con gran fuerza perviven ciertas risas:
aquellos bríos matinales
y los oscuros 
que no hallaban alternativas del destino.

Persisten en la memoria
en esta hora,
en este instante,
en esta música: Capricho árabe,
en la guitarra de Francisco Tárrega,
que con gran fuerza 
se sumará al recuerdo.

viernes, 30 de marzo de 2018

Ya no pido nada


Me asomo a tus facciones en el ocaso
antes de dejarte sola para ir a beber.
Me infectan los microbios rudos de tu mirada.
Trajinas de lunes a sábado
y duermes el domingo antes de las diez.
Rondo por las horas como un muchacho aburrido
a quien le gusta cantar y no tiene guitarra.
Decaigo en la mala educación y el escocés:
les escupo porquerías a mis demonios.
Quisiera regresar al infinito de aquellos
pájaros-besos que escapaban de tu boca.
La gotera de la ducha ha cumplido un mes.
Perdóname, es tarde, ya no pido nada:
ni siquiera un intento de cambio en tu conducta
que me impulse a sentirte nuevamente amada.

domingo, 25 de marzo de 2018

Uno de mis otros


Al despertarnos, me dio a entender
sus ganas de aferrarse a la almohada.
Amaneció sin fuerzas para llevar la vida cotidiana hoy.
Me da lo mismo. Es sábado. El cielo tiene su capote.
Tres metros de muralla de mi casa impiden
la tortura de nuestros tímpanos.
No abro las ventanas como siempre
para apoyar nuestra salud emocional.
Estamos en penumbra, con los ojos cerrados, retocando
las habituales reflexiones, sentimientos de culpa;
y yo voy elucubrando señuelos que le impidan
tomar el absoluto mando. Nada de seccionar el cable a tierra,
nada de planear ocios neuropsiquiátricos,

La charla se vuelve agobiante por momentos.
No quiere despejar las dudas que comprimen
los libres albedríos, expandiendo la confusión
al tuétano de los propósitos morales ya pactados.
Vueltas y vueltas abrazado a la almohada,
libre del déspota susurro del destino.
Es como si la eternidad, con su fiel encanto,
me otorgara la venia para aceptar su dejadez.
A cada tanto, dice cosas tiernas, versos de altura,
dulce de leche en su lenguaje, promesas de laureles,
de insomnios como sueños bogando con Ulises.
Él siempre tiene la razón. Ya no tengo las ganas de los usureros
para ganar fortuna. Ya no encuentro razón
para el comercio de mis horas laborables.
Acepto la modorra. Amablemente él lo ha exigido.
Flotamos.

sábado, 3 de marzo de 2018

Este despertar

El grito de la ducha en el baño
me va contando la historia de tu rostro,
de tus pechos, de tus nalgas.
Canta un grillo trasnochado y monocorde
y la indiferencia se detiene:
sangro gota a gota los días
y lleno con los coágulos este presente hueco.
Me hago el desentendido
porque hasta hace poco yo era feliz.

Que me grita la ducha,
que me grita la historia de tu hembra,
como si todo quisiera volver a empezar:
seducción y deseo, risa y contrarrisa,
como si esta mañana no tuviera
su terrible antecedente,
como si haciéndome el sordo estrangulase
los sueños más horribles de mi noche.

jueves, 22 de febrero de 2018

Noche de verano


Juntos vivimos la rutina
de esta noche de febrero;
tú, entregada al descanso merecido;
y yo a la búsqueda de la verdad,
de la belleza en la palabra,
de la belleza en el dolor.

Siempre supimos que el encantamiento
no sería perpetuo ni privativo de los dos,
que la luna se iría a esconder tras los miedos;
y la pura algazara, de la lluvia copiosa.
Nuestros cuerpos, en esta noche larga,
caminan confrontados sueño y vigilia.

Ya no se ve estrellada la tristeza,
y ninguna sonrisa rememora
Con qué melancolía
taja insistentemente el firmamento.


viernes, 12 de enero de 2018

Jardines

Aquel jardín. . .
ya no sé si es más mío
que éste evocado.

miércoles, 10 de enero de 2018

Hombre viejo


Dentro de un hombre viejo cabe todo:
desamparo, obediencia, un gato,
el aroma de un vino clandestino,
un vegano con hambre de churrasco,
miedo, insomnio, pupilas dilatadas,
el alzhéimer, la gota, la diabetes,
lentos peces al último desove,
la infancia iluminada en la memoria,
un traje ajado, un peine, una corbata,
la sinrazón de los domingos.

Dentro de un hombre viejo cabe todo:
el goteo que va colmando el vaso,
el amor-odio hacia la cama,
caricias a las bestias del espíritu,
menosprecio a la luna, a las estrellas,
aprendizaje de la muerte, dormitando,
un reloj de pulsera con la hora exacta,
cualquier itinerario a cualquier parte,
un monje que cuida su salvación eterna,
un fármaco rigor establecido.

Dentro de un hombre viejo cabe todo:
hasta el cuerpo desnudo de una mujer hermosa.