domingo, 27 de marzo de 2016

El demonio nocturno




Habita en tí un demonio originario,
se alimenta de axiomas, de certezas antiguas,
de verdades impuestas, de postulados obvios,
y emite bárbaros gruñidos
cuando deseas escarbar su gruta.

Duerme tranquilo el ser en tu vigilia,
como si oyera cantos de sirenas
sobre los ríos apacibles de tu sangre,
como si la rutina le calmara.

Pero en la noche, ebrio de ansiedad despierta,
reconoce su angustia cuando baten las alas
los murciélagos de tu agnosticismo,
y con su enorme hambre de certezas
te muerde las entrañas,
te exige más zumos de la razón.

Habita en ti un demonio hambriento
que no puedes hallar para expulsarlo;
todas las noches sales
destruido por su  ciega rebelión;
vive en los laberintos
de tu memoria
gozando de una amplia libertad,
destruyendo intuiciones y metáforas.

Mientras tú te percibes enjaulado
por su excesiva lucidez,
él sólo quiere para sí la sangre
que va vertiendo tu batalla.




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