miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tiempo y existencia




Siento miedo, casi pánico,
de enfrentar la baraúnda
desolada de mi cuarto,
del insomnio en soledad.

Miedo de mí mismo, miedo
de los íntimos demonios
que ríen como verdugos
de mis hondas ansiedades.

Estos versos oportunos,
congelados de temor,
son excusas: minuteros
de un reloj inexistente.

Troncos que flotan apenas
en las aguas de los siglos.
En estos versos amparo
verso tras verso mi vida.

Que pase, que pase el tiempo.
Que se deslice la noche.
Que amanezca nuevo día
sin alborada, sin sol.

Que pase, que pase el tiempo,
mientras pueda eternamente
repetir y repetir:
"¡Que pase, que pase el tiempo!"



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