lunes, 16 de noviembre de 2015

El hombre en la eternidad




No somos seres vivos
mansos, sedientos, acercándonos
a la única laguna africana de la feroz sequía.

No es que caminamos inexorablemente
a la noche sin luna.

Podríamos andar cantando por el mundo
siglos enteros, presenciando
cómo el hombre se eterniza fervoroso
con los juegos carnales.

Podríamos andar hipnotizados
de nuestra condición humana.

No es siquiera el tiempo. El dilema surgió
cuando nos volvimos rebaño de la eternidad.



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