lunes, 7 de diciembre de 2015

Tu ausencia cotidiana




En tu ausencia, la casa es una triste pajarera
donde los pájaros parecen dormitar
con sus alegres melodías bajo las alas.
La habitación ya no es tuya ni mía. Ya no es un nido.

Tu ausencia circunscribe mi costumbre
al duro combatirme en el lenguaje, donde
pone alambradas en mis campos isotópicos,
y mi boca se inunda de blasfemias contra el mutismo.

Cuando te vas, te llevas los cuadros, el azúcar del café,
un ojo de mi cara (el otro espera la hoguera del crepúsculo).
Cuando te vas, me dejas amputado en el desierto de la cama;
se secan mis raíces por ti regadas en la noche.

Cuando te vas, me dejas mucho menos
de la mitad de nuestra dicha. Y al decirme tu adiós cada mañana,
escucho hablar a las paredes: “en ti, contigo”. Y una lluvia de sombra
trascurre por mi libre corazón arrinconado.

A tu regreso repones cuerpo y alma, la persona, quien soy,
la risa que llevaste, el hueco entre tus brazos, mi piel, mi rostro,
y puedo ser de nuevo en esta noche el pájaro feliz
que aguantará mañana enjaulado en la cotidiana soledad.



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