miércoles, 9 de diciembre de 2015

Trabajo sucio




Existe en el jardín la labor pestilente:
la penosa tarea para ser delegada.
Si las flores son olvidadas,
sólo reclamarán supervivencia.

El diestro jardinero precisa un asistente
que canjee su esfuerzo por remuneración,
indiferente a los colores, y frío el corazón
ante sedientos pétalos y la policromía.

Debe lidiar con las malezas,
fertilizar la tierra, transportar las macetas,
humedecer las plantas, vigilar los trasplantes,
y ejercer las tareas que abruman el espíritu.

Igual que en las parásitas orquídeas
prendidas a los grandes árboles,
creará el jardinero la belleza
gracias a la vitalidad del tosco.


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