-Para algunos, la vida cristiana consiste en que el hombre viva para Dios, poniéndole fin a la ambición, a la gloria y a la reputación en el mundo; sin embargo, para otros, la verdad se encuentra en un razonamiento contrario: que el hombre acceda y disfrute de las mieles de la gloria terrenal, agradeciendo a Dios estos logros.
martes, 9 de abril de 2019
Religión y vanidad
jueves, 4 de abril de 2019
Mi lobo
Busco en tu bajo vientre el rastro de mi lobo,
tu bosque que esconde mi rostro desfigurado
por el terrible gen que me carcome,
bosque de la lujuria desbordante,
bosque de la pasión, del amor libre,
de la naturaleza salvaje y carnicera.
Tú eres ese brillo de la luna
que activa mis instintos
y me despoja
desordenadamente
desordenadamente
de los ropajes de la civilización,
me vuelve un alarido en medio de la noche,
una mente febril, un oscuro recuerdo.
Lobo ancestral
que aúlla en un rincón de mi memoria.
una mente febril, un oscuro recuerdo.
Lobo ancestral
que aúlla en un rincón de mi memoria.
Una cualidad de la poesía
Una de las cualidades de la poesía es que lo repugnante se vuelve estéticamente admirable.
Rostro poético
No me imagino el rostro que esculpirá mi poesía.
La vida ante todo
Aun sabiendo que la vida es codiciada por sobre cualquier otra ambición existencial, sentía el deseo irrefrenable de visitar los mausoleos.
miércoles, 3 de abril de 2019
Auscultando un talento mayor
Esta canción surge en la angustia
de oír su nacimiento;
y tras la madrugada,
el clamor de sus notas.
Cebo mi mate a cada tanto,
meticulosamente (rito, herencia),
para inundar (moringa, tilo, boldo),
de hierbas aromáticas mis tripas.
Están faltos de grillos
los rincones del cuarto, y el
silencio
gime sobre el temblor de los
cristales,
sobre el último trémolo de Agustín Pío
Barrios.
Las horas mecen los acordes idos
en las orillas del amanecer,
y yo siento esfumarse mi
emoción
ante la muerte cruel de la belleza.
martes, 2 de abril de 2019
A mi madre
Cántame la canción de las lejanas mariposas,
cuando el sol caminaba sobre una mañana amarilla,
con el esmero de la mesa,
ante el sagrado rito de tu asistencia desinteresada,
mientras en una taza de humeante café
destellaba la vida, el esplendor del mundo.
Con tus melancólicas cuerdas
ábreme el tiempo de rabiosos aguaceros,
aljibes, verdes ranas, caracoles y tibias
almohadas.
Ábreme aquellos cuentos que arrullan mi memoria:
emociones que hicieron mi carácter.
Ante alguna infeliz imprudencia, protégeme
con tus brazos de guardiana serpiente.
Tu rutina colgando en los percheros del ropero
—posponiendo deber de esposa y compañera—,
ampara el cielo de mi algarabía.
La gris ondulación de tus cabellos,
las mil desilusiones,
no deslucirán la dulzura de tu canto
ni harán que irrumpa la desdicha.
Un comentario mío, una leve atención
o sólo una mirada de soslayo,
abren las puertas de tu corazón,
haciendo que irradie tu sonrisa.
lunes, 1 de abril de 2019
Formas de morir y matar en una guerra
Las guerras crean formas honorables de morir;
pero también, formas execrables de matar.
Razón del poema
Nunca escribiré un poema si no es para liberar un
sentimiento encarcelado.
Lector de poesía
Siempre seré el lector de poesía que me cuestiona
minuciosamente.
Rayos del ayer
La vida nos consume en
bufa broma
—humor de algún demonio—,
gracia incierta;
de par en par nos abre su
compuerta
al inerte jardín de
rancio aroma.
En la babel sin límite,
el idioma
de pájaros azules, en
abierta
explosión de sus trinos,
encubierta
tiene al alma en su
vítrea redoma.
Las flores consteladas,
las ausentes
experiencias, reviven
alegrías
en los colgajos de los
hondos días;
abruman con sus lámparas
candentes,
y animan con sus rayos
inclementes
estas horas de grises y
apatías.
viernes, 22 de marzo de 2019
Hundidos en la noche
Un viento inoportuno ha apagado la tea
dejando a oscuras el camino.
Aunque acogidos en la noche repentina,
el mal presagio que despierta la negrura
cierne amenaza de maldad sobre nosotros.
—¡Una cueva! Busquemos una gruta,
el regazo de las piedras.
—¿Una cueva en las sombras? ¿Otra noche
en medio de la noche? ¡No!
—¡Las ramas de algún árbol! El susurro
de sus hojas sosegará nuestro temor.
—Siempre se filtra el hambre entre sus troncos,
donde acechan los pájaros carnívoros
y otros depredadores.
¡Definitivamente, no!
—¡Por Dios! Entonces: ¿qué sugieres?
—Que esperemos el alba, aquí, sin movernos,
soportando el temblor, hasta que llegue el día,
dejando a oscuras el camino.
Aunque acogidos en la noche repentina,
el mal presagio que despierta la negrura
cierne amenaza de maldad sobre nosotros.
—¡Una cueva! Busquemos una gruta,
el regazo de las piedras.
—¿Una cueva en las sombras? ¿Otra noche
en medio de la noche? ¡No!
—¡Las ramas de algún árbol! El susurro
de sus hojas sosegará nuestro temor.
—Siempre se filtra el hambre entre sus troncos,
donde acechan los pájaros carnívoros
y otros depredadores.
¡Definitivamente, no!
—¡Por Dios! Entonces: ¿qué sugieres?
—Que esperemos el alba, aquí, sin movernos,
soportando el temblor, hasta que llegue el día,
para salir
victoriosos del miedo y de la sombra.
victoriosos del miedo y de la sombra.
jueves, 21 de marzo de 2019
Verso imperfecto
Acostado ya en mi cama
dispuesto para dormir
quise corregir el verso.
Sabía que en la mañana
olvidaría el hallazgo.
Despertando en la mañana
quiero corregir el verso,
quiero corregir el verso,
quiero...jueves, 14 de marzo de 2019
Separados luego de vivir un gran amor
Al separarte después de haber vivido un gran amor,
el manto edénico de la dicha cae sombrío
sobre los restos de fantasías que te restan;
y todos los idílicos minutos, esos sostenidos abrazos,
esos besos profundos como el pozo de la celeste bóveda,
esas risas que espantaban las dudas secretas de la pasión,
esos furores de lujuria, esas valentías para cazar
a las bestias de tu corazón, todos los rayos
que nacían de tu cuerpo fuerte, joven y hermoso,
para encender las mechas de los sueños,
de los proyectos más audaces. . . ,
se encuentran hoy detrás de un espejo patente
donde hace su triunfal aparición el rostro envés,
el Jano de tu historia.
La memoria se vuelve sideral para exponer
los cuantiosos atajos que pudieron obviar el infortunio.
¿Recuerdas que los pájaros volaban en círculos esféricos,
violando todos los principios de las ciencias zoo-lógicas,
y esperaban como electrones crear la eternidad de la aventura,
el síndrome de la felicidad, el mundo de tu boca?
Vigilando que no se vacíen nunca los placares,
ha ganado tan solo ser testigo de libros esparcidos
y almohadas tiradas por el suelo.
Cuando se ha amado mucho tiempo, separarse
es una hiena que empieza a morder
y arrebatar la carne del tiempo disfrutado:
los mágicos momentos en que te quitabas la ropa,
la minuciosa cábala de las noches de amor,
y hasta tus descorteses arrebatos de cólera
(que hoy suenan a graciosas niñerías).
Cuando llega el avión que ha enfrentado la tempestad,
me encuentra sin expectación en el aeropuerto,
con tanta gente circulando vanamente a mi alrededor,
con el pasaje en mano para un distinto vuelo
(un largo vuelo en soledad, dolorosamente sin ti),
para otras tempestades, para otros cruces de mar,
sin posibilidades de una venia, de un retorno,
de una piedad a mi derrota.
sábado, 9 de marzo de 2019
Hágase la sangre en la voz herida
Conocí a un hombre afable
(cuyo nombre no deseo inventar)
que un día comenzó a refunfuñar
porque el futuro le quedaba chico
para la gran tarea que le debía al mundo.
Pasaba el tiempo
y no lograba emocionar su sentimiento
(carecía de exaltación).
¿Qué será de su espíritu, de su salud mental,
pues esta noche de nuevo no duerme
y al alba no le llega todavía la mansa lluvia,
la que hace remover las fantasías?
¿De cuál estratagema hará uso
para atrapar aquellas risas del pasado?
¿Volverá a su antigua caminata
mientras la luna lo observa y lo avergüenza
porque no logra confesar sus turbaciones?
¿Regresará la gloria del derrame
a sangrar en su voz herida?
martes, 26 de febrero de 2019
Temor a la tempestad
A
Roxanne Aristy
Al
ceder la sequía,
luego
de que las nubes se van precipitando,
me
traes la visión serena de la sed con el canto del viento:
la
certidumbre de encontrar el límite sutil
donde
el hastío da lugar a la emoción;
el
polvo, al agua; la prosa, a la poesía.
Y
entonces puedo componer los versos que te inventan
en
una cita furtiva en la ciudad de Buenos Aires
para
amar la riqueza de tu espíritu y tu cuerpo femenino.
Insoportable
a veces me resulta
(aunque
mantengo leales todos mis sueños de este mundo)
observar
el crimen del tiempo,
vivir
en el silencio obligatorio de la noche vacía,
entregado
a los ásperos recuerdos carentes de ti,
mientras
las rosas de la vida abren sus pétalos hirientes
en
susurros que estremecen.
Estoy
confuso, como quien va encontrando las hebras del olvido
pero
no quiere desprenderse de la lealtad a su recuerdo.
Confuso,
porque quizás un hombre estuvo amándote
cuando
yo desesperaba pensando en conquistarte.
Abandonar
el claustro de tu amor me mejora:
espero
que la luna retorne a difundir su eternidad
sobre
nuestras falsas metas, antes de despertarnos
y
sentir que la soledad se ha callado para siempre.
En
mis visiones trasnochadas recupero la canción
de
los que aman sus cenizas. Y sin saberlo, tú me sonríes.
Fallé
en llegar a ti a su debido tiempo, cuando el mundo bailaba
y
tú visitabas las noches bohemias disfrazada de borracha.
Pero,
¿cómo podía saber yo de tu empatía hacia mi alma?;
¿cómo,
saber del amor que te inspiraba imaginarme?
Yo
solo era un hombre sin figura y sin rostro,
alguien
que para ti no era todavía.
Desde
mi ventana ya no veo coches ni gente;
solo,
un peregrino mendigando
las
vivencias que nunca fueron pero sabe que lo habitan.
¿Has
visto alguna vez caer la lluvia
sobre
la tierra cuarteada en la sequía
y
en la mesa enfriándose el té?
¿Has
oído esa misma lluvia desde tu cama tibia,
mientras
soñabas que alguien, llegando a tu soledad,
ocupaba
ese espacio que tanteabas como una amante ciega?
¡Ah,
si yo pudiese arrancar las pieles del tiempo y encontrarte
con
esa mirada que trasmite la dicha que pude haber disfrutado!
¡Ah,
si yo hubiese disipado la neblina de la calle
que
conducía a tus brazos y a tus charlas mágicas!
¡Ah,
si yo tan solo me hubiera derramado a mi destino!
El
mundo es para los conquistadores, para los locos
que
vierten en hazañas las ansias de sus corazones,
y
yo solo soy el del cuarto solitario, el hombre taciturno.
Hoy
me consuela amarte como a la musa
que
inspiran estos versos en mi corazón vacío.
No
soy lo que hubiera querido ser: el que atravesó océanos
para
acostarse a tu lado con el sosiego de no haberte perdido.
En
tal certeza, ahora puedes saber que no me abruma la sequía
sino
las gotas aceradas de la tempestad que puede caer sobre nosotros.
jueves, 7 de febrero de 2019
Alter ego
Mis dedos se entumecen en la noche tardía,
encuentro la aceituna
en el fondo del refrigerador,
Pablo escribía bajo el cielo matinal
(recuerdo una fotografía suya
tomada en Isla Negra),
mi cuarto está desierto, aunque yo soy un hombre
que desea morir de pie
frente a la muchedumbre.
Recuerdo poco mis historias aberrantes:
los muertos que dormían a mi lado,
mi casa construida por mí mismo
en largos doce años,
mi ridícula ambición de ser músico
sin poseer oído,
mi más ridícula ambición
de dominar a mi mujer con sexo.
Empiezo a verme como una necrópolis
de tumbas anónimas, y advertir
detalles de ornamentos, ángeles orinando,
altas cruces, cipreses, cofradías de seres nunca vistos.
Días tras días,
meses tras meses,
años tras años,
voy engendrando mundos que jamás viviré.
lunes, 4 de febrero de 2019
El bajo vuelo
El doliente trastorno que puede padecer un pájaro
es persistir de rama en rama
como única manera de locomoción,
aunque a veces también lo logre
sobre las ancas de un rinoceronte.
Remos las alas lucha en la deriva,
y soporta a duras penas
los furiosos puñales de las ráfagas
que deciden la suerte de los altos vuelos.
Sufre el temor de las tardías migraciones,
la impenitente búsqueda del orto,
de las quimeras ancestrales de la especie.
Sufre la exposición al riesgo
y la eventualidad de la derrota.
Los dioses pájaros llaman de las alturas,
desde las frías cumbres del instinto,
cumbre difícil de alcanzar sin alas ancestrales
templadas en violentos ventarrones.
Ciertos pájaros tiemblan amarrados al miedo:
se esconden en las cuevas del follaje,
en la fornicación a toda hora;
y se mueven grotescos con sus saltos de rana,
sometidos al ámbito del suelo
cual monjes a sus fes suicidas.
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