lunes, 5 de septiembre de 2016

Suprema conciencia




Aquellos muros martirizadores,
aparentemente insalvables en su época,
fueron desmoronándose;
y hoy, mi espíritu libre en la vagancia
recorre los lugares discurridos.

Redescubrir las frondas descuidadas
y caminar aquellas del desdén.
Por ejemplo, es factible ahora
adentrarme curioso en cualesquiera
oscuros matorrales dignos de mi atención.

Hoy me atrevo a cazar
Indiferente a los magníficos señuelos,
preservando riquezas del entorno,
y por siempre siervo de la leyes
de los humanos albedríos.

De nuevo inmerso en anchuroso mundo,
puedo disfrutar de la lluvia mansa,
del invierno apacible tras los calmos cristales,
de la noche en vigilia,
y extraer de estos éxtasis pequeños
los afeites, las pócimas, los bálsamos,
para paliar azotes de viejas tiranías.

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