miércoles, 10 de febrero de 2016

Una noche sin dormir




Desde el otro lado de las persianas,
donde las estrellas
son gemas lejanas y silenciosas,
llega una brisa leve
que recorre la casa y gira
con el soplo de los ventiladores,
mientras todos están durmiendo
con sus espíritus desnudos,
a excepción de mí.

Yo, aquí, solo, vigilante nocturno,
buscando tenderme en mí mismo,
arropo el sueño de mis seres queridos
que duermen confiados, lejos de sus ensueños,
y justifico mi naturaleza
y mi vigilia
leyendo y escribiendo hasta el amanecer.



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