jueves, 7 de abril de 2016

Risa de la muerte




Del poder que ostentaba alegremente
malgastando el dinero del erario,
llevando el oropel de funcionario
hasta la alcoba de su amante ardiente;

y humillando a la esposa complaciente,
a los amigos desde Pedro a Mario,
cayó de caballero a vil corsario,
pues el oro se acaba bruscamente.

Sólo le queda hoy la fiel memoria
para ajustar el hilo de su historia
y comprender el vuelco de la suerte:

noche tras noche, en soledad beoda,
una taberna sucia le acomoda
en el abismo lento de la muerte.





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