jueves, 11 de octubre de 2018

El poema del día escrito en un bar

El poema del día escrito en un bar

En medio del camino
se ve reverdecer la hierba de los prados distantes;
mi corazón se agita
porque llego al portal de la ciudad
(tantas cosas me han dicho de su locura adormecida,
de su eterna estridencia, sus muertes misteriosas).

En la acera de un bar,
aplastando el periódico
sobre una mosca sin laúd,
bebiendo a sorbos mi café, sin voz...

De entallado vestido, una mujer
con auras de arrogante intimidad
me lleva a errar por su ardorosa alcoba,
disfrazado de lúbrico voyeur.

¡El amor vuelve,
el amor siempre vuelve!
Desde la edad de las cavernas llega su divino poder;
desde la oscura edad del medioevo
nos ofrece su místico deleite;
desde ayer y hasta hoy; desde mañana
y hasta el instante del postrero adiós,
el amor se desnuda, nos muestra su foco creador,
su pura adrenalina.

En la mesa de un bar la joven,
mientras pasa radiante sobre la otra acera,
emana de su encanto femenino
la magia de mi triste poesía.

Mi corazón se abrió,
como pétalos a las mariposas,
y urdí mi plan y engatusé a las musas.
Furiosos galanteos las minaron;
con mi pasión extrema las plasmé,
y hoy se encuentran echadas a mis pies,
a mis desordenadas fantasías.

En la acera de un bar pasan las horas...

Las palabras,
infinitos vocablos —uno más bello que otro—,
las imágenes, los ensueños, las conclusiones, el asombro,
las urgentes e intactas fantasías,
todos los elementos del poema, se acercan dóciles,
como barcos dispuestos
con entusiasmo para la gran pesca.

Libra el viento su amor, su grito humano,
sus mástiles sobre las olas, su luna temblorosa
aprisionada en su vaivén eterno.
¡Y a la hondura del mar! ¡Y a la hondura del mar!
Henchidos de pasión, con pipas humeantes,
regresaremos con el pez más grande.

En la acera de un bar pasa la vida...

Desahuciado estoy porque la muerte
me ha clavado su mofa lacerante.
Ronda siempre que soy feliz
y ello me impide abandonar mi isla.

Me gustan las aceras de los bares
al aire libre de las frías tardes
(algún día me sentaré en París
a beber un café con aguacero).

Humeante en mi lengua,
como un gitano echando cartas,
un soneto sin rimas compondré,
un soneto blanco, mi poema del día:

En medio del camino reflexiono,
mientras se ve reverdecer la hierba
de los distantes prados. Se me agita
el viejo corazón malhumorado,
porque encontré en la vida tantas cosas
deseando engendrarse en poesía,
que a silencios reclaman existencia,
exigiendo los sueños del poeta,
la luz y la porfía, cual aurora
irrumpiendo cansada de la noche,
de espantos de demonios que la acosan.
Traspongo el gran portal de la ciudad,
me siento en un café sobre la acera,

mientras concluyo el verso de este día.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Deténganla hasta el alba

I
Su sombra te acaricia, le niegas tu mirada.
Esta noche te acecha con hambre de infinito
por tus ensueños ya gastados en el mundo,
con el mensaje dulce de su canción perversa.

Tiene los ojos duros y despiertos, y su vagido arrumba
en la inquietud de tus lejanos mares. Taja tu piel
de par en par a todas tus heridas.

Es una madre sin piedad: —ven, hijo, ya me tienes,

acúnate en mi seno—, con manos de cadenas y su voz
de venenosa mermelada, una madre de risa negra.

En un rincón de tu habitáculo

te revela el crepúsculo del hombre,
la oscuridad que poco a poco te atribuye,
y en su abismo recoge las mágicas enjundias de tus días.
Va llevando los muebles de la casa, la dulzura del gato,
y en la contigua habitación oxida los recuerdos.

Extenuado en la noche te somete,
y una niebla inmortal recubre tu silencio,
y quién diría que en tu alma reside ya una noche inmensa,
sin astros y colmada de misterios.

II
Ay, vida,
tiembla un poco más, muéveme, desátame
en la noche doliente, en las rosas del día,
en los pájaros de mi panorama.

No me abandones. Mi alma gime cotidianeidad,
mi sangre grita por regarte,
por el verde de las futuras primaveras,
mi sangre grita como un río,
mi sangre curso
que anhela recorrer tus prados todavía.

Soledad, Noche, Hastío: deténganla hasta el alba,

no me derrote todavía; que irrumpa por mi sangre,
que penetre mi angustia, pero haced que aguarde un poco más
en mis ojos cerrados intensamente abiertos.

martes, 25 de septiembre de 2018

Un mar de sangre es nuestro pecho



Conozcamos el reino sin edad,
soñemos en una intrincada singladura
de cartas marinas complejas,
con el norte marino muy distante,
dejando estelas de ultramar,
donde rijan en las constelaciones
irrebatibles cábalas de nuestro curso.

Se regirá la náutica
por el soplo de nuestros días,
con las brújulas
de nuestros cuerpos ateridos,
como barcos piratas:
libre de la voluntad de los muelles.

Del entendimiento del mar,
de la verdad alegre de las olas,
forjará nuestro buque su acompasado rumbo
—bajo la luna del recuerdo
y la dureza de su quilla—,
hacia la búsqueda cabal de nuestros límites.

No pediremos a nuestro corazón
latir con los efluvios de la eternidad,
ni que almacene los murmullos
de las futuras islas.

No pediremos tregua ni quietud
ni pájaros dormidos.
Al corazón tan solo exigiremos
la melodía de su música de sangre.

viernes, 7 de septiembre de 2018

La ruptura

Denegado el pedido de ordalía
degustaba el café la boca ausente.
Dijo adiós con un gesto indiferente.
En ese bar perdí mi poesía.

Herido por la atmósfera baldía
del asiento sin ella y la inclemente
ola de desazón, un impotente
abandono sostuvo mi agonía.

Recuerdo que observé con amargura,
víctima de mi error, tras los cristales
fundirse en el gentío su figura.

Y con ella perderse los momentos
de mi vida felices y esenciales:
el amor a pesar de sus tormentos.

viernes, 6 de abril de 2018

Recuerdos adjuntos


Con gran fuerza perviven ciertas risas:
aquellos bríos matinales
y los oscuros 
que no hallaban alternativas del destino.

Persisten en la memoria
en esta hora,
en este instante,
en esta música: Capricho árabe,
en la guitarra de Francisco Tárrega,
que con gran fuerza 
se sumará al recuerdo.

viernes, 30 de marzo de 2018

Ya no pido nada


Me asomo a tus facciones en el ocaso
antes de dejarte sola para ir a beber.
Me infectan los microbios rudos de tu mirada.
Trajinas de lunes a sábado
y duermes el domingo antes de las diez.
Rondo por las horas como un muchacho aburrido
a quien le gusta cantar y no tiene guitarra.
Decaigo en la mala educación y el escocés:
les escupo porquerías a mis demonios.
Quisiera regresar al infinito de aquellos
pájaros-besos que escapaban de tu boca.
La gotera de la ducha ha cumplido un mes.
Perdóname, es tarde, ya no pido nada:
ni siquiera un intento de cambio en tu conducta
que me impulse a sentirte nuevamente amada.

domingo, 25 de marzo de 2018

Uno de mis otros


Al despertarnos, me dio a entender
sus ganas de aferrarse a la almohada.
Amaneció sin fuerzas para llevar la vida cotidiana hoy.
Me da lo mismo. Es sábado. El cielo tiene su capote.
Tres metros de muralla de mi casa impiden
la tortura de nuestros tímpanos.
No abro las ventanas como siempre
para apoyar nuestra salud emocional.
Estamos en penumbra, con los ojos cerrados, retocando
las habituales reflexiones, sentimientos de culpa;
y yo voy elucubrando señuelos que le impidan
tomar el absoluto mando. Nada de seccionar el cable a tierra,
nada de planear ocios neuropsiquiátricos,

La charla se vuelve agobiante por momentos.
No quiere despejar las dudas que comprimen
los libres albedríos, expandiendo la confusión
al tuétano de los propósitos morales ya pactados.
Vueltas y vueltas abrazado a la almohada,
libre del déspota susurro del destino.
Es como si la eternidad, con su fiel encanto,
me otorgara la venia para aceptar su dejadez.
A cada tanto, dice cosas tiernas, versos de altura,
dulce de leche en su lenguaje, promesas de laureles,
de insomnios como sueños bogando con Ulises.
Él siempre tiene la razón. Ya no tengo las ganas de los usureros
para ganar fortuna. Ya no encuentro razón
para el comercio de mis horas laborables.
Acepto la modorra. Amablemente él lo ha exigido.
Flotamos.

sábado, 3 de marzo de 2018

Este despertar

El grito de la ducha en el baño
me va contando la historia de tu rostro,
de tus pechos, de tus nalgas.
Canta un grillo trasnochado y monocorde
y la indiferencia se detiene:
sangro gota a gota los días
y lleno con los coágulos este presente hueco.
Me hago el desentendido
porque hasta hace poco yo era feliz.

Que me grita la ducha,
que me grita la historia de tu hembra,
como si todo quisiera volver a empezar:
seducción y deseo, risa y contrarrisa,
como si esta mañana no tuviera
su terrible antecedente,
como si haciéndome el sordo estrangulase
los sueños más horribles de mi noche.

jueves, 22 de febrero de 2018

Noche de verano


Juntos vivimos la rutina
de esta noche de febrero;
tú, entregada al descanso merecido;
y yo a la búsqueda de la verdad,
de la belleza en la palabra,
de la belleza en el dolor.

Siempre supimos que el encantamiento
no sería perpetuo ni privativo de los dos,
que la luna se iría a esconder tras los miedos;
y la pura algazara, de la lluvia copiosa.
Nuestros cuerpos, en esta noche larga,
caminan confrontados sueño y vigilia.

Ya no se ve estrellada la tristeza,
y ninguna sonrisa rememora
Con qué melancolía
taja insistentemente el firmamento.


viernes, 12 de enero de 2018

Jardines

Aquel jardín. . .
ya no sé si es más mío
que éste evocado.

miércoles, 10 de enero de 2018

Hombre viejo


Dentro de un hombre viejo cabe todo:
desamparo, obediencia, un gato,
el aroma de un vino clandestino,
un vegano con hambre de churrasco,
miedo, insomnio, pupilas dilatadas,
el alzhéimer, la gota, la diabetes,
lentos peces al último desove,
la infancia iluminada en la memoria,
un traje ajado, un peine, una corbata,
la sinrazón de los domingos.

Dentro de un hombre viejo cabe todo:
el goteo que va colmando el vaso,
el amor-odio hacia la cama,
caricias a las bestias del espíritu,
menosprecio a la luna, a las estrellas,
aprendizaje de la muerte, dormitando,
un reloj de pulsera con la hora exacta,
cualquier itinerario a cualquier parte,
un monje que cuida su salvación eterna,
un fármaco rigor establecido.

Dentro de un hombre viejo cabe todo:
hasta el cuerpo desnudo de una mujer hermosa.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Cuatro dos puntos cuarenta y cuatro


4:44 y no sé si despertarán los duendes
Unas monedas sueñan sobre un papel blanco
en la superficie rústica del familiar escritorio
Sueñan lo que valen
quizá los pequeños
objetos disponibles
para su valor comercial
Un chicle Un yogur Una cerveza
Un paseo en ómnibus por toda la ciudad
En la superficie rústica del viejo escritorio
Unos anteojos de lectura de libros de bolsillo
Un pendrai gastado mas que sigue acopiando
Un tomo de Góngora luchando ante el tiempo
gélido con su lentamente vetusto castellano
Un termo de mate que calienta mis tripas
4:55 y no despiertan todavía los duendes
El perro rabioso del tiempo destripando
once pasados minutos y va por más
repeticiones de rutinarios anhelos
rituales cómplices que serán
bárbaramente cercenados
5:05 y no se avista el reflujo del aire mágico
Mutis se halla la luna y polvo y roca y planetaria
Vieja pálida cenicienta desecada y sin fascinación
Ya no llegan los duendes con el regalo de la musa
y caigo jadeante ante el vacío placer de lo absoluto

viernes, 17 de noviembre de 2017

Las cadenas de Utopía


Nunca estarás conteste,
encadenado a la tendencia
de inmolarte en intrigas de la corte,
yendo por trochas insufribles,
con el cric repetido en las ventanas carcomidas,
comadreando con tediosos tecnócratas del arte,
al compás de la abulia: sabuesa de los pasos.

Recuerda que en las noches todo es júbilo:
las mujeres se aturden de lúbricas miradas,
sus senos palpitantes de emoción
acampanados vibran para tus tímpanos remotos,
sus cuerpos se desnudan sobre las blancas páginas;
y tú, vampiro de unos cisnes a tu alcance,
sordo al crujir de sus deseos,
persigues espejismos en las remotas nubes.

Nunca podrás librarte de tus nudos:
las rutas se han poblado de fantasmas;
tus colegas, de a poco,
cenizas son en urnas del pasado.
Van perdiendo tus ojos su arco iris,
el río de la sangre va dejando de nutrir tu memoria,
y eres el hacedor de los días hostiles,
atrapado en la inercia de un avance ilusorio.




viernes, 6 de octubre de 2017

Desde mi angustia existencial

Cuando el futuro
se arroja sobre mi conciencia frágil
y me asedia en el lecho, pasado el mediodía,
empiezo a batallar
con mis demonios caras de ángeles.

(Esta visión destrozaría
el alma más robusta;
el de un sepulturero, por ejemplo).

Cuando la vida suelta sus amarras
y me muestra a lo lejos el mar
meciéndose en el infinito,
sé que emprendo una torpe fuga:

la ingenua travesía hacia el naufragio.


martes, 3 de octubre de 2017

Adhesión a la belleza

Ayer te sometía duro el frío, 
celebrando con ráfagas su imperio, 
y en la infame opresión del cautiverio 
envolvía el cristal de tu albedrío.

Cuando el viento ululaba en el hastío,
yacía en tu pagano monasterio
y en la tenue armonía del misterio
de tu manual agnóstico el estío.

Mas hoy, en el jardín, porque la cala
en el invierno expira, y la tristeza
unta de pardos su lechosa gala,

del sol imploras sus verdores cálidos,
aunque irrumpan insectos y maleza

y tu añoranza por los días pálidos.