jueves, 25 de mayo de 2017

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Lucha diaria


Siempre somos ansiosos confidentes
a los vientos del lóbrego infinito,
de las penas y rémoras silentes:
aquellas que desgarran con su grito
mudo y que, envenenando nuestras mentes,
fatal nos lleva al hábito del rito.
En esta humana realidad me bato,
mientras me apego férreo a mi lanza,
resistiendo el embate del ingrato
demonio que destroza la esperanza;
y, pese a su diabólico maltrato,
nunca detiene mi armoniosa danza.


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