jueves, 31 de enero de 2019

Descripción de una verdad extraviada


En esta noche surco el aire
más profano del hombre, a ras del suelo,
como un pájaro herido, temeroso
de ser mordido por los rudos perros
de los días.

Siento a lo lejos la esperanza de vivir
con los fuertes batidos de mis alas,
pretendiendo entrever
la luz visible tras la bruma,
el simbolismo de mis años
que forjan los espacios cenicientos
de mi muerte.

La música que hoy escucho,
como una eternidad galáctica,
se lleva la verdad inasequible
de todo lo vivido.

Los rayos del ay

La vida nos consume en bufa broma
—humor irremediable, gracia incierta—:
de par en par nos abre su compuerta
al efímero edén de grato aroma.

En la babel sin límite el idioma
de pájaros azules, en una abierta
explosión de sus trinos, encubierta
tiene al alma en su fúnebre redoma.

Las flores consteladas, las ausentes
experiencias, reviven utopías
en los colgajos de los hondos días.

Y alumbran con sus lámparas candentes,
y queman con sus rayos inclementes
nuestras horas de lentas agonías.

sábado, 19 de enero de 2019

Poema impuro

Transitarás la noche componiendo,
interrumpido tantas veces por las aves
que se te irán cayendo inertes,
y empiezas declarando: “es verano
y las estrellas cuelgan en el cielo,
donde titilan tras el farol de la luna”.
(Descripción nerudiana).
Mientras escrutas las renuentes cláusulas,
una lejana voz musita: “existe, pero
se encuentra más allá del torpe sentimiento,
más allá de la infame oscuridad del alma,
y no disipa nunca las incertidumbres del vuelo.
No arroja luz que pueda ser eternizada,
salvo unas mariposas desteñidas
que aletean en el cristal del estro".

Se cierran los archivos más fecundos
que existen en tu vieja praxis.
Se esconden todos los buenos demonios,
los duendes que hacen saltar
por los aires las dóciles palabras.
Nada vuelve al café de la mañana,
excepto ese archivo que sigue abierto
donde no eres quien te ordena escribir.
No es el timón del espíritu. Es una pala
que cava tu interior como un sepulturero,
una noche sin musa, a pura tracción sangre,
con la arritmia que produce forzar las alas.
Y obedeces el déspota mandato,
exigiendo a tu voz, entonces y aunque sea,
un vendaval de axiomas, de felices adagios,
la exhumación de honestas emociones.

lunes, 7 de enero de 2019

La luz en mi muerte

También existen las anécdotas
en la agonía.

Cada noche, cuando voy pereciendo,
transito por un túnel
hacia el ignorado profundo,
sin bombillas eléctricas, a tientas,
como un ciego abatido
que ve arruinarse inexorablemente su visión.

Mi vida, triste mecha,
limitado pabilo
para el candil que se oscurece,
al apagarse y percibir la infinitud,
es renovada luz para el eterno faro 
que alumbrará
mi silencio, la sombra de mi espíritu,
mi nada.

jueves, 3 de enero de 2019

Barrabás


En la taberna, en soledad juiciosa,
aún estremecido ante el terror
de ver su vida frente al estertor
ciego que reclamaba eterna losa,
revive los detalles donde, impío,
el pueblo repetía: «¡muerte!, ¡muerte!»;
y disfruta la estrella de su suerte,
fruto de la balanza del gentío.

Mientras cruza el Mesías, coronado
de espinas, con la cruz y el ajetreo,
discurre Barrabás del Dios hebreo:

«Triste mártir que muere inmaculado;
que perdonen su vida yo querría,
¡aunque jamás a costa de la mía!»


martes, 20 de noviembre de 2018

El campesino

Llévate mi cosecha
y déjame tus semillas transgénicas
para la siembra próxima.
No protesto el interés de tus préstamos,
pues me sirven de mucho para pagar las multas
(lo más preocupante es la capitalización
de intereses sobre los intereses moratorios).

En la cocina está mi hija
esperando las ganas tuyas para desnudarse;
a ver si nos mejora el ADN,
si nos perfecciona facialmente, si nos blanquea,
si nos paga con gozo la injusticia.

Señor de las pulseras de platino:
envidio tu vida de vinos y aceitunas,
tus autos de negocios con vidrios antibalas,
tu educada manera de torcerme las tripas.

Espero tus oscuras gafas pasadas de moda,
algún reloj barato con radio y despertador,
tus zapatos gastados, cualquier regalo tecnológico
de las versiones en desuso, cualquier perfumería.
Déjame el rico aroma de tu caño de escape
y el sueño con mujeres enfundadas
en pieles de extinción.

Apodérate de cuanto codicias (incluso de mi honor).
Cuando te vayas, luego de sudar
en la parcela del maíz, no sé qué hacer
para afrontar la queja solitaria de mi azada.
¿Cómo podré mirar cuán triste crece en mi mente
la planta exuberante de la genuflexión?