lunes, 15 de abril de 2019

Las alas de la mariposa muerta

Ayer estuve  debajo de la brisa
mientras cargaba un detestable tedio,
y me nació un baipás de meta a realidad.

Aderezando un pollo sin ganas de comer,
me enmudecí los versos muy chillones,
y el mundo se venía
abajo
          acompañándome.

Entre ayer y hoy
no tuve tiempo
                         de caerme
                                          más hondo.

Y en la hondura rescato,
de aquel museo entomológico,
una ensartada mariposa por un alfiler,
con su momificada perfección.
Sus alas palpitaban tras el vidrio
ante el leve soplido de la respiración.

Decido, entonces, no rendirme y escalar
el lado más escarpado del día
sin detenerme hasta la cumbre,
para luego lanzarme al gran vacío,
para volar.

Para volar con las frágiles alas
de aquella mariposa muerta.

viernes, 12 de abril de 2019

El hereje

Condenado al suplicio de la hoguera, todo está dispuesto en la vieja plaza para que ejecuten la voluntad de sus impasibles jueces.
Una morbosa muchedumbre exaltada lo asedia. Los balcones se ven abigarrados. Divisa mozalbetes riendo en los tejados.
Se siente horrorizado: empapado en sudor a causa del tremendo miedo.
Hábilmente amarrado, y ante la irrevocable decisión, debe aceptar que ya no existe, humanamente, salvación posible.
Sin embargo, aunque ansíe, le es imposible resignar el don maravilloso de la vida. Los recuerdos emergen a tropeles de su fértil memoria.
Dos verdugos ascienden al cadalso y encienden con habilidad la hoguera. Con sus desorbitados ojos ve cómo los leños empiezan a arder bajo sus pies. Sus pensamientos enloquecen. Crepita el fuego y siente quemarse sus andrajos. Despide los primeros alaridos de auténtico dolor.
Empiezan a quemarse ambas extremidades. Siente el horrible olor de carne chamuscada. Sus gritos se vuelven desgarradores, mientras oye el murmullo ávido y feroz de la extasiada multitud.
Busca a Dios en las alturas con su visión casi ciega. “Tal vez, existe”, dice, en tanto reza una oración 
con fervor recobrada.
En ese instante se encapota el cielo y una súbita tempestad se abate sobre el circo. Lentamente, y en medio de terribles dolores, el recio vendaval va extinguiendo la pira. Empapado de huesos, blasfema ante la interrupción de su cruel agonía. Su anhelo es morir, adentrarse en la calma de la oscuridad eterna. Sin embargo, ¡pobre de él!, sus piadosos jueces traducen el azar como una manifestación divina; y orando y persignándose, le perdonan la vida.

jueves, 11 de abril de 2019

Soledad a modo de diluvio

Si las gotas que caen
son de la lluvia de mi soledad;
entonces, ya no me contengo,
y en un desborde impío
anegaré mis últimas planicies.

¿Quién querría beber en el embalse
de estas aguas salitres?:
¿los pájaros que huyeron del diluvio,
de su silencio?,
¿tú, que estás gritando mi nombre
en tu impotencia de ahogada?

Sólo una súbita sequía
—con aquel sol ardiente nuestro—
logrará evaporar los humedales
de esta angustia,
y devolver con la justicia
de la reparación,
a modo de otra lluvia hacia los cielos,
los prados florecidos, a mi tierra.

martes, 9 de abril de 2019

Religión y vanidad

-Para algunos, la vida cristiana consiste en que el hombre viva para Dios, poniéndole fin a la ambición, a la gloria y a la reputación en el mundo; sin embargo, para otros, la verdad se encuentra en un razonamiento contrario: que el hombre acceda y disfrute de las mieles de la gloria terrenal, agradeciendo a Dios estos logros.

-La vanidad del hombre sería malo si perjudicara a otras personas; pero, si por el contrario, el triunfo de un hombre en el arte, en la ciencia, en el deporte, en la milicia o en la política, hace feliz a su entorno, podríamos deducir que el triunfo es grupal y no individual. Cada una de las personas que rodean al triunfador, de una u otra forma, siente que le corresponde una cuota de recompensa por haber, aunque sea mínimamente, influenciado en la consecución de aquel éxito. Hasta la cocinera del hombre exitoso piensa que tuvo algo que ver con la llegada a la meta: cuanto más no sea por la seguridad que le brindó al buen funcionamiento de las gloriosas tripas.

jueves, 4 de abril de 2019

Mi lobo


Busco en tu bajo vientre el rastro de mi lobo,
tu bosque que esconde mi rostro desfigurado
por el terrible gen que me carcome,
bosque de la lujuria desbordante,
bosque de la pasión, del amor libre,
de la naturaleza salvaje y carnicera.

Tú eres ese brillo de la luna
que activa mis instintos
y me despoja
desordenadamente
de los ropajes de la civilización,
me vuelve un alarido en medio de la noche, 
una mente febril, un oscuro recuerdo.

Lobo ancestral
que aúlla en un rincón de mi memoria.

Una cualidad de la poesía

Una de las cualidades de la poesía es que lo repugnante se vuelve estéticamente admirable.

Rostro poético

No me imagino el rostro que esculpirá mi poesía.

La vida ante todo


Aun sabiendo que la vida es codiciada por sobre cualquier otra ambición existencial, sentía el deseo irrefrenable de visitar los mausoleos. 

miércoles, 3 de abril de 2019

Auscultando un talento mayor

Esta canción surge en la angustia
de oír su nacimiento;
y tras la madrugada, 
el clamor de sus notas.

Cebo mi mate a cada tanto,
meticulosamente (rito, herencia),
para inundar (moringa, tilo, boldo),
de hierbas aromáticas mis tripas.

Están faltos de grillos
los rincones del cuarto, y el silencio
gime sobre el temblor de los cristales,
sobre el último trémolo de Agustín Pío Barrios.

Las horas mecen los acordes idos
en las orillas del amanecer,
y yo siento esfumarse mi emoción 
ante la muerte cruel de la belleza.

martes, 2 de abril de 2019

A mi madre


Cántame la canción de las lejanas mariposas,
cuando el sol caminaba sobre una mañana amarilla,
con el esmero de la mesa,
ante el sagrado rito de tu asistencia desinteresada,
mientras en una taza de humeante café
destellaba la vida, el esplendor del mundo.

Con tus melancólicas cuerdas
ábreme el tiempo de rabiosos aguaceros,
aljibes, verdes ranas, caracoles y tibias almohadas.
Ábreme aquellos cuentos que arrullan mi memoria:
emociones que hicieron mi carácter.

Ante alguna infeliz imprudencia, protégeme
con tus brazos de guardiana serpiente.
Tu rutina colgando en los percheros del ropero
—posponiendo deber de esposa y compañera—,
ampara el cielo de mi algarabía.

La gris ondulación de tus cabellos,
las mil desilusiones,
no deslucirán la dulzura de tu canto
ni harán que irrumpa la desdicha.

Un comentario mío, una leve atención
o sólo una mirada de soslayo,
abren las puertas de tu corazón,
haciendo que irradie tu sonrisa.

lunes, 1 de abril de 2019

Formas de morir y matar en una guerra


Las guerras crean formas honorables de morir;
pero también, formas execrables de matar.

Razón del poema


Nunca escribiré un poema si no es para liberar un sentimiento encarcelado.

Lector de poesía


Siempre seré el lector de poesía que me cuestiona minuciosamente.

Rayos del ayer


La vida nos consume en bufa broma
—humor de algún demonio—, gracia incierta;
de par en par nos abre su compuerta
al inerte jardín de rancio aroma.

En la babel sin límite, el idioma
de pájaros azules, en abierta
explosión de sus trinos, encubierta
tiene al alma en su vítrea redoma.

Las flores consteladas, las ausentes
experiencias, reviven alegrías
en los colgajos de los hondos días;

abruman con sus lámparas candentes,
y animan con sus rayos inclementes 
estas horas de grises y apatías.