miércoles, 4 de noviembre de 2015

El mayordomo de la condesa Erzsébet Báthory


En vuestro lóbrego castillo
el olor de la sangre impregna,
sangre humana gimiendo en las paredes,
las tallas de alabastro y las cortinas.

Vuestra piel revestida de cárdenos radiantes,
¿cuántas doncellas degolladas precisaron?;
¿cuántas, para llenar la tina milagrosa?;
¿y cuántas inmersiones por semana
conservan ese cutis suave,
esa piel de murciélago nonato?

Mi adorada condesa:
por una noche de lujuria en tus recámaras,
permíteme ser cómplice en tus crímenes.
 Que los cielos se apiaden de las almas
inocentes y entreguen sus lozanas vidas
y aumente tu belleza ante mis ojos
y me regales tu sonrisa roja.

La oscura noche nos apaña,
descendamos a las mazmorras
a elegir las zagalas de la orgía.
Al desnudo, tu cuerpo
bañado en sangre,
bien vale la protesta de los párrocos.

Cierra sus ojos,
levanta el cisne de su cuello y mírame
cuando, acuciado por la concupiscencia,
con la fría cuchilla le abra de oreja a oreja
para ti mi desnuda reina roja.
El cuello hendido sobre tu blanco pecho
derramará, para la gloria de toda Transilvania,
el vino de la vida a borbotones,
el vino del amor, de la belleza.
El vino de la eterna juventud.


viernes, 30 de octubre de 2015

Tus renovadas maneras


Tus maneras se visten de renovados templos,
y reclama el recambio de los dioses,
mientras yo busco ser menos culpable,
oler a arrepentido,  
vivir en el silencio de las lápidas
segregando ordalías.

No sé si estoy enmarañado en la visión azul,
altares de la duda,
no sé si bebo el vino de la rémora
en una copa clandestina.

Sólo preciso restañar las cicatrices 
que aún supuran,
volver a los rituales de la absolución,
purgando los agravios,
ofensas fragmentarias sin sepulcros.

Antes que estallen los demonios del espíritu
y sigan para siempre el mapa de mi infierno.

sábado, 24 de octubre de 2015

El blues de la última realidad

El color de la tarde de este otoño va diluyéndose
como el lamento cúspide de un saxo.
Tal vez una llovizna está cayendo afuera,
tal vez le cubre al alma la dimensión de la tristeza.

Hace tiempo cerré mis ociosas ventanas,
y casi he olvidado
reponer el agua en la fuente de los pájaros
de mi jardín rendido, el agua
de lluvia de las ebrias primaveras.

Toda la inmensidad de la noche a mi alcance,
no alcanza, sin embargo,
para esta mano que depone su insistencia,
para huir de los buitres de la melancolía.

Los grillos desistieron de herirme los oídos,
y abandoné por siempre la casa de la infancia.
He cubierto la imagen de mis muertos,
he olvidado las risas de mis putas tristes.

El tiempo se hizo brújula de mi viaje forzoso,
y fatalmente me aproxima
a la dura tiniebla de alta mar,

al escarmiento de la luz.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Ya no eres mía

No eres mía, ya no eres;
te he perdido en mí,
aunque mis ojos no te pierden,
aunque en las noches te acompañe

cargado de recuerdos testarudos;
te he perdido,
como a la vida,
el último crepúsculo.

 
Aún veo las puertas
entornadas de la sensualidad,
mas el infiel momento me detiene y apaga
las luces una y otra vez.

Deberías, entonces,
herirme en mi profunda vanidad,
arrancarme toda esperanza de tenerte,
hundirme en la más honda soledad.

Sólo podrá salvarme
el deseo animal de recobrarte.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Rastreo de mis causas históricas


Desde siempre quise conocer las maquinaciones
que me hicieron tan penosamente humano,
los hilos de Ariadna que se soltaron
en el intento de encontrar mi alma tesea,
aquellas hecatombes que arruinaron mis fantásticas ciudades,
las cuitas de la nurse que crearon mi alma complaciente,
las seductoras palmadas ante mis ingenuos actos de justicia,
las perdidas y secretas razones de la caída
de mi adolescente imperio romano,
la fuente de la cicatriz del ciervo
que anda deambulando por mis páramos,
el robot con mi cerebro que ansío ser en el tiempo infinito,
las causas de esta herida que sangra y sangra y sangra
como un río de versos sin mar.


lunes, 5 de octubre de 2015

Cuando llueve

La lluvia nace en ti. Te vuelves novia
y risa en el cristal bruñido al viento,
vierte tu piel crepúsculo de sal 
donde el cielo a suspiros se subleva.

Son tus labios galopes sin memoria, 
un buque que deriva hacia mi puerto,
los brazos ateridos de un rosal 
donde alas de pájaros chorrean.
  
Volcán rendido, prado de lujuria, 
tu sangre arría de su sed. Te duermes 
en una sorda infinitud de ráfagas. 

Entonces tus efluvios me circundan, 
la viva luz del frenesí se muere
y es nuestra tumba la canción del agua.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Dolores de la viuda


La carroza funeraria 
con lento andar va llevando
al hombre que, finalmente,
después de vil desenlace,
extenuado había muerto.

La viuda desconsolada,
sufre más por el futuro
de su propia vía crucis,
que por los gratos recuerdos
y el adiós a su marido.


martes, 22 de septiembre de 2015

Arrojado de tu cielo








Partir abatido por tu hambre rota,
traspasar la linde, el verdugo eco
de tu risa última, mártir de tu boca,
añorando lumbres de tu rojo cielo.


Cicatriz grabada por tu sed de hembra
esconde el tejido, la infame sangría
del atroz destierro —aleve condena—,
el lacrado pórtico de mi alma herida.


Marchar y sufrir el arduo destino,
abandono, noche, luna, desamor.
¿Olvidas que era tu almohada y nido mi pecho desnudo; mi hombre, tu dios?



viernes, 18 de septiembre de 2015

Paseo nocturno


La noche es plácida;
la calle, solitaria.
Dispone de la vastedad
de su dominio.

Los escaparates atesoran
los ojos curiosos de los maniquíes.
Nada perturba el vuelo errático
de las aves que abandonan sus espíritus.

La paz acumulada
dobla la cabeza en la bocacalle,
donde el policía practica su chantaje
sobre una madre prostituta.