martes, 25 de agosto de 2015

La pasión del romano (poema épico)




La firme obstinación de aquel cristiano
en la tortura, Plinio, constataba; 
y cuando el cuerpo, exhausto, desmayaba,
veía que el martirio obraba en vano.

Por su Dios el cristiano se moría
pues, comprendiendo echada ya su suerte
en la tortura, cerca de la muerte,
sosegado en el alma sonreía.

Al no rendir la fe, Plinio tronaba,
y exigía tormentos más logrados,
aunque siempre veía malogrados
sus esfuerzos y siempre fracasaba.

Pide, entonces, a su señor, Trajano,
luego de abrumadores sentimientos,
que de los imperiales pensamientos
surja con prisa algún consejo sano.

El sabio emperador dice: “querido
Segundo, si, al negar los acusados
esa creencia vil, son invocados
los dioses, muéstrate compadecido;

mas, si persiste la desobediencia
y juran hasta la impiedad tercera,
castiga con resolución severa
arrancando esa fe sin indulgencia.”

Así, Plinio, sus dudas aplacadas,
bajo el bestial dolor de los tormentos,
perdona a algunos y condena a cientos,
según las leyes prácticas dictadas.

Y en el trajín de las persecuciones,
arrestan a una idólatra doncella,
en óleos ungida, virgen, bella
cual Venus, quien inflama las pasiones.

Mas, la cristiana, de su fe no abjura;
firme y estoica entrégase al martirio,
y en medio del tormento y el delirio,
se reafirma en su Amor, callada y pura.

Busca, Plinio, salvarla de la muerte,
esclavo ya de la pasión extrema;
y, luego de sacrílego anatema,
clama al Hado torcer aquella suerte.

Sufre la fe e intransigente entrega.
Desea suya la virtud lacrada,
mas la fiel voluntad indoblegada
del alma la merced mundana niega.

Entonces, el castigo inevitable
se lleva al Hades a la fiel criatura,
y hondo desgarro que dolor supura
en Plinio deja el día inhabitable.

"¡Oh, Júpiter, innoble y despiadado!
¿Por qué, tu potestad, un alma pura,
decide, desde la divina altura,
presto llevar, dejándome pasmado?

¿O tal vez fue este dios desconocido
quien desdeñó mi vivo sentimiento,
hundiéndome en dolor y desaliento
y en palpitante espíritu vencido?"

Bitinia conoció la triste historia;
muchos siglos los bardos la cantaron,
hasta que olvido y tiempo amortajaron
de aquel romano la imposible gloria.


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